Grecia pone fin a ocho años, tres meses y 18 días de ‘troika’

5 DIAS, Opinión

Los nervios son evidentes en Bruselas y en Atenas, pero también el alivio ante el final de uno de los capítulos más dramáticos y dolorosos de la historia de la Unión Europea. El rescate de Grecia, calificado como la mayor operación de salvamento de un país soberano de la historia, toca a su fin y los preparativos para rematarlo se aceleran.

El próximo viernes, el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, y el ministro griego de Finanzas, Euclid Tsakalotos, celebrarán en Atenas uno de los últimos regateos antes del punto final. Las visitas de despedida se suceden y el director gerente del fondo de rescate (MEDE), Klaus Regling, deseaba este martes en la capital griega que 2018 marque el inicio de “la primera década de éxito de la economía griega tras la crisis”.

El acuerdo de salida del rescate se someterá al escrutinio de los ministros de economía de la zona euro (Eurogrupo) el día 21 de junio. Y si el pacto entre Bruselas y Atenas recibe el visto bueno, como esperan la Comisión y el Gobierno de Alexis Tsipras, la troika saldrá definitivamente de Grecia el 20 de agosto, ocho años, tres meses y 18 días después del primer rescate pactado un 2 de mayo de 2010.

El pacto incluye un empujón para intentar que Grecia coloque otra vez en el mercado deuda a 10 años, una vía cerrada desde 2010. El impulso consistirá en medidas de alivio en los préstamos europeos, con una prolongación de la amortización de entre 7 y 10 años (el plazo medio ya roza los 32 años y los préstamos seguirán vivos a finales de este siglo); un aplazamiento del pago de los intereses; y, lo más importante para los inversores, un colchón económico de al menos 11.000 millones de euros y que la CE quiere elevar hasta 20.000 millones.

El regalo llevará aparejado “una vigilancia reforzada”, según ha advertido Regling. Los representantes de los acreedores (CE y MEDE, en especial) aterrizarán en Atenas hasta cuatro veces al año (el doble que en otros países que fueron rescatados) para verificar que se mantiene el ritmo de las reformas y que no se da marcha atrás a los ajustes. Pero en todo caso, el control será más laxo que en la actualidad y permitirá al gobierno de Tsipras (del partido izquierdista Syriza) presentarse a la reelección con el histórico tanto de haberse librado de la troika.

Bruselas confía en que el paquete de concesiones y condiciones persuada a los mercados de que merece la pena volver a comprar bonos griegos. Atenas ya ha tentado en los últimos meses a los inversores con dos emisiones muy pequeñas (de unos 3.000 millones de euros) a cinco y a siete años. Pero ha tenido que pagar altos intereses (4%) y las subastas siempre han estado expuestas a cualquier mínima turbulencia en los mercados mundiales.

La CE y el gobierno griego esperan que esta vez el regreso sea definitivo y se afiance con el tiempo. Las dos partes insisten en destacar que la economía griega se ha estabilizado y que los principales indicadores, desde el déficit público al paro o la balanza comercial, se han dado la vuelta y mejoran de manera constante.

Pero nadie desconoce la fragilidad de la recuperación y las tremendas dudas que todavía genera entre los inversores un país que en 2012 aplicó la mayor quita de la historia, con un recorte a los acreedores privados del 52% que redujo la deuda griega en 107.000 millones de euros.

El tijeretazo a los bonistas espantó definitivamente a los inversores y la financiación de Grecia depende ahora casi exclusivamente de sus socios de la zona euro. Los contribuyentes europeos, a través de préstamos bilaterales, multilaterales (del fondo de rescate) y del BCE, han asumido más del 75% de una deuda pública griega que alcanza los 317.000 millones de euros, solo ligeramente por debajo del nivel del comienzo del rescate (319.000 millones).

El riesgo de pérdidas futuras es evidente porque los números rojos de Atenas suponen el 178% de su PIB. Atenas debe casi tanto como Holanda (416.000 millones) pero el PIB de los Paises Bajos (733.00 millones) cuadriplica al de Grecia.

La Comisión Europea prefiere ver el vaso medio lleno, aunque reconoce que no sabe si contiene un agradable refresco o un peligroso brebaje. Bruselas prefiere destacar los datos positivos, atribuidos a las reformas y acometidos bajo la vigilancia de la troika (CE, BCE y FMI), pero admite las dudas sobre la evolución futura.

La economía creció en los cuatro trimestres de 2017 y ha cerrado el primero de este año con un aumento del 0,8%, el doble que la media de la zona euro. La tasa de paro ha caído del 27% de 2013 a poco más del 20%. Y el ejecutivo de Tsipras ha rebasado todos los objetivos de déficit y dispone de un creciente superávit fiscal primario (es decir, sin contar los intereses de la deuda).

Pero las cifras alentadoras de Bruselas llegan acompañadas de datos que revelan el tremendo lastre dejado por una crisis que entre 2008 y 2015 provocó una caída del 26% dl PIB del 26% y del 60% en la inversión. La morosidad supera todavía el 50% y “los préstamos fallidos son el principal amenaza del sector bancario griego”, advertía Regling este martes. A los impagos se añadió la fuga del 27% de los depósitos en el momento más agudo de la crisis (2015), según datos del FMI.

Por el camino de un rescate que ha costado 270.000 millones de euros también se quedó la cohesión social (el 76% de los hogares sufrieron caída de ingresos y/o pérdida de empleo y el 51% tuvo que recortar el gasto en necesidades básicas, según el BERD), los derechos laborales (la negociación colectiva reducida a cenizas, según Eurofound) y la confianza en un bipartidismo (Nueva Democracia y PASOK) que, por primera vez en 40 años, perdió un Gobierno que ocupa Syriza desde 2015. Tal vez, lo único que se salvó fue el euro, aunque una parte de la opinión pública griega y europea seguirá preguntándose si mereció la pena. La respuesta, hasta ahora, es que sí…

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