¿Nos tiene deparada la eurozona una desagradable sorpresa?

Economia, EXPANSION

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La impresionante recuperación de la eurozona fue una de las sorpresas de 2017. Sin embargo, a los economistas les preocupa que este año traiga noticias menos agradables.

Los sondeos de confianza y los datos de producción indican que el crecimiento en el primer trimestre será inferior a las expectativas. Las previsiones ya han comenzado a revisarse a la baja ante los temores de que el repunte de la eurozona haya alcanzado su máximo y de que la tensiones comerciales afecten a la situación global.

«El mensaje es que la aceleración de la economía de la eurozona se ha estancado. Es poco probable que veamos los niveles de crecimiento que vimos en el segundo semestre del año pasado», opina Florian Hense, economista de Berenberg Bank.

En conjunto, la región creció un 2,3% en 2017, el mayor ritmo en una década. La cuestión es si la ralentización es resultado de hechos aislados o es el principio de un cambio estructural más profundo. Mucho dependerá del rendimiento de Alemania, el motor de la economía de la eurozona, donde se concentra casi un tercio de la producción económica de la región.

El índice mensual de gestoras de compra de la eurozona, un importante indicador de confianza, mantuvo su tendencia alcista durante todo el año pasado. Sin embargo, desde entonces ha empezado a caer, de más de 60 puntos en diciembre a menos de 57 en marzo. Si el índice cae por debajo de 50, indica contracción en lugar de crecimiento.

En Alemania, el indicador ZEW, uno de los más fiables del país en cuanto a confianza, cayó al mínimo de los últimos cinco años en marzo, ante la preocupación de que Europa sufriera daños colaterales derivados de la tensión comercial entre EEUU y China.

La producción industrial de Alemania también cayó en febrero un 1,6% con respecto al mes anterior. Además, las exportaciones han perdido un 3,2% con respecto al nivel de enero, la mayor caída desde agosto de 2015.

Discrepancias

Algunos economistas creen que la ralentización se debe a factores temporales, mientras otros lo consideran una tendencia natural después de un periodo de crecimiento excepcionalmente sólido. Chris Williamson, economista de la consultora IHS Markit, cree que «tengo la sensación de que el crecimiento llegará a un ritmo más contenido, aunque la tendencia no se perderá «.

Según un sondeo de Bloomberg de la semana pasada, los economistas habrían reducido sus expectativas de crecimiento para este año aunque solo del 2,4% al 2,3%.

El mes pasado, el Banco Central Europeo pronosticó un crecimiento del 2,4% para este año, de un 1,9% para 2019 y de un 1,7% para 2020.

Klaus Günter Deutsch, economista del lobby de empresarios alemán BDI, cree que «aunque los datos muestran una ligera caída de los pedidos, lo cierto es que estaban a niveles altísimos; ahora solo estamos ligeramente por debajo de ese nivel».

No obstante, a algunos economistas les preocupa que haya factores estructurales en juego que inhiban el futuro crecimiento. Algunos opinan que la ralentización se debe a que la rápida recuperación ha dejado poco margen para que las empresas alemanas aumenten su capacidad. A muchos compañías les cuesta trabajo encontrar empleados cualificados.

Henrik Meincke, economista jefe de VCI, un organismo comercial alemán del sector químico, cree que, aunque las empresas de su sector no esperan un revés económico, muchas tienen la cartera de pedidos llena, lo que limita las perspectivas de crecimiento.

Los mercados de exportaciones también empiezan a notar el cambio. Jörg Krämer, economista jefe de Commerzbank, cree que la competitividad de los productos de la UE se ha visto afectada por la apreciación del 7% del euro frente a una cesta de monedas en el último año.

Otro factor determinante sería el impacto del fin del programa de política monetaria extraordinaria del BCE (QE), ahora que las compras de activos han pasado de los 80.000 millones de euros al mes registrados en 2016 a los 30.000 millones.

Las autoridades del BCE se reunirán el jueves para hablar de si, ante una posible ralentización deberían replantearse sus planes de retirar la QE, que de momento se espera continúe hasta septiembre o, como tarde, finales de este año.

Miembros del BCE ya hablan de «crecimiento moderado», aunque el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, aseguró el viernes pasado que el crecimiento sigue vigente. El tema que sí está presente en todas las conversaciones sobre el futuro económico de la región es el temor a las consecuencias de la guerra comercial en general y entre EEUU y China en particular.

Preocupa que un conflicto comercial entre la Administración Trump y Pekín afecte a la eurozona desencadenando una actitud proteccionista en los mercados y con un deterioro de la confianza y de las cadenas de suministro a nivel global.

El gobernador de Banque de France, François Villeroy de Galhau, advirtió la semana pasada de la posibilidad de una serie de problemas como «las amenazas proteccionistas y de fuertes correcciones en los mercados».

Villeroy hizo un llamamiento a las autoridades para que presten atención al riesgo de que se produzca una situación de estas características, que exigiría cambios en política monetaria. Algunos economistas ya cuentan con que el BCE tardará más tiempo en aumentar los tipos frente a los actuales mínimos históricos. Entre ellos se encuentra Krämer, que cree que los tipos no subirán hasta otoño del año que viene- dato que contrasta con las expectativas que apuntaban a una subida a mediados de 2019.

«El riesgo de que se impongan barreras comerciales ha aumentado bastante», opina. Krämer cree que este es el motivo de una ralentización del crecimiento «no solo en EEUU, sino también en la eurozona».

Traducción : Paloma Echazarra

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