La OPEP aspira a precios más altos

Mercados

Vigilar a la OPEP para adivinar la evolución del precio del petróleo pasó de moda a principios de la pasada década.

El acecho a los ministros de petróleo de los principales países productores fue sustituido por el análisis en profundidad de los barriles producidos y de los movimientos de los camiones cisterna. Pero ahora que el Ministerio del Petróleo de Arabia Saudí está dirigido por el segundo príncipe heredero Mohammed bin Salman, los sabuesos han vuelto a perseguir a la OPEP. Con razón; después de parecer haber perdido el control en los últimos dos años, las acciones de la OPEP son relevantes de nuevo.

Cabe esperar que haya ladridos abundantes en la reunión de la próxima semana en Viena. Los intermediarios están hambrientos de pistas sobre la evolución de la oferta. La OPEP produce un tercio del crudo mundial. El precio subió la semana pasada en anticipación de un acuerdo para recortar la producción. La producción de la OPEP este año ha ascendido a 34 millones de barriles al día, alrededor de 2 millones más que el año pasado. Todos los caminos conducen a Arabia Saudí y a Irán; estos dos productores deben convencer a los otros de que reduzcan la producción para el que el precio suba de nuevo. Otro comodín es si Rusia, que no forma parte de la OPEP, la reducirá.

Dejemos a un lado el argumento de los optimistas de que existe poca capacidad de producción adicional para satisfacer la demanda. Hagamos caso omiso del hecho de que el precio del petróleo suele bajar cuando el dólar sube. Arabia Saudí necesita ingresos de exportación ya, debido a que tiene un déficit presupuestario hinchado que equivale al 10% del PIB, el mayor porcentaje en 20 años. Gran parte del ajuste previsto de 100.000 millones de dólares para 2020 implica la venta de tesoros nacionales, como la compañía nacional de petróleo Saudi Aramco, y un mejor precio del crudo añadiría sabor a los argumentos de venta.

Los saudíes no son los únicos que quieren más dinero. Compañías petroleras internacionales, como ExxonMobil y Royal Dutch Shell, esperan que el precio suba para conseguir el dinero suficiente para pagar dividendos (sin tener que vender activos). No muchas (Repsol y Galp) han logrado hacer esto en los últimos dos años, y el resto han llenado el vacío con deuda. Las compañías de exploración más pequeñas, que tienen dificultades para conseguir capital, también han tenido que depender de los mercados de bonos, usando como cobertura la venta de petróleo por adelantado. Sin embargo, la financiación con bonos parece más difícil que nunca. La cantidad de emisiones de bonos de compañías petroleras y de gas natural desde enero a septiembre de este año es un 16% inferior que la registrada en el mismo periodo entre 2012 y 2014. El mercado de bonos bajista desde las elecciones presidenciales estadounidenses no ha ayudado a resolver el problema.

Después de coquetear con la irrelevancia, la OPEP quiere controlar la oferta de nuevo. El precio se derrumbará si no puede conseguirlo, y lo mismo sucederá con su credibilidad.

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