La retirada gradual de los estímulos del BCE tiene sentido

5 DIAS, Opinión

Una salida escalonada de la flexibilización cuantitativa es lo máximo que Mario Draghi puede hacer. El BCE afirmó ayer que prevé reducir la compra de deuda, hasta su cese total. Pero la salida está llena de advertencias, y una promesa de mantener bajos los tipos. Las guerras comerciales y la debilidad de la zona euro hacen que Draghi no tenga más remedio que mantener abiertas sus opciones.

La declaración de que espera dejar de comprar deuda a finales de diciembre marca el fin oficial del experimento iniciado en 2015. Parece la hora: el crecimiento va bien, y el BCE espera que la inflación promedie el 1,7% en los próximos dos años, cerca de su objetivo. El empleo de la zona euro está en máximos históricos.

Pero es un momento incómodo para tomar riesgos. Se espera que el crecimiento caiga este año al 2,1% desde el 2,5% del año pasado. Los riesgos políticos aumentan: EE UU amenaza a Europa con una guerra comercial. Mientras, Italia quiere aumentar su déficit y desbaratar reformas. Esto pone al BCE en una posición difícil: si sigue comprando bonos, se le puede acusar de facilitar la rebelión de Roma. Si para abruptamente, y las expectativas del mercado sobre el aumento de los tipos hacen que el rendimiento de los bonos suba bruscamente, a los inversores podría preocuparles la capacidad de Italia para pagar el servicio de su deuda, que representa el 132% del PIB.

En este delicado contexto, el complejo movimiento del BCE parece sensato. Se prevé que la flexibilización cuantitativa acabe en diciembre, pero eso depende de la inflación. Y Draghi dijo que los tipos no subirían hasta septiembre de 2019. Además, el principal de los 2,4 billones en bonos que ya posee se invertirá durante el tiempo que sea necesario.

El euro cayó, al igual que los bonos alemanes. La reacción relativamente benigna del mercado pondrá más fácil al BCE acercarse a la salida. Sin embargo, su tarea probablemente se hará más difícil. Las demandas italianas de indulgencia fiscal y unas normas migratorias más estrictas podrían afectar a la confianza y aumentar los temores sobre la desintegración de la zona euro. Una guerra comercial mundial perjudicaría particularmente a Alemania, la mayor economía europea. La flexibilización cuantitativa está acabando, pero la normalización de la política monetaria queda muy lejos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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