El trader misterioso que sacudió Wall Street

EXPANSION, Mercados

EFE

Para los hedge funds era una oportunidad demasiado tentadora para ignorarla. En 2015, brókers que trabajaban en nombre de un cliente misterioso de Londres ofrecieron a estos fondos participar en una operación que era imposible que ocasionara pérdidas: apostar a que la papelera noruega Norske Skog con problemas dejaría de pagar su deuda de forma inminente.

Los hedge funds compraron cientos de millones de dólares en contratos de CDS que les reportarían beneficios en caso de impago. Pero cuando se dieron cuenta de quién estaba al otro lado del negocio ya era demasiado tarde: habían quedado atrapados.

Esa persona era Akshay Shah, un director gerente de la unidad de hedge funds GSO del grupo Blackstone, quien durante casi diez años ideó y dirigió una serie de operaciones no convencionales que le convirtieron en el operador más temido en los mercados crediticios europeos. Causó pérdidas millonarias a una serie de hedge funds con sus operaciones, tres demandas judiciales y disputas entre el mayor grupo de capital riesgo del mundo y algunos de los nombres más poderosos de las finanzas.

Estas operaciones también pusieron de manifiesto que se había producido un cambio en el equilibrio de poder en Wall Street desde la crisis financiera: las entidades bancarias que antes dominaban el mercado, como Goldman Sachs y otros bancos de inversión, cedieron el liderazgo a instituciones no bancarias como Blackstone.

GSO aprovechó la gran influencia de Blackstone para intervenir directamente en empresas con problemas y maximizar los beneficios de sus operaciones financieras. Inventó el impago manufacturado: ofrecía a una compañía una financiación favorable para convencerla de que no pagara intencionalmente su deuda con el fin de desencadenar pagos por contratos de CDS, pero sin que la compañía se hundiera. Al hacer esto, GSO tenía una ventaja sobre sus rivales.

GSO nunca ha sido acusada de infringir ninguna regulación. Declaró que la ayuda que prestaba a empresas en dificultades a cambio de que generaran pagos por contratos de CDS era bien recibida por esas compañías, ya que les ayudaba a sobrevivir. “Nuestros planes de financiación tenían términos muy favorables y proporcionaban un apoyo financiero crucial a empresas con miles de empleados. También cumplían totalmente las reglas del mercado”, dijo Blackstone en un comunicado.

Expertos señalan que el éxito de GSO se debía a su atención al detalle y a la capacidad inigualable y la infraestructura de Blackstone para respaldar sus operaciones y obtener acceso a información. También aprovechaba el tamaño, el dinero, la influencia y la reputación de Blackstone para contactar con equipos directivos de empresas.

Cuando Shah, nacido en India y educado en Cambridge, entró en GSO en 2008 procedente de Lehman Brothers, se había labrado la reputación de ser un analista perspicaz en la mesa de negociación de renta fija de Lehman. Y en GSO, que ese año había sido comprada por Blackstone, Shah comenzó a buscar formas de ganar dinero con sus fondos de inversión en el mercado de deuda europeo.

Personas que le conocen señalan que analizaba minuciosamente cientos de páginas de documentos tratando de encontrar pequeños detalles que para otros pasaban desapercibidos. Una vez que detectaba grietas en el texto de una cláusula, ideaba operaciones financieras con CDS sobre el impago de una empresa.

GSO presentaba directamente al equipo directivo de una empresa propuestas que garantizaban que obtendría beneficios con los CDS. En el caso de Codere, una compañía española de juegos de azar con escasos recursos, Shah utilizó el impago manufacturado. Ofreció a Codere liquidez para toda la vida en 2013 con la condición de que Codere pagara los intereses por sus bonos cotizados unos días después de su fecha de vencimiento, lo que causaría poca preocupación a los titulares de los bonos pero desencadenaría los pagos por CDS. A pesar de la publicidad no deseada que atrajo el caso de Codere para Blackstone, Shah se convirtió en uno de los principales directores generales de GSO y entró en su comité de inversión europeo.

Luego llegó la operación de los CDS de Norske Skog, que dio lugar a una encarnizada disputa legal con el hedge fund BlueCrest. En este caso, lo que hizo GSO fue cobrar a otros hedge funds grandes primas para apostar por el rápido hundimiento de la empresa y luego la mantuvo viva el tiempo suficiente como para no tener que pagar nada. Los contratos de CDS se firmaron en junio de 2016 y en diciembre de 2017 Norske Skog se declaró en quiebra.

Pero unos meses antes, en la primavera de 2017, Shah se fue de repente de GSO, quien liquidó un fondo de deuda en dificultades de más de 3.000 millones de dólares que gestionaba él. Luego creó el hedge fund Kyma Capital dirigido a compañías endeudadas más pequeñas, el cual ha declarado que “acogería con satisfacción cualquier cambio regulador que mejore la estabilidad, la durabilidad y la liquidez de los mercados de CDS”.

Pero los expertos creen que el daño ya está hecho, ya que las operaciones de GSO han mostrado lo fácil que es para las entidades grandes alterar los mercados en los que operan. “Este comportamiento socava la viabilidad del mercado de CDS, el cual se ha reducido considerablemente desde la crisis. Y si este comportamiento continúa, se reducirá aún más”, dice Henry Hu, profesor y experto en derivados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas.

Un ex empleado de GSO declara que los beneficios que generan esas operaciones polémicas de CDS ya no compensan la publicidad que ocasionan y que la unidad de créditos de Blackstone prefiere ahora hacer préstamos directos a empresas privadas. “A Blackstone no le gusta esta publicidad y en 2018 tiene que parecer un proveedor amistoso de capital”.

Esta actitud más conciliadora se ha puesto de manifiesto por la resolución amistosa del caso de la constructora Hovnanian, a la que GSO ofreció un impago manufacturado, y por el acuerdo con Goldman, por el cual GSO ha recomprado algunos contratos de CDS con los que el banco perdió dinero.

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