¿Puede renegociarse la salvaguarda de Irlanda?

Economia, EXPANSION

Un cartel contrario al establecimiento de una frontera ‘dura’ entre Irlanda e Irlanda del Norte, el pasado año. EFE

Theresa May quiere salvar su acuerdo de Brexit reestructurando el plan de salvaguarda para Irlanda del Norte rechazado por los defensores de la salida y del Partido Unionista Democrático.

Theresa May ha decidido que se puede salvar el acuerdo de Brexit renegociando el plan de salvaguarda (back-stop) para Irlanda del Norte, la medida que más enfurece a los partidarios del Brexit y al Partido Unionista Democrático (DUP) del que depende su mayoría parlamentaria. Pero antes de que puedan iniciarse discusiones serias en Bruselas, la primera ministra tiene que responder a dos preguntas difíciles: qué debería cambiarse exactamente y si es posible negociarlo.

Hay varias formas de reestructurar la salvaguarda, que se diseñó para prevenir una frontera dura en Irlanda. Para Bruselas, hay algunas ideas más plausibles que otras, y la mayoría de ellas ya se han planteado antes.

¿Podría estar la respuesta en las ‘disposiciones alternativas’?

Hay una posible solución al impasse del Brexit que ha captado la atención por igual de los partidarios de la salida, Downing Street y Bruselas, en parte por las diferentes interpretaciones que hacen de lo que significa.

La frase «disposiciones alternativas» se emplea en una enmienda propuesta por Graham Brady, un veterano diputado tory, que ha recibido el apoyo de Downing Street. May pide a sus diputados que respalden la medida para obtener así influencia para asegurar cambios en la salvaguarda.

Pero no está claro lo que significa realmente la enmienda. Recicla lenguaje -la aspiración de «reemplazar» la «salvaguarda» por «disposiciones alternativas»- que ya está incluido en el Tratado de salida de Reino Unido y en la declaración política de la UE y Londres sobre las futuras relaciones.

Así, mientras que algunos diputados lo imaginan como el principio de un replanteamiento radical, en Bruselas las autoridades posiblemente lo vean como poco más que una aclaración menor. Al ajustarse al Tratado de salida, la UE puede estar dispuesta a negociar con Reino Unido para detallar el tipo de «disposiciones alternativas» que podrían concebirse. Una declaración complementaria podría profundizar, por ejemplo, en cuándo y cómo explorarán las dos partes «disposiciones y tecnologías favorables» para evitar una frontera dura.

¿No es mera cosmética?

Probablemente. Esa renegociación quedaría muy bien de cara a la galería, ya que no enmienda el Tratado de salida de 585 páginas que detalla los términos de la salvaguarda. Brady confirmó que podría conseguirse mediante un acuerdo interpretativo vinculante, justo el tipo de ley blanda que persigue May desde diciembre.

Si May tratase de ir más lejos e intentase sacar la salvaguarda del Tratado de salida, reemplazándola por una disposición distinta, los negociadores de Bruselas prevén una respuesta desfavorable, en el mejor de los casos, por parte de la UE.

¿Qué convencería a los defensores del Brexit?

La opción preferida por muchos partidarios de la salida es un mecanismo de escape. Esta opción implica hallar una forma de que Reino Unido ponga fin de forma unilateral a la salvaguarda mediante lo que Boris Johnson, el ex ministro de Exteriores, llamó «cláusula de libertad».

En la práctica, podría aplicarse fijando una fecha límite para la salvaguarda, o permitiendo a Reino Unido marcharse dentro de un periodo definido. La UE ha dejado claro que esos límites desafiarían el propósito de la salvaguarda: ofrecer una póliza de seguro para evitar una frontera dura. Michel Barnier, el negociador jefe de la UE, señaló que una salvaguarda limitada en el tiempo sería «inútil».

¿Podría aceptar Bruselas una fecha límite más flexible?

Cuando el borrador de su acuerdo parecía en peligro en diciembre, May probó una estrategia ligeramente distinta. En lugar de fijar una fecha límite para poner fin a la salvaguarda, quería que la UE expusiese su «determinación absoluta» a llegar a un nuevo acuerdo con Reino Unido en el plazo de un año después del periodo de transición, que llega hasta el final de 2020, pero que puede extenderse hasta 2022. Este nuevo acuerdo reemplazaría la salvaguarda en su totalidad o en parte.

Pero los líderes de la UE rechazaron en diciembre la idea de fijar nuevas fechas límite. Sin claros indicios de que obtendría una mayoría en Westminster, es probable que vuelvan a rechazarla.

¿Funcionaría una salvaguarda rediseñada?

Los negociadores de May trabajaron originalmente en una salvaguarda con una estructura distinta, que la UE prefería. Esta versión planteaba diversas opciones para evitar una frontera dura en Irlanda, en lugar de ofrecer una versión concreta de la salvaguarda. Entre ellas, había una cláusula que podía permitir prolongar la transición varias veces, y que abría la opción de una unión aduanera.

Sin embargo, May rechazó en última instancia el borrador del plan en octubre porque tenía que incluir una opción sólo para Irlanda del Norte, que vinculaba la región a la unión aduanera de la UE y a parte del mercado único del bloque. El acuerdo final reducía los controles en la aduana exigidos en el Mar de Irlanda añadiendo una unión aduanera a la salvaguarda para Irlanda del Norte.

Aunque esto supuso una gran victoria para Reino Unido en la negociación, no consiguió el respaldo de los defensores del Brexit ni del DUP.

¿Es posible reescribir el acuerdo de forma sustancial?

La solución perfecta para May abordaría las objeciones de los diputados reduciendo las diferencias entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña en la salvaguarda, o suavizando las disposiciones «especiales» para la región que no gustan al DUP.

La opción que afecta a todo Reino Unido recuperaría elementos del plan original de May para las futuras relaciones comerciales entre Reino Unido y la UE. Las diferencias regulatorias dentro de Reino Unido podrían eliminarse en el plan de salvaguarda, por ejemplo, extendiendo el «libre movimiento de bienes» previsto para Irlanda a todo Reino Unido. Alternativamente, podría conseguirse para sectores concretos como la agricultura.

Existen desventajas evidentes. Es poco probable que los defensores del Brexit se dejen impresionar por un plan que ata aún más a Reino Unido a las normas de la UE, y potencialmente a los tribunales y a los reguladores de la UE. También es probable que Bruselas rechace la idea, considerándolo otro intento de resucitar el plan original de May para las futuras relaciones.

Es evidente que no hay interés en llevar a cabo una amplia renegociación, y se está agotando la paciencia. Cualquier enmienda podría dar pie a demandas de otras capitales europeas, en relación a cuestiones como Gibraltar o el futuro acceso de la UE a la pesca en aguas británicas. Una autoridad de la UE cree que esas renegociaciones serían «peligrosas», ya que generarían divisiones entre los Estados miembros y podrían «sembrar el caos».

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