Cerberus, el fondo buitre que sobrevuela Europa

EXPANSION, Mercados

La firma que dirigen algunos de los hombres más poderosos de Estados Unidos ha encontrado un filón en el negocio inmobiliario y financiero.

El fondo estadounidense Cerberus debe su nombre al monstruo de tres cabezas de la mitología griega que impedía la salida de los muertos y la entrada de los vivos. Gestionado por un extenso equipo experto en la compra de deuda corporativa y negocios infravalorados (lo que en la jerga se conoce como fondo buitre), en Cerberus también sobresalen tres cabezas principales.

La que más destaca es la de Steve Feinberg, un judío criado en el Bronx de Nueva York que fundó Cerberus en 1992 junto a su socio, William Richter. Bajo el liderazgo de Feinberg, Cerberus ha ido ganando tamaño hasta convertirse en uno de los grandes fondos de Estados Unidos, con activos gestionados por más de 30.000 millones de dólares, y con una influencia construida a golpe de fichajes estrella.

En Cerberus trabajan personalidades como Dan Quayle, vicepresidente de Estados Unidos durante la Administración de George H. W. Bush y que preside Cerberus Global Investments, la división de inversiones del fondo. Mientras, John Snow, antiguo secretario del Tesoro, es presidente de la cabecera de la entidad, Cerberus Capital Management. La influencia de Feinberg en los círculos de poder es tal que ha estado a punto de dejar la firma para formar parte del equipo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Inversores y negocio

El capital de Cerberus procede, según explica la compañía, de algunos de “los inversores más respetados del mundo”, incluidos fondos de pensiones públicos y privados, fundaciones benéficas y universidades, compañías de seguros, family offices, fondos soberanos y grandes patrimonios. A través de ellos, Cerberus invierte en deuda corporativa, activos tóxicos, patrimonio inmobiliario y participaciones empresariales de capital riesgo.

A pesar de su influencia en Estados Unidos, disparada tras la compra de la automovilística Chrysler en 2007 por 5.500 millones de dólares, la entidad encontró una gran palanca de crecimiento en la Europa doliente por la crisis financiera. Su especialidad en comprar activos de riesgo y empresas en dificultades le condujo a dos sectores clave: el financiero y el inmobiliario.

En esta última industria, España ha sido eje central en la estrategia de Cerberus. El fondo mantuvo en el país su apuesta por formar equipos de renombre con el fichaje de José María Aznar Botella (hijo del expresidente del Gobierno y de la exalcaldesa de Madrid) e inició en 2008 una escalada de compras que aún no ha concluido.

Cerberus fue adquiriendo el debilitado negocio inmobiliario de cajas y bancos a precios de ganga a través de la filial Promontoria Plataforma, posteriormente denominada Haya Real Estate y encargada de la gestión de activos de entidades como Sareb, Bankia y Liberbank.

En apenas unos meses, Cerberus se convirtió en protagonista clave del derrotado sector inmobiliario español sin fecha de partida y con intención de secundar a la gran banca en su estrategia de desvincularse de manera definitiva del negocio. Así, Cerberus acaba de adquirir una cartera de activos a BBVA por 4.000 millones de euros.

Países como Alemania son también terreno abonado para Cerberus. Cuando el mercado aún digería la compra del 5% de Commerzbank por parte del fondo, Cerberus declaró el mes pasado una participación del 3% en Deutsche Bank, convirtiéndose en su segundo accionista y alimentando un escenario de fusión entre las dos entidades.

Su participación en ambos bancos, valorada en conjunto en 1.430 millones de euros, se desvía de la estrategia habitual de Cerberus, más centrado en la compra de empresas no cotizadas. Puede, sin embargo, que forme parte de un nuevo plan a gran escala por parte de un gigante con algo más de tres cabezas.

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