¿Aprovecharán los constitucionalistas la oportunidad?

Economia, EXPANSION, Opinión

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ayer en Bruselas. EFE

Sánchez procurará una cosa y la contraria: mayorías ‘Frankenstein’ en las Cámaras y en Navarra, peaje al PNV y cortejo a Albert Rivera.

Desde la perspectiva de cada uno de los partidos políticos se pueden extraer todo tipo de conclusiones respecto a lo que ha sucedido en las elecciones del 26 de mayo. Así, tenemos un derrotado Iglesias que alardea de no haber perdido los muebles (ni el chalet) y estar en posición de «garantizar el progreso» al Gobierno de Sánchez; un Rivera que vuelve a manifestar sus dificultades con la aritmética y no acierta a restar la diferencia entre sus votos de hoy y los obtenidos hace apenas un mes, y se proclama «el único partido que ha crecido»; un Casado que celebra con desahogo y llama «remontada» a uno de los peores resultados de la historia reciente del PP; y un Sánchez que arrebata la primacía al PP en muchos ayuntamientos y comunidades y que traga la bilis amarga de Madrid ofreciéndose a otorgar el título de demócrata a Rivera a cambio de que éste le dé sus votos en todas las plazas en las que sus socios preferidos -golpistas, proetarras y bolivarianos- no le garantizan la mayoría.

Me temo que a priori no podemos esperar otra cosa que tacticismo, porque da la impresión de que los partidos han iniciado las negociaciones con una calculadora que suma el poder puntual que le ofrece cada una de las sopas de letras. Pero aún queda mucho por ver; y en esta partida de mus que se acaba de iniciar no todo el mundo parte de la misma posición ni utiliza la misma estrategia de juego. Ciudadanos utiliza sus cartas como si le diera lo mismo quién de los jugadores gana con tal de estar presente en el reparto del botín; Podemos sólo aspira a no perder las pocas cartas que ha conseguido en el reparto y hacerse valer con ellas, el PP no puede ni amagar porque todos los jugadores saben que su juego es desbancar a la mayoría Frankenstein y para eso necesita de la complicidad de Cs y de Vox, un jugador nuevo a quien todos quisieran fuera de la mesa, pero que tiene cartas y las va a jugar.

Y luego está Sánchez, al que las tácticas de unos y otros le dan igual porque juega con la ventaja de no tener escrúpulos de ninguna clase y de saber combinar a la perfección una táctica y una estrategia que puedan parecer contradictorias. Sánchez sólo aspira a ampliar y consolidar poder; el nacional ya lo tiene, no hay mayorías alternativas en el Congreso de los Diputados. Con Podemos dentro o fuera del Gobierno, ambas formaciones -más los guiños, peajes y lo que sea pertinente con nacionalistas y golpistas- dirigirán la política española los próximos cuatro años. Y las dos Cámaras, no lo olvidemos, están dirigidas por personas genuflexas ante el golpismo. Frankenstein gobernará España de la mano de sus enemigos.

Contrapoder democrático

Ahora a Sánchez sólo le queda impedir que se configuren mayorías políticas autonómicas y locales que compensen o eviten los desmanes del PSOE y sus socios. Para conseguirlo estará dispuesto a firmar con Ciudadanos lo que haga falta. Porque Sánchez sabe que si hubiera varias autonomías y capitales de provincia -particularmente Madrid, pero no solo- gobernadas por constitucionalistas eso supondría un verdadero contrapoder democrático que pondría en serias dificultades sus objetivos revisionistas del Pacto Constitucional y su compromiso de indultar a los golpistas y de caminar hacia una reforma de la Constitución pactada con los bolivarianos y con quienes quieren levantar fronteras dentro de España y de Europa. Veremos cómo en las próximas semanas Sánchez procura una cosa y la contraria: mayorías Frankenstein en las Cámaras y en las políticas nacionales, mayorías Frankenstein en Navarra, peaje al PNV, y berrea y cortejo a Rivera. Todo es bueno para el convento.

¿Serán los constitucionalistas capaces de superar sus diferencias, de unirse en lo fundamental, de aparcar lo accesorio, de mandar a la oposición al PSOE en cada plaza de España donde sea posible? ¿Serán capaces de hacer política con mayúsculas, de pensar en las próximas generaciones en vez de en las siguientes elecciones? ¿O caerá Cs en la trampa y se aprestará a blanquear a Sánchez pactando con el PSOE -no hay otro PSOE que el de Sánchez- en todos aquellos lugares en los que tal pacto le repare al partido naranja más poder que una alianza constitucionalista? ¿Entenderán los constitucionalistas que el mandato más claro que los ciudadanos les hemos dado -dentro de lo confuso que está todo- es que se unan para compensar la política Frankenstein que soportaremos los próximos cuatro años?

Mario Onaindía solía decir que los nacionalistas nos ganaban siempre porque ellos sabían jugar al mus y nosotros, los constitucionalistas, sólo jugábamos a la brisca. Bueno, vamos a ver si hemos aprendido a hacer e interpretar correctamente las señas, si no nos arrugamos ante el órdago y jugamos bien las cartas. Veremos.

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