La caída de Martin Sorrell: ¿por qué dejó WPP?

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MARTIN SORRELL. Dimas Ardian. BLOOMBERG NEWSEXPANSION

El chófer de Martin Sorrell llevaba trabajando 15 años para el consejero delegado de WPP, pero el pasado otoño perdió su trabajo de repente.

Después de haber trabajado 12 días consecutivos y de haber hecho horas extra el último día, le dijeron que tenía que recoger a Cristiana, la esposa de Sorrell, en Isabel, un restaurante de Mayfair, y dejarla en la casa de la pareja en Belgravia.

Después de hacerlo, a las 2 de la madrugada, le dijeron que tenía que regresar cinco horas más tarde para otro trabajo. Se negó, alegando que tenía una cita y que, en cualquier caso, no sería seguro que condujera tras haber dormido sólo dos o tres horas. Sorrell le despidió el día siguiente.

En ese momento ninguno de los dos sabía que la actitud intolerante del ejecutivo contribuiría a desencadenar una cadena de acontecimientos que provocarían que Sorrell abandonara una empresa en la que había pasado 33 años: había transformado un fabricante de cestas de supermercado en el mayor grupo de marketing y comunicaciones del mundo.

Desde que Sorrell dimitió el 14 de abril a los 73 años de edad después de una investigación realizada por el consejo de administración sobre su conducta personal y el uso indebido de dinero de la compañía, Financial Times habló con más de 25 personas que habían trabajado estrechamente con el ex jefe de WPP.

Borroso

Según sus declaraciones, Sorrell abusaba verbalmente de sus subordinados y los límites entre su vida empresarial y privada eran borrosos, lo que sorprendió a algunos de sus compañeros, especialmente por los gastos personales que cargaba a la empresa, incluidos algunos de los de su esposa, Cristiana Sorrell.

Pocos se atrevían a criticar su comportamiento en la sede central de WPP, lo que pone en duda la calidad de la supervisión del consejo de administración sobre uno de los ejecutivos de más éxito de Reino Unido, un hombre considerado a la vez imposible e indispensable.

En las semanas posteriores a su dimisión se criticó a la compañía por cómo había manejado el asunto, especialmente por no revelar los motivos de su salida. Glass Lewis, la firma que asesora a los accionistas, les ha recomendado que voten en contra de la reelección del presidente Roberto Quarta en la junta general de accionistas el 13 de junio. Sorrell puede irse de WPP llevándose todos los millones estipulados en su contrato. Tras la inquietud inicial, algunos accionistas y empleados están enfadados porque Sorrell declaró en mayo que iba a lanzar su propio grupo publicitario, un potencial competidor de WPP.

Poca información

La falta de información sobre el caso, aparte de que WPP ha dicho que una investigación sobre presunta mala conducta personal ha «concluido», ha dado lugar a especulaciones no confirmadas acerca de su partida. Pero las entrevistas con una serie de empleados anteriores y actuales de WPP han permitido obtener una visión del caso que se centra en una presunta visita a un burdel de Mayfair hace un año, de la que se dice que fueron testigos dos empleados, uno de los cuales informó de ella a la compañía. Este supuesto incidente planteó cuestiones sobre el posible uso personal de dinero de la compañía por parte de Sorrell y pareció encajar con un patrón en el que los gastos personales y los de la empresa eran difíciles de separar.

Trabajo agotador

El chófer de Sorrell era una figura popular en las oficinas de Farm Street de WPP y tenía una relación amistosa con las asistentes de Sorrell que atendían las necesidades del jefe de WPP las 24 horas el día, y también las de su esposa. Para muchas mujeres a lo largo de los años, ser una «asistente de Sorrell» resultó ser un trabajo exigente y agotador, aunque bien remunerado. El sueldo anual generalmente superaba las 80.000 libras, pero según las declaraciones de varias asistentes, el dinero no compensaba el trabajo.

Los directivos de la empresa sabían muy bien cómo trataba Sorrell a sus asistentes y a otros subordinados, pero no sabían qué hacer cuando presenciaban ese comportamiento. «La forma en la que trataba a sus asistentes era brutal e inhumana. Les decía: ‘sois unas jodidas idiotas, qué coño pasa con vosotras’. . . Tenía realmente un lado oscuro», dijo un ex ejecutivo.

Un ex miembro del consejo de administración declaró lo siguiente: «Nunca tuve problemas con Martin. Nunca me levantó la voz ni me gritó. Pero a sus asistentes personales solía tratarlas bastante mal. Cambiaban con mucha frecuencia porque era una tarea bastante ingrata».

Otro empleado dijo que trabajar para Sorrell «era como estar en una relación abusiva»: era encantador ante el mundo exterior pero dictatorial en su propia empresa. Varios ex empleados dijeron que a menudo insultaba a sus subordinados.

Persona difícil

Sorrell ha reconocido que a veces puede ser una persona difícil, especialmente en casos de bajo rendimiento, pero niega haber maltratado, abusado o intimidado al personal. Sus defensores señalan que muchas personas llevan trabajando mucho tiempo en diversas funciones en WPP y ha recibido docenas de mensajes de apoyo. Sorrell se negó a hacer comentarios personales para este artículo, alegando que ha firmado un acuerdo de confidencialidad.

Aunque ha habido excepciones, las asistentes que trabajaban en la órbita inmediata de Sorrell generalmente no duraban más de 18 meses en el puesto. Para muchas el trabajo era demasiado exigente. Una ex empleada dijo al FT lo siguiente: «Después de un año mi médico me dijo que si continuaba me moriría. El ambiente en la sede central era tóxico y había una cultura del miedo».

La línea borrosa entre los gastos de empresa y los gastos personales eran motivo de resentimiento en la sede central. Había discusiones encarnizadas sobre qué gastos tenía que reembolsar personalmente Sorrell, aunque finalmente los auditores daban su visto bueno a que los pagara la empresa.

En 2015 -el año en que Roberto Quarta fue nombrado presidente, sucediendo a Philip Lader- WPP reveló que las prestaciones extrasalariales totales que había recibido el consejero delegado el año anterior habían ascendido a 453.000 libras, incluyendo 274.000 en gastos de viajes de su esposa, 36.000 para un coche y 43.000 para «otros gastos». El año pasado Sorrell recibió una cantidad fija de 200.000 libras para sus gastos personales.

Después de 2015 WPP dejó de pagar los gastos de viaje a la mujer de Sorrell, que es asesora sénior del presidente del Foro Económico Mundial y miembro de los consejos de administración de Viacom y de Revlon.

Nombramiento de Quarta

El nombramiento de Quarta, ex presidente del grupo de equipos médicos Smith & Nephew, y la incorporación al consejo de administración un año antes de Nicole Seligman, una alta ejecutiva y abogada de Sony que antes trabajó para Bill Clinton, pusieron de manifiesto que se iba a imponer una línea más dura hacia el carismático consejero delegado. «Quarta no es un hombre blando y cualquiera que piense que va a ser el perrito faldero de Sorrell está equivocado», dijo un directivo de la empresa en el momento de su nombramiento.

Pero Quarta podía hacer poco acerca del generoso paquete de remuneraciones de Sorrell en 2015, porque lo había aprobado el consejo de administración anterior. El paquete incluía pagos extraordinarios si la acción de WPP iba bien durante un período de tiempo concreto. Ese año Sorrell se llevó a casa 70 millones de libras, una suma que provocó una rebelión por parte de los accionistas de WPP: más de un tercio votó en contra de la política de remuneraciones de la compañía.

A pesar de que Sorrell era uno de los consejeros delegados mejor pagados de Reino Unido, era habitual en Farm Street que pidiera dinero en efectivo para sus gastos diarios. Esta actitud desconcertaba al personal de la sede central, que era consciente de que todos sus gastos (en restaurantes, bebidas, transporte, lavandería, regalos) solían cargarse a la cuenta o a la tarjeta de crédito de la empresa. Una persona cercana a la compañía dijo que las sumas en efectivo se registraban, se documentaba su uso y se analizaban.

La investigación se llevó a cabo con mucho tacto y además planteó cuestiones delicadas para el consejo de administración acerca de cuánto tenía que revelar a los accionistas y sobre el derecho a la privacidad de Sorrell. Después de una reunión tensa, Sorrell consideró dimitir. Durante algún tiempo había estado sopesando su futuro en WPP. Las opciones eran vender la empresa, dejar paso a un sucesor o aguantar en el puesto.

Solución intermedia

Finalmente propuso una solución intermedia: continuar como consejero delegado interino mientras presentaba una nueva estructura directiva que incluía el nombramiento de dos directores operativos, Mark Read y Andrew Scott. Sorrell discutió su plan de sucesión con Quarta el martes 3 de abril, cuatro días después de su interrogatorio por el bufete WilmerHale. Creía que estaba negociando de buena fe y esperaba una respuesta rápida, según una persona que le conoce.

Pero poco después de concluida la conversación, y para asombro de Sorrell, el periódico The Wall Street Journal reveló que se estaba realizando una investigación sobre su comportamiento personal y sobre su uso indebido de dinero de la empresa.

En ese momento Quarta ya había contratado a un asesor independiente de relaciones públicas, Roland Rudd, para que lo representara a él y al consejo de administración. Por su parte, Sorrell había reforzado su equipo legal: además de su abogado personal Richard Miskella había contratado a Quinn Emanuel.

Lo que sucedió a continuación es controvertido y complicado debido a las cláusulas de confidencialidad impuestas a todas las partes como parte de los acuerdos de salida de Sorrell.

WilmerHale comunicó sus hallazgos al consejo de administración el viernes 13 de abril. Sin embargo, no realizó un informe por escrito y amigos de Sorrell dicen que ni él ni sus asesores recibieron toda la información.

Fin de la investigación

La investigación finalizó después de descubrir que no había pruebas de uso indebido de dinero de la compañía como se alegaba y que las cantidades de dinero en cuestión eran «totalmente irrelevantes». Ningún otro empleado de WPP se vio afectado. Por lo tanto, el consejo de administración decidió que el tema era en gran medida un asunto personal de Sorrell.

Dimitió al día siguiente. De hecho, había llegado a la conclusión de que su posición como consejero delegado era insostenible pocos minutos después de que se filtrara la información sobre la investigación el martes 3 de abril. Quería proteger su privacidad y que se cumplieran los términos de su contrato, lo que le permitiría irse sin problemas.

El contrato, acordado en 2008 por Lader, no contenía una cláusula de incompetencia y le permitió irse llevándose todo el dinero estipulado en él, a menos que el consejo de administración descubra alguna «mala conducta intencional» que haya causado un «daño económico importante a la compañía».

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