La nueva imagen Kim Jong Un: ¿milagro o espejismo?

Economia, EXPANSION

El líder norcoreano Kim Jong-un, brinda con el presidente surcoreano, Moon Jae-in. EFE

Al igual que otros muchos gobiernos de todo el mundo que intentan adaptarse a la presidencia de Trump, Kim quiere ganar tiempo.

El cigarrillo entre sus dedos ha desaparecido, su esposa es de repente una primera dama más visible, y su aparato mediático ya no difunde los insultos y las imágenes de misiles habituales. En solo unos meses, Kim Jong Un ha llevado a cabo un extraordinario lavado de cara, tanto de su persona como de su régimen. El solitario líder se ha reunido en China con el presidente Xi Jinping, y ayer mantuvo su primera conversación cara a cara con el líder surcoreano, Moon Jae-in. Si todo va según lo previsto, en unas semanas se verá con Donald Trump.

Lo más curioso es el súbito cambio de Kim de la beligerancia a la diplomacia. Se ha declarado dispuesto a discutir la desnuclearización de su régimen; no se opone ya a las maniobras militares conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur que provocaron su furia en el pasado, y ha prometido suspender las pruebas con misiles y cerrar un complejo de ensayos nucleares.

Podría atribuirse esta milagrosa transformación al genio negociador de Trump, como hacen muchas de sus autoridades. Al subir las apuestas con fuertes sanciones económicas y la disposición creíble a lanzar un ataque preventivo sobre Pyongyang, el presidente estadounidense ha forzado una capitulación.

Pero hay un análisis con más sentido. Al igual que otros muchos gobiernos de todo el mundo que intentan adaptarse a la presidencia de Trump, Kim quiere ganar tiempo. Sus movimientos están diseñados para asegurar una cumbre con Trump que equivaldría al reconocimiento del estatus de Corea del Norte como potencia nuclear. La transformación de Kim puede ser una ilusión, una maniobra diplomática para convertir la mayor amenaza para su régimen en una gran oportunidad.

Kim no ha hecho concesiones significativas hasta la fecha. Su visión de una desnuclearización puede no equivaler más que a una moratoria. Además, después de probar el primer misil balístico que según afirma Corea del Norte puede alcanzar EEUU, Kim declaró el año pasado que no había necesidad de realizar más pruebas.

El largo historial de negociaciones con Corea del Norte también despierta sospechas. Durante las conversaciones a seis bandas (entre Corea del Norte, Corea del Sur, EEUU, Japón, China y Rusia) entre 2002 y 2005, Pyongyang prometió abandonar sus armas nucleares y cerrar su programa. Las negociaciones fracasaron por desacuerdos sobre la verificación. Y en 2012, un pacto entre EEUU y Corea del Norte para congelar los trabajos en un reactor nuclear fracasó nada más cerrarse.

Antiguos negociadores temen que Kim esté aprovechando la necesidad obsesiva de Trump de autobombo. Victor Cha, un exasesor de la Casa Blanca que ha negociado con Corea del Norte sostiene que un acuerdo parcial «podría ser esgrimido por Trump como una victoria… pero conseguiría el objetivo a largo plazo de Corea del Norte, que es el reconocimiento formal de EEUU como una potencia nuclear».

Una vez que Kim consiga la cumbre con Trump puede regatear durante meses, o años, durante los cuales cultivar su nueva imagen de hombre de Estado con la amenaza de un ataque militar de EEUU alejándose en el horizonte.

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