Rajoy deja el Congreso y pide el reingreso como registrador de la propiedad

Economia, EXPANSION

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso Foto: Efe

Como fin de etapa, la vuelta al principio. Mariano Rajoy cierra el círculo. El presidente del Partido Popular ha presentado hoy la renuncia a su acta de diputado por Madrid, con la intención de reincorporarse a su actividad como registrador de la propiedad. Lo sustituirá en el Congreso Valentina Martínez Ferro, número 17 de la lista del PP por Madrid en las elecciones de 2016.

El pasado 5 de junio, Rajoy anunció ante el Comité Ejecutivo Nacional del PP su decisión de abandonar la actividad política, y la Junta Directiva Nacional celebrada el pasado lunes convocó el 19 Congreso Nacional de la formación, que pondrá fin a sus más de catorce años en la presidencia del PP.

Una vez formalizada su baja como diputado, Mariano Rajoy (nacido en Santiago de Compostela en 1955) solicitará su reingreso en el Cuerpo de Registradores de la Propiedad. Un año después de licenciarse en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, Rajoy se convirtió en el registrador más joven de España, con sólo 24 años. Fue destinado a Padrón (La Coruña), a Villafranca del Bierzo (León) y a Santa Pola (Alicante), destino del que aún es titular.

Diez años después, en 1989, abandonó ese último puesto para pasar a «servicios especiales con reserva de plaza». El actual registrador de Santa Pola es un gran amigo de Rajoy, Francisco Riquelme.

Casado y con dos hijos, Rajoy lo ha sido casi todo en política. Desde concejal de Pontevedra hasta presidente del Gobierno, pasando por varios ministerios y por dos vicepresidencias: la del Ejecutivo nacional y la gallega.

Criado políticamente a la sombra de Manuel Fraga, en Alianza Popular, Rajoy dio el salto definitivo a la primera línea de la política con José María Aznar, quien en 1996 lo nombró ministro de Administraciones Públicas. Más tarde fue titular de la cartera de Educación y Cultura. En el año 2000, tras lograr la mayoría absoluta con el PP, fue nombrado vicepresidente primero y ministro de la Presidencia. Esta cartera la dejó en 2001 para asumir Interior, pero la recuperó en 2002, añadiéndole la labor de portavoz del Gobierno.

En 2003 fue elegido candidato del PP a la Presidencia, pero el 14 de marzo de 2004 perdió las elecciones. Volvió a ser derrotado por José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, y alcanzó el poder en 2011 con la más abultada mayoría absoluta de la historia democrática de España: 186 diputados.

Rajoy ha hecho de sus casi siete años de presidencia un nuevo modelo de hacer política. El primer y único mandamiento del marianismo es éste: «Espera y vencerás». El enemigo se pondrá nervioso, se equivocará, se aturdirá ante tu inacción o, simplemente, se quedará sin fuerzas. Y lo que es más importante, nada de eso te pasará a ti. Nadie podrá usar tu fuerza en tu contra.

Ganarle un combate de yudo político a Rajoy es como zancadillear una secuoya. De ahí que su derrota en la moción de censura -planteada por Pedro Sánchez tras la sentencia condenatoria por corrupción del caso Gürtel- se haya considerado el súmmum de la estrategia política.

Además de ser un buen estratega él mismo, Rajoy ha estado siempre muy bien asesorado (sobre todo, por Pedro Arriola). El único jaque mate que le han hecho en su vida ha sido ése, el del pasado 2 de junio.

Con Rajoy se va, quizás, el último de los políticos clásicos que aún estaban en la primera fila. Ha sido el último superviviente de otra forma de enfocar la política, más propia del siglo XX. Deja tras de sí un legado en el PP complicado de gestionar.

Su admirado Francesc Cambó sintetizó uno de los lemas de cabecera de Rajoy: «En las luchas políticas la habilidad, la amabilidad y la seducción pueden ser armas de mucha más eficacia que la audiencia o la elocuencia». Esta cita es ineludible, porque es una de las pocas que Rajoy incluyó en su autobiografía, titulada En confianza. Como ineludible es notar que la «seducción» fue el flanco más débil del expresidente del Gobierno, muy lastrado por la crisis catalana.

Rajoy se retira sin ver cumplido su sueño de que en España haya 20 millones de empleos, pero cumpliendo lo que había prometido: se va sin tutelar a sus sucesores y sin interferir en el rumbo de su partido. Justo al contrario, en su opinión, de lo que hizo José María Aznar con él.

Ahora vuelve a su trabajo como registrador, el mejor sueldo que nunca tuvo. En un momento en el que la compraventa de viviendas crece casi el 30%, no le faltará el trabajo.

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