Así será la nueva regulación europea para los bancos medianos y pequeños

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Europa avanza en la reforma de la normativa postcrisis. Las entidades de menor tamaño tendrán más flexibilidad para el colchón anticrisis.

Hay puntos por limar y algún desacuerdo en aspectos concretos entre los países, pero las líneas maestras están sentadas. Europa ha dado un paso adelante para poner en marcha un paquete de medidas que reformarán la regulación bancaria nacida de la crisis financiera con un doble objetivo: fortalecer a los bancos ante próximas tormentas y conseguir que sean ellos los que se salven a sí mismos, sin que el bolsillo de los contribuyentes tenga que sufrir las consecuencias de sus tropiezos.

El nuevo paquete incide sobre todo en el capítulo del conocido como colchón anticrisis, que en Europa responde al nombre de MREL (siglas en inglés de requerimiento mínimo de fondos propios y pasivos elegibles). La directiva de resolución de entidades (BRRD) se reforma y los bancos europeos que están en la lista de los 30 del mundo que se consideran demasiado grandes para caer tendrán los requerimientos más importantes, pero no estarán solos. A cambio, los bancos medianos y pequeños dispondrán de un poco más de aire para llegar a la meta.

¿A qué entidades afecta el nuevo colchón anticrisis?

Ningún banco se queda al margen, tenga el tamaño que tenga. Europa ha decidido que todas sus entidades financieras deben contar con un colchón formado por capital y deuda con capacidad para absorber pérdidas en caso de que tengan un tropiezo y la reforma mantiene este espíritu.

Lo que no hay es una cifra uniforme para cada banco. El MREL se calcula como un traje a medida entidad por entidad tomando en consideración el tamaño y sus características específicas, aunque se hace como resultado de una fórmula igual para todos salvo para los bancos sistémicos, que tienen un requisito más elevado.

Pero la reforma ha añadido un cambio al cumplimiento del colchón anticrisis. Este requerimiento tiene dos facetas: la calibración y la subordinación. El primero hace referencia a la cuantía que deben amasar los bancos y su redacción sigue igual en la reforma; el segundo apunta a la calidad de los activos que componen el colchón y es una de las partes más importantes de la reforma que ha emprendido Europa.

¿Qué cambia?

Europa ha optado por hacer dos grupos de bancos. En un lado están los más grandes, los que están en la lista de los 30 que se consideran sistémicos o demasiado grandes para caer. Junto a ellos se ha incluido a los bancos llamados top tier, que son los que tienen más de 100.000 millones de euros en activos. Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Bankia superan ampliamente este listón.

El segundo grupo lo conforman las entidades que no llegan a ese límite, que en España son Bankinter, Unicaja, Liberbank, Ibercaja y Abanca, entre otras.

El primero de los grupos debe cumplir al máximo el criterio de subordinación del MREL. Los instrumentos que les computarán para rellenar el colchón anticrisis tienen que ser lo más puros posibles, que a los efectos regulatorios significa que tienen que poder asumir pérdidas de forma rápida, sin conflicto y con garantía de que van a cumplir su función.

El capital cumple todos los requisitos, tanto el de máxima calidad como el formado por emisiones de CoCos (Tier 1) o subordinadas (Tier 2). A eso se une la deuda sénior no preferente, que se ha diseñado con el fin específico de crear unos nuevos bonos que estén desligados de cualquier depósito y de otros tipos de pasivos en el orden de prelación para que su capacidad para asumir pérdidas esté fuera de toda duda y de polémica.

Pero los bancos con menos de 100.000 millones en activos no tendrán que ser tan perfectos en la constitución de su colchón anticrisis. El criterio de subordinación se relajará para ellos, de forma que podrán alcanzarlo con más facilidad. ¿Cómo? Podrán incluir en él instrumentos que la autoridad de resolución no admitiría para un banco más grande, o no en la misma cantidad. Por ejemplo, más bonos sénior preferentes, depósitos mayoristas (aunque en la práctica son muy pocos los que cumplen los criterios para computar) o derivados, según explican fuentes financieras.

¿Es la única ventaja para los bancos medianos y pequeños?

No. Desde principios de año los bancos de menor tamaño saben que tienen otro as en la manga en forma de una rebaja de los requerimientos de MREL.

La fórmula para calcular este colchón tiene dos patas: los bancos deben tener una cantidad determinada de capital y deuda con capacidad para absorber pérdidas en caso de que se produzcan problema y otra cuantía igual para recapitalizarse y seguir funcionando después de ello.

Sin embargo, es posible que los bancos de menor tamaño no pretendan recapitalizarse si tienen problemas; que les parezca más apropiado aplicar en ese caso una estrategia de venta de activos y que sea el comprador el que coja las riendas a partir de ahí.

En ese escenario, no tiene sentido exigir a las entidades que han elegido la estrategia de venta tener un colchón para recapitalizarse, porque no van a hacerlo. Así lo han entendido las autoridades, que les han aplicado por ello un descuento del 20% en la segunda pata del colchón anticrisis.

¿Cuál es el objetivo de los cambios?

En Europa hay centenares de bancos que no tienen un acceso fácil al mercado y menos para emitir deuda que puede terminar absorbiendo pérdidas. Eso significa que amasar el colchón anticrisis puede ser muy costoso para ellos.

Las críticas a esta realidad han venido de varios frentes e incluso ha habido recomendaciones de algunos organismos animando a las entidades medianas a fusionarse entre ellas como única manera de hacer frente a los requerimientos.

Los nuevos cambios son una muestra de sensibilidad hacia esta situación, según aseguran fuentes financieras. Primero, si su estrategia de resolución es la venta, se alivian las exigencias, aunque sea de manera reducida. Segundo, a eso se unirá la mayor flexibilidad en los instrumentos para cumplir el MREL. Las dos opciones se unen en muchos bancos y dan como resultado un escenario más fácil para ellos. Y España tiene un grupo importante de beneficiados. Las mismas fuentes destacan que hay varios bancos pequeños y medianos españoles en los que se dan las dos condiciones.

La consecuencia es que un número importante de entidades van a poder cumplir con el criterio de subordinación del MREL prácticamente solo con el capital que tengan, sin tener que emitir deuda anticrisis añadida más allá de cantidades limitadas, explican desde el sector. Con ello se ahorrarán parte de los elevados costes que supone el colchón y tendrán más posibilidades de seguir operando en solitario, sin las fusiones a las que han apelado algunos supervisores para pasar con mejor fortuna el trago regulatorio.

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