Cóctel de urgencias entre campañas

Economia, EXPANSION, Opinión

El líder del PP, Pablo Casado, y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera.

Asistimos a la tregua que se han dado los partidos entre las campañas electorales como quien observa precavido las nubes que anuncian tormenta. Aunque Sánchez haya entrado en estado zen después de lograr en las urnas el pasado 28 de abril todos sus objetivos (seguir en Moncloa, fagocitar a Podemos, laminar al PP y acabar con la oposición interna en el PSOE), el estado de nervios generalizado en la oposición anticipa un nuevo periodo agitado en la política española.

Casado tiene prisa por que llegue la cita con las urnas del próximo día 26, pues confía en que la capilaridad del poder territorial de los populares le permita mejorar los desastrosos resultados de las elecciones generales, mantener los feudos regionales y municipales que ayer el CIS aventuró que perderá y apaciguar los movimientos tumultuosos de quienes achacan la fragmentación del centroderecha a su intento de reideologizar el PP. Sin embargo, las europeas pueden dar alas a los insurrectos si se produjera el temido sorpasso de Ciudadanos, si bien el último barómetro de Tezanos no lo prevé.

Rivera tiene prisa por arrebatar a Casado el liderazgo de la oposición que por aritmética parlamentaria le corresponde al líder de los populares. Los comicios europeos parecen la ocasión idónea para conseguir, en una especie de segunda vuelta del 28A, el empuje que no logró hace dos semanas. Sánchez es consciente de ello y por eso les dio un trato tan distinto en sus encuentros de esta semana en Moncloa.

Iglesias tiene prisa por entrar en el Gobierno. Ya no con las ínfulas que mostraba en 2006 exigiendo la vicepresidencia y el control del CNI y los medios públicos. Ahora se conforma con un alto cargo para alguno de los suyos o la presidencia de una empresa pública señera. Necesita desesperadamente una conquista que blandir ante su militancia como mal menor ante el declinante devenir de Podemos. Pero no habrá gobierno de coalición porque en Moncloa creen que aún no ha concluido la reconfiguración de los bloques del espectro ideológico nacional. Sánchez aspira a recuperar más terreno con un Ejecutivo monocolor que le permita capitalizar en exclusiva los avances sociales de los próximos cuatro años.

Abascal tiene prisa por llegar a las instituciones y demostrar que los votos a Vox no serán inútiles, pues posibilitarán que determinados mensajes lleguen a las instituciones para contrarrestar los patrones de pensamiento impuestos por la izquierda como el sustrato fértil de lo políticamente correcto.

Y los independentistas tienen prisa por trasladar al Congreso de los Diputados en la nueva legislatura el show que han venido representando en el Parlamento catalán durante los dos últimos años. Tratarán de replicar el mismo bloqueo de la práctica parlamentaria que han impuesto allí y que ha provocado, entre otros efectos, el desembarco de Inés Arrimadas en Madrid. El día 21, cuando se constituyen las Cortes a cinco días de la nueva cita con las urnas, veremos el ensayo general de esta estrategia, con los presos en prisión preventiva como actores principales de esa escenificación de la supuesta represión política del Estado. También aspiran a retener el vasto poder municipal que les ha permitido en las últimas décadas amplificar, a costa del erario público, el apoyo al secesionismo a lo largo y ancho de Cataluña con el fin de reactivar el proceso subsersivo frustrado en octubre de 2017. La crisis institucional no resuelta en esta comunidad autónoma ha sido el elefante en la habitación al que apenas nadie señaló a lo largo de la pasada campaña electoral, y tampoco en este tiempo de entreguerras.

Demasiadas urgencias entreveradas como para que durante los próximos quince días se desarrolle una campaña tranquila y Sánchez consiga mantener una actitud zen.

*Jefe de Opinión de EXPANSIÓN

Leave a Reply

Sé el primero en comentar...

Notificación
avatar
wpDiscuz

Back to Top