El capital riesgo debe apostar ahora por subir beneficios antes de vender

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La incipiente «burbuja» de precios que encuentran las firmas de capital riesgo que invierten en España presiona a estas compañías a incrementar los beneficios de las empresas en las que han entrado antes de venderlas, única manera de conseguir rentabilizar su inversión.

Ésta es una de las conclusiones de un artículo incluido en el último número de los Cuadernos de Información Económica publicado por Funcas.

Los autores hacen un repaso de la evolución del capital riesgo en España desde sus inicios a mediados de la década de los 80 del siglo pasado, aunque no fue hasta finales de los 90 cuando se desarrolló un marco jurídico específico.

Durante el pasado ejercicio, la inversión del capital riesgo en España alcanzó máximos históricos con cerca de 5.000 millones de euros, un incremento que ha creado un entorno altamente competitivo para estas sociedades, que se sienten presionadas para colocar los elevados recursos captados en años anteriores.

Y es que el mercado español es sumamente atractivo para algunos de los principales fondos de capital riesgo extranjeros, atraídos por las positivas perspectivas económicas del país, y que han protagonizado algunas de las grandes operaciones cerradas en los últimos años.

Asimismo, prosigue el artículo, la existencia de unas condiciones de financiación muy favorables por parte de las entidades bancarias -en importe, plazo, coste y garantías- y la aparición en el mercado de vías alternativas de financiación ha incentivado el cierre de operaciones.

En este contexto de precios altos, a las compañías de capital riesgo se les hace «si cabe, más necesaria», la habilidad para contribuir a la mejora de la gestión de las compañías.

Según los autores, la rentabilidad que generen los fondos a sus inversores «va a depender más de su capacidad para incrementar los beneficios de las empresas participadas que del aumento de los múltiplos que puedan lograr en sus desinversiones».

Sobre este último punto, destacan que como consecuencia de la crisis financiera, la tendencia de los últimos años era alargar la permanencia en el capital de las empresas, que alcanzó en 2016 el máximo histórico de siete años.

En 2014 y 2015 se registraron unos volúmenes de desinversión totales de 9.500 millones de euros, superior al acumulado de los seis años anteriores, que fue de 8.592 millones.

Ya en 2017 se volvió a observar un incremento de los niveles de desinversión que, según los datos de la patronal del sector, Ascri, se elevó a unos 3.478 millones de euros, frente a los 1.851 millones registrados el año anterior, lo supone un aumento del 87,9%.

Por lo que respecta al destino de los recursos invertidos, tradicionalmente han sido las empresas en expansión y las más maduras las que han recibido mayor atención por parte de los inversores; pero en los últimos años, las operaciones de «capital semilla» -arranque de proyectos- han registrado un fuerte empuje.

Ello se debe, según Funcas, a la recuperación de las valoraciones, el apoyo normativo a este tipo de inversiones, el interés inversor en nuevos proyectos de carácter tecnológico, y la puesta en marcha de incubadoras y aceleradoras a nivel regional y con carácter intersectorial.

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