Desaceleración, la gran ausente de la campaña

Economia, EXPANSION

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, el líder del PP, Pablo Casado, y el presidente de Vox, Santiago Abascal.

El futuro Gobierno deberá afrontar un escenario sobre el que los candidatos han pasado de puntillas durante la campaña electoral: el progresivo deterioro de la economía global, que amenaza la recuperación en España.

Nadie quiere ser portador de malas noticias, y aún menos en periodo electoral, pero que se soslayen los problemas no quiere decir que no existan. Si ha habido un gran ausente durante la campaña ha sido el frenazo que sufre la economía que, según los principales organismos internacionales, es ya una inquietante realidad. Entre los principales partidos, solo el PP ha alertado con cierto énfasis de los nubarrones que se abaten sobre la economía, prometiendo que «volveremos a salvar a España de la crisis en ciernes que Sánchez trata de ocultar mintiendo otra vez a los españoles», aunque sin convertir ese mensaje en uno de los ejes de su campaña, porque las malas nuevas no atraen votos.

Tampoco Cs, cuyo responsable económico, Luis Garicano, advertía a principios de mes de una desaceleración «encubierta», ha alzado la voz durante la campaña para alertar del riesgo de recaída, más allá de críticas puntuales al Gobierno por su «penoso optimismo» sobre los datos de la EPA del jueves, o de insistir en la «emergencia» de que «los liberales tomemos las riendas para lograr una economía próspera», como señaló ayer Albert Rivera. ¿Y Vox? El tercer partido en pugna por los votos de la derecha también es consciente del enfriamiento y así lo refleja su programa al señalar que la economía «ha entrado en una fase de desaceleración de mayor intensidad a la prevista».

Las advertencias, aunque tibias, del bloque de la derecha, contrastan con la anuencia de los partidos de izquierda. Y es que para PSOE y Unidas Podemos el enfriamiento económico no parece existir o ser un problema secundario. Pedro Sánchez, emulando al Gobierno de Zapatero, que en 2007 negaba la existencia del frenazo y presumía de que España jugaba en la Champions League de la economía cuando el país se sumergía ya en la crisis más letal de su historia reciente, defendía esta semana que, pese a los malos datos de paro, «las cosas van razonablemente bien» e insistía en que «los fundamentos económicos de nuestro país son sólidos».

Podemos, aunque admite la existencia del riesgo de «desaceleración», no tiene reparos en prometer a su electorado una España utópica del casi ‘todo gratis’, incluida una renta básica de 600 euros al mes para 10 millones de españoles.

España tiene este domingo una cita trascendental para su futuro económico. Los cinco principales partidos concurren a la cita con programas muy dispares, que en el caso de los bloques de izquierda y derecha son completamente antagónicos.

Empleo

El PSOE parece haber desterrado la idea de derogar la reforma laboral de Rajoy, pero sigue insistiendo en que tumbará sus «aspectos más lesivos», aunque sin detallar cuáles. Y promete seguir elevando el salario mínimo, pese a las advertencias del Banco de España de que eso supondrá la destrucción de miles de empleos; modificar el régimen de autónomos para que coticen por sus ingresos reales; racionalizar los horarios laborales, o simplificar los contratos para reducir la dualidad entre temporales e indefinidos.

Unidas Podemos, desoyendo también al Banco de España y a los empresarios, promete un Salario Mínimo Internacional (SMI) de 1.200 euros, así como recuperar el poder de la negociación colectiva, prohibir los contratos de menos de un mes y aumentar la protección por desempleo.

El PP reivindica los frutos de la reforma laboral de Rajoy y defiende avanzar por ese camino, ahondando en la flexibilidad del mercado con convenios adaptados a las necesidades de las empresas. También quiere penalizar la contratación temporal injustificada e impulsar la mochila austriaca, idea que se ha atascado en otras ocasiones por su difícil implementación, ya que supondría un alza de los costes laborales o una reducción de las indemnizaciones.

Cs plantea incentivar los contratos indefinidos, adecuar la normativa laboral a la nueva realidad, poner fin al fraude en los cursos de formación y, al igual que el PP, implantar la mochila austriaca. En su caso, plantea que dicha mochila genere una media de 500 euros para cada trabajador al año. Vox propone «una reforma amplia y profunda» del mercado laboral, con una única indemnización por despido de 20 días, la reducción en un 20% de las cotizaciones de la empresa para nuevos contratos indefinidos, o la exención de cargas fiscales para la contratación de jóvenes menores de 24 años.

Impuestos

Las posiciones más encontradas se manifiestan en el bloque fiscal, en el que las formaciones de izquierdas patrocinan subidas generalizadas de impuestos en contraste con el centroderecha, que defiende justo lo contrario para impulsar la competividad. El PSOE anuncia alzas en IRPF, Sociedades y en la fiscalidad medioambiental, así como la creación de las tasas Tobin y Google. Podemos quiere elevar el tipo máximo del IRPF hasta el 47% para rentas de más de 100.000 euros y hasta el 55% para las que superen los 300.000. Avanza subidas en Sociedades, un impuesto a grandes patrimonios para recaudar 12.000 millones, el fin de la fiscalidad «privilegiada» de Sicav, fondos y Socimis, y un 25% de IVA para los productos de lujo.

El PP, por contra, promete «la mayor devolución de soberanía al contribuyente desde el año 1998» con rebajas de impuestos por más de 16.000 millones: IRPF, Sociedades, supresión de Patrimonio, Sucesiones, o el blindaje de las ventajas fiscales del ahorro.

Cs es mucho más moderado y selectivo en sus rebajas impositivas, con la reducción de un punto en el tipo máximo del IRPF, hasta el 44%, la exoneración de Sociedades para las start up durante los dos primeros años, o la supresión de Sucesiones y Donaciones.

Más ambicioso en sus recortes fiscales es Vox, que plantea reducir el IRPF a dos tramos, con un tipo del 22% para rentas de hasta 60.000 euros y del 30% a partir de esa cantidad. Al igual que PP y Cs, también promete rebajar Sociedades y eliminar tributos autonómicos y locales y aligerar las cotizaciones sociales.

Digitalización

Otro aspecto que cobra especial relevancia de cara al futuro es el impacto de la tecnología sobre la economía y el empleo, en un escenario en el que la OCDE estima que más del 20% de los empleos en España puede acabar en manos de robots. Ante este horizonte, el PSOE plantea una estrategia basada en el emprendimiento digital, con incentivos fiscales para las start up y la I+D+i, estímulos en los que conciden Cs y PP. Los populares apuestan además por incentivar la implantación en España de Industrias 4.0, para que España se convierta «en la California de Europa», mientras que Cs promete un plan para abrir una empresa en 24 horas y desde el móvil. Vox, por su parte, promete acabar con todas las trabas de la Administación al emprendimiento, simplificando normativas y trámites, mientras que Podemos concede escasa atención a los emprendedores.

Pensiones

Las profundas diferencias en materia fiscal se reducen en el ámbito de las pensiones, donde PSOE y Podemos defienden ligar su revalorización al IPC, mientras que el PP y Cs no se cierran a ello pero teniendo en cuenta otros factores de sostenibilidad. Los socialistas no aceptan el índice de sostenibilidad de Rajoy, pero están dispuestos a reformularlo. Tanto PP como Cs coinciden en que las pensiones son una política de Estado y defienden que cualquier reforma para garantizar su sostebilidad futura debe consensuarse en el Pacto de Toledo. La única formación que se desmarca de estos planteamientos es Vox, que propone un sistema mixto de reparto y capitalización, al estilo del modelo sueco, que se revalorice con el coste de la vida.

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