Manual de narcisismo, por Pedro Sánchez

Economia, EXPANSION

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, relata en sus memorias cómo se ha visto llevado en volandas por los militantes hasta la Presidencia. Asegura tener “una magnífica relación” con el Rey.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, relata en su libro Manual de resistencia (Ediciones Península), publicado ayer, la historia de su llegada a la Moncloa, pasando por el acceso la Secretaría General del PSOE por primera vez, la salida del partido tras el bloqueo político en 2016 y la reconquista de la dirección y la moción de censura.

Y a lo largo de todo este proceso se presenta como un líder natural movido en volandas por la militancia (varios de sus simpatizantes le decían que si no ganaba las primarias no volvían a votar al PSOE) frente a la “maquinaria mediática, ideológica y económica” que quería sostener “a Rajoy contra toda racionalidad política”.

Estrella de ‘rock’

Sánchez -porque él es “el autor” del libro, aunque haya sido la ahora secretaria de Estado de la España Global, Irene Lozano, quien le haya dado “forma literaria”- cuenta que el ambiente en la presentación de sus segundas primarias era como el de un “concierto de rock”. “Vi una cola enorme […] y me dije: ‘¿Qué pasará aquí, será un concierto?’. Miraba aquel río humano y me quedaba perplejo. […] Llamé a mi equipo desde el coche para comentárselo y me lo dijeron: Es gente que viene por ti, Pedro. El acto se ha desbordado. No se trataba del concierto de ninguna estrella del rock, sino de la presentación del texto base de nuestro programa para las primarias”, explica. Si 2014 “fue la época de Pedro el guapo”, según él mismo, 2016 es la del hombre arropado por la militancia.

A lo largo del libro son frecuentes las alusiones a la necesidad del proyecto del propio Sánchez, aunque en la mayoría de las ocasiones, en boca de todo aquel que se cruza con él.

Por ejemplo, el presidente Sánchez recuerda que en el momento en el que se presentaba a sus segundas primarias “cuando paseaba de camino a los actos, o al terminar, por la calle, me decían: Pedro, tienes que ganar o dejo de votar al PSOE”. También relata que los alcaldes “recibían la presión directa de sus vecinos, […] y los militantes les decían: Como no se presente este chaval -ese era yo-, me doy de baja. Sánchez atribuye estos comentarios a Óscar Puente, alcalde de Valladolid, que “representa a todos nuestros alcaldes que pasean y hablan a diario con la gente”.

Sánchez también relata cuando Cándido Méndez le anima a seguir tras su salida del Congreso (“No eres consciente de la trascendencia de lo que has logrado en este tiempo”) o cuando “una multitud me reconoció y comenzó a aplaudirme y a decirme cosas como ¡bien, Pedro!, ¡fuerza!”.

Antes de esto, cuando Sánchez se mantenía en su “no es no”, no encontró “en todos aquellos meses a nadie por la calle que me pidiera hacer lo contrario de lo que estaba defendiendo”. “En los medios de comunicación parece usted Atila -me espetó [un taxista]-, pero no haga caso. Siga, siga usted como ahora, que va bien, que estamos todos muy contentos, aguante usted”. Pedro Sánchez señala que “jamás como entonces ha habido una escisión tan enorme entre la opinión pública y la opinión publicada [que le reclamaba un Gobierno de Rajoy]”.

La maquinaria del Ibex

En este proceso, Sánchez se presenta como el gran baluarte de la militancia frente a los grandes empresarios. “La llamada presión del Ibex yo la sentí a través de los medios de comunicación. Ha habido un poder económico que ha jugado a la división de la izquierda y verdaderamente ha coqueteado con la idea de que el PSOE dejara de ser una opción, pero no porque creyeran que Podemos era una fuerza regeneradora, sino porque sabían que no es una fuerza de Gobierno. Querían pasar de un sistema pluripartidista a un sistema monopartidista. Fueron los principales aliados de Rajoy”, destaca el todavía presidente del Gobierno.

Si ya en ya en 2014 “los militantes de base [estaban] esperanzados con la puerta que se estaba abriendo” con las primarias, tal como parece reflejado en un pie de foto, en el segundo proceso, la pasión por Pedro Sánchez fue todavía mayor. “Había conciencia de que nos jugábamos el ser y la militancia lo comprendió así”, explica Sánchez, “muy consciente de que me convertí en catalizador de toda una corriente con deseos de cambiar el partido”.

De hecho, “hubo un tiempo en el que los ciudadanos interpretaron que el PSOE no estaba con ellos, sino con la élite. Yo rompí con eso y ahora está claro que el único partido que realmente cree en el cambio es el PSOE”. Tras su vuelta, Sánchez cuenta que se acordó “de San Juan de la Cruz en Salamanca: Como decíamos ayer…”. En realidad, la frase es de Fray Luis de León, tras pasar cuatro años en prisión.

Cercano al Rey

Sin embargo, lo más sorprendente es el relato de conversaciones privadas con el Rey. Sánchez cuenta cómo con la situación catalana se fraguó entre Felipe VI y él una “magnífica relación […] de complicidad que superó, y sigue superando a día de hoy, lo institucional”. “Enseguida nos reconocimos mutuamente como las personas que íbamos a sacar al país del riesgo de bloqueo. Conectamos de forma especial, confiamos el uno en el otro y se estableció una relación muy franca”, explica.

Es más, según Sánchez, el Rey estaba preocupado por la situación y le llamaba con frecuencia y él le iba contando los avances que tenían lugar en las negociaciones. “Hablábamos con toda sinceridad, él en su papel y yo en el mío, que en aquel momento era resolver la crisis institucional”, señala. No obstante, no fue Sánchez quien inició su acercamiento al Rey, ni siquiera Felipe VI, sino la Reina Letizia, que se acercó a saludarle porque ella también había estudiado en el Instituto Ramiro de Maeztu “y quería conocerme personalmente”.

Si la actuación del Rey y del propio Sánchez fueron buenas para desbloquear la situación política en Cataluña, no se puede decir lo mismo de Ciudadanos, cuya líder regional, Inés Arrimadas, sería poco más que una pelele en manos de Rivera. Sánchez compara la campaña de Cs de cara al 21-D con la de un candidato que hace todo lo que le dice su estratega y cuando se proclama ganador dice “¿Y ahora qué?”. A Arrimadas le ocurrió igual e hizo la misma pregunta a Rivera. “Cualquiera diría, a la vista de los hechos, que este le dijo: no hagas nada”. Sigue: “Así fue el día después. La primera fuerza se instala en la inacción; el Gobierno de España, en la preocupación por el ascenso de Cs […]. No resultó sorprendente que se tardara casi cinco meses en desatascar el bloqueo”.

Las pequeñas cosas

Sin embargo, Sánchez también relata muchas pequeñas decisiones de la vida cotidiana. De hecho, el libro arranca con Sánchez explicando que “la primera decisión de un presidente del Gobierno suele tenerse por crucial”, pero que en su caso fue “renovar el colchón de la cama de matrimonio y pintar nuestra habitación en La Moncloa” porque “dos que duermen en el mismo colchón acaban siendo de la misma opinión”, en alusión a Mariano Rajoy.

El presidente también decidió cambiar los periódicos que recibía a diario. “Cambié la prensa deportiva por la prensa internacional […], tener sobre mi mesa esos grandes periódicos de referencia mundial me resultaba imprescindible, mucho más en estos tiempos de fake news”. “Fue en los medios internacionales, también en la BBC y la CNN, que son las cadenas que me gusta seguir, donde oí por primera vez las noticias” sobre el Aquarius. Otro de los detalles de color es cuando su hija Carlota no salió elegida como delegada de clase en 2016 y “algún compañero le dijo: ¡Como tu padre!”

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