Barcelona: espionaje y policía secreta en la batalla por Cataluña

Economia, EXPANSION

Un hombre porta una bandera independentista (‘estelada’) junto a un grupo de personas que participa, a su paso entre las poblaciones de Avinyonet del Penedès y Cantallops, en la «Vía Catalana hacia la Independencia», la cadena humana organizada por la Asamblea Nacional Catalana (ACN) en coincidencia con la Diada de Cataluña. Miles de personas vestidas con camisetas amarillas se han dado las manos en un recorrido de unos 400 kilómetros, que recorre Cataluña de norte a sur, entre Le Perthus (sur de Francia) y Alcanar (Tarragona). Susanna SáezEFE

Fuera de un edificio de piedra blanca en el límite del Barrio Gótico de Barcelona, cinco jóvenes turistas franceses discuten si hace o no suficiente calor para ir a la playa.

Dentro del edificio, el agente del servicio de inteligencia de la policía Jordi Cruz tiene problemas distintos.

Teme por su vida. Cruz (que no es su verdadero nombre) está en la misma ciudad, pero vive en otro mundo. La suya es la otra Barcelona, un mundo de espionaje, tribus políticas enfrentadas y grabaciones secretas, donde se lucha una batalla oculta por el futuro de España. Para él, la ciudad recuerda más al campo de batalla de la inteligencia en la Viena de la guerra fría que a una metrópolis europea del siglo XXI.

Cruz lleva una pistola negra en la cintura oculta por un suéter con capucha negra. Está aquí para arrojar luz sobre un escándalo de espionaje que puede enviar a docenas de personas a la cárcel en Cataluña, desde agentes de policía a políticos. Así que está nervioso. «Mis compañeros [de la policía catalana] podrían matarme por hablar con un periodista, en serio», asegura. «No sé de qué es capaz esta gente».

Su miedo a represalias violentas se produce en medio de una profunda crisis política y social en Cataluña que ha convertido a una de las regiones más ricas y cosmopolitas de Europa en una de las más turbulentas. En los últimos años, millones de catalanes han decidido que quieren que su región sea independiente de España.

Aunque este movimiento representa a menos de la mitad de los 7,5 millones de habitantes de Cataluña, se ha hecho con el control del Gobierno regional, y lo ha utilizado para impulsar una agenda radical a favor de la independencia. Controla áreas como la policía y el sistema educativo.

Punto crítico

La campaña alcanzó un punto crítico el pasado octubre, cuando el Gobierno regional hizo una declaración de independencia tras un polémico referéndum. Madrid tomó medidas de emergencia, asumiendo el control directo de la región, destituyendo al Gobierno y convocando nuevas elecciones.

Pero los comicios de diciembre arrojaron otro Gobierno radical independentista, que tomó el poder a principios de este mes con Joaquim Torra al frente. «Atravesamos la crisis constitucional más grave en España desde al menos el final del régimen de Franco», advierte Oriol Bartomeus, politólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Cruz asegura que la realidad de lo que ha sucedido en la región es aún más traumática de lo que reflejan los titulares. Desde al menos 2014, explica, la policía catalana, que estaba controlada por el Gobierno regional, empezó a trabajar en una iniciativa extraordinaria: desarrollar su propio servicio secreto de inteligencia frente al del Estado español. Además, apunta, esta fuerza ha sido utilizada para espiar a abogados, políticos, profesores, periodistas y grupos de la sociedad civil considerados contrarios al proceso de independencia.

La policía catalana no quiso hacer declaraciones. El consejero de Interior catalán aseguró que «no estaba al corriente» de que se estuviera produciendo algo así y que no podía hacer más declaraciones ya que las acusaciones están sujetas a una investigación judicial que podría terminar en los tribunales. Pero no se trata de acusaciones aisladas de un policía.

Cuatro agentes de la policía catalana entrevistados por Financial Times, y fuentes próximas a los servicios de inteligencia españoles y el Gobierno de la nación, aseguran que piensan que hubo intentos de establecer una agencia de inteligencia catalana para promover la causa de la ruptura de España.

Furgoneta a la incineradora

El pasado octubre, la policía española interceptó una furgoneta con documentos de la policía catalana camino de la incineradora. La policía catalana aseguró que se trataba de un proceso rutinario, pero autoridades españolas no lo creen así. Un informe de la policía española al que ha tenido acceso FT concluye que los documentos mostraban que la policía catalana contaba con un «departamento de espionaje ilegal» que llevaba a cabo «tareas de vigilancia y seguimiento, y que grababa conversaciones y sacaba fotografías de personas de las esferas política, periodística, empresarial y social, que podían suponer una amenaza para el proceso de soberanía».

El presunto espionaje en Barcelona no termina con la policía catalana. Los servicios de inteligencia españoles han perseguido activamente a los líderes catalanes que huyeron al extranjero, según una fuente cercana al servicio. Cuatro fuentes próximas a la policía catalana afirman que el servicio de inteligencia catalán fue creado en parte para contrarrestar lo que las autoridades catalanas creían que se trataba de una fuerza secreta dentro de la policía española que durante años había seguido la agenda exactamente opuesta: mantener a Cataluña dentro de España.

Indivisible

La Constitución de 1978 española establece que el país es «indivisible», por lo que perseguir la independencia es inconstitucional. El éxito del separatismo implicaría no sólo que España perdiese una de sus regiones más ricas, sino también el final de la amada constitución del país, redactada tras la muerte de Franco.

Fue con este telón de fondo que el espionaje se convirtió en una herramienta habitual, según personas al corriente de la situación. En lo que respecta a los separatistas catalanes, fue el Gobierno español el que lo empezó todo. En 2012, el ministro del Interior español lanzó algo llamado «Operación Cataluña», según las conclusiones de una investigación del Parlamento catalán el año pasado. Los diputados independentistas dijeron que se trataba de un cuerpo especial secreto de agentes de la policía, utilizado para iniciar una «guerra sucia» contra el proceso de independencia con el fin de deslegitimar el movimiento.

Los separatistas vieron indicios de esta trama en las noticias negativas sobre sus líderes que aparecían con regularidad en la prensa española, y que según ellos filtraba la policía española.

Muchos creyeron confirmados sus peores temores cuando el portal de noticias Público colgó grabaciones secretas en 2016 que parecían mostrar que el entonces ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, pedía información a la oficina contra el fraude de Cataluña para desacreditar a los partidos independentistas de la región. Díaz aseguró que se había sacado de contexto la grabación y negó haber cometido un delito.

Operación Cataluña

Francisco Marco, responsable de una de las agencias de investigación privadas más conocidas de España, asegura que hizo algunos trabajos para la «Operación Cataluña». Incluso escribió un libro al respecto. Me cuenta que a partir de 2012 se encomendó una misión a unos 40 agentes de policía en Cataluña: «Investigar a cualquiera que guardase relación con el movimiento independentista, buscando trapos sucios que usar en su contra». Y añade: «Siguieron a personas, pincharon sus teléfonos… Sin supervisión judicial para lo que hacían».

El Gobierno español ha negado siempre la existencia de una «Operación Cataluña», y no se ha demostrado en los tribunales que se cometiese un delito.

Fuentes próximas al ex ministro del Interior explican que por entonces la policía española perseguía a algunos políticos catalanes por corrupción, pero con motivos. Se reveló, por ejemplo, que en 2014 Jordi Pujol, presidente de la Generalitat entre 1989 y 2003, había ocultado millones de euros en paraísos fiscales en el extranjero. Pujol admitió que había ocultado grandes sumas en cuentas bancarias secretas extranjeras durante más de 30 años.

Existiera o no la «Operación Cataluña», la creencia de que sí lo hizo sirvió como catalizador, según personas al corriente de la situación en Barcelona. Los separatistas pensaban que existía un complot oculto para obtener información sobre ellos. Ante esta situación, afirman las mismas personas, algunas autoridades independentistas decidieron que estaban inmersos en una guerra sucia sin limitaciones contra España, y que necesitaban sus propios operativos de inteligencia.

Historias extraordinarias

Los documentos interceptados por la policía cuentan historias extraordinarias. Entre las personas espiadas por los Mossos d’Esquadra se incluyen Josep Ramon Bosch, profesor de historia y una destacada figura dentro del grupo anti independentista Societat Civil Catalana, José María Fuster-Fabra, un destacado abogado que se hizo famoso defendiendo a las víctimas del grupo terrorista ETA y a agentes de la policía catalana y sus familias, y Sergio Santamaría, un ex diputado del Partido Popular.

Otro caso hace referencia a un supuesto topo en la policía nacional española que estaba dispuesto a pasar información a los Mossos. Según parece, también se controlaban los movimientos de destacados dirigentes españoles como Soraya Sáenz de Santamaría, la ex vicepresidenta del Gobierno. Muchos archivos están incompletos, y sólo ofrecen imágenes prometedoras de un complejo mundo secreto.

Personas próximas a la situación aseguran no estar seguros de que la división de espionaje siga operando. Algunos señalan que se desarticuló cuando Madrid tomó el control de la administración catalana el pasado octubre. Otros creen que sus miembros mantuvieron un perfil bajo hasta que hubiese un nuevo Gobierno catalán.

Y sigue sin estar claro si la policía catalana o los políticos locales han hecho algo ilegal por lo que tengan que responder. La legislación española permite la vigilancia por parte de los cuerpos de seguridad siempre y cuando exista una buena razón, como una amenaza para la seguridad pública.

Evidencias

Las evidencias recogidas por la policía española han sido enviadas al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que decidirá si presenta cargos en los próximos meses. Ya existe otra causa aparte contra altos cargos de la policía catalana por apoyar tácitamente el proceso de independencia en septiembre y octubre, pese a la existencia de una orden judicial para que lo previniesen.

A principios de este mes, el socialista Pedro Sánchez se convirtió en el nuevo presidente de España tras una moción de censura contra el Gobierno anterior a raíz de un escándalo de corrupción. Sánchez ha afirmado que construirá mejores relaciones entre Madrid y Barcelona. Algunos son optimistas. «Existe una oportunidad de hacer progresos sobre la cuestión catalana», afirma Jordi Alberich, director del Círculo de Economía, el think-tank de Barcelona.

Pero otros se muestran menos esperanzados. «Definitivamente, no hay un final a la vista para los problemas en Cataluña», advierte Carlos Cuesta, periodista del portal de noticias OKdiario. «El juego del espionaje continuará en Cataluña mientras duren las tensiones».

Al terminar la entrevista, Cruz, el agente de inteligencia, me comenta que las personas de la división de espionaje de los Mossos siguen ahí, «pasando desapercibidos» y preocupados por las causas legales potenciales que puedan presentarse contra ellos.

No sabe qué planean hacer estos agentes ahora que ha tomado el control el separatista Joaquim Torra, pero teme que le ocasionen problemas tras hablar conmigo. Fuera, tenemos que cerrar los ojos para adaptarnos a la intensa luz del sol. Estamos rodeados de bares llenos de ciudadanos locales y de turistas. Cruz lanza miradas furtivas a derecha e izquierda. «Debo tener cuidado», comenta.

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