El BCE endurece el cálculo de las ratios de capital para empujar a los bancos a reforzarse

Empresas, EXPANSION

Sede del BCE.

Los dos grandes bancos españoles, Santander y BBVA, tienen horquillas de ‘pay-out’.

El Banco Central Europeo (BCE) endurece el procedimiento de cálculo de las ratios de capital de la banca para empujar al sector a reforzarse. Desde este ejercicio, y a la hora de estimar los niveles de solvencia, el supervisor ha establecido que las entidades deberán asumir el dividendo tope previsto en sus políticas de retribución anunciadas al mercado, aunque el reparto efectivo sea finalmente inferior.

Mientras no exista una decisión formal de pago, el supervisor único ha determinado que los bancos deberán aplicar la mayor de tres referencias: el pay-out (porcentaje del beneficio destinado a dividendos) del ejercicio previo, el pay-out promedio de los últimos tres años y el rango máximo de su horquilla de pay-out en caso de tener un rango público. Hasta ahora, el criterio permitía usar una media de estos valores.

Las entidades bancarias han de llevar a cabo una vez al año un ejercicio de autoevaluación de capital (self-assessment), que mide su nivel real de solvencia en una proyección a futuro de tres ejercicios, teniendo en cuenta sus previsiones de futuros impactos, sus modelos de negocio y su expectativa de generación de capital, para lo que hay que tomar en consideración las políticas de dividendos y pago en efectivo de cada banco, entre otros factores. A la hora de elaborar estos cálculos, cuanto mayor sea la previsión de pay-out, más se reducirá la ratio de capital, ya que la capacidad estimada de generación de recursos propios será menor.

En España, Santander y BBVA tiene políticas de dividendo que incluyen bandas de pay-out. Santander acaba de incrementar la horquilla hasta el 40%-50% desde el 30-40% y ya ha calculado su ratio de solvencia del primer trimestre considerando el reparto de la mitad de sus ganancias entre sus accionistas. Su solvencia está actualmente en el 11,25%, por debajo del 11,30% de diciembre. Su objetivo a medio plazo es moverse en un rango entre el 11% y el 12%.

Por su parte, BBVA, con un pay-out establecido de entre el 35% y 40%, también ha aplicado el porcentaje del 40% en el cálculo de su capital regulatorio. Su ratio es ahora el 11,35%, frente al 11,30% de finales de 2018. La entidad se ha comprometido a situar su solvencia entre el 11,5% y el 12% a cierre de este año.

CaixaBank no tiene una horquilla como tal (su compromiso actual es que supere el 50%), si bien su consejo de administración ha fijado un techo del 60% para 2019. Su capital regulatorio de máxima calidad está ahora en el 11,6% y su meta para 2021 es llegar al 13%, el listón más ambicioso de entre los grandes bancos españoles.

Generación de fondos propios

Fuentes financieras explican que este cambio de criterio por parte del BCE es una medida prudencial destinada a incentivar el acopio de recursos propios y la mejora de las ratios de solvencia. Busca plantear un escenario más conservador para que los bancos refuercen su capital, ya que «algunas entidades están volviendo a tener ciertas tensiones en este sentido», indican.

Los bancos, al asumir un mayor reparto de dividendos, reducen su potencial de generación orgánica de fondos propios. Esta situación penaliza sus ratios de capital y eleva la capacidad de presión del BCE a la hora de instar a las entidades a reforzarse.

Estas mismas fuentes reconocen que los supervisores disponen en la práctica de pocas herramientas para incentivar a una entidad para que sea prudente con su política de dividendos y refuercen su capital por encima de los requerimientos mínimos. «Esta es una de las vías. La otra es la contención de los bonus a ejecutivos y directivos, pero esta alternativa suele tener mayores costes para los bancos», apostillan.

En las últimas semanas, tanto el supervisor europeo como el Banco de España han intensificado los mensajes sobre la conveniencia de que la banca mejore su solvencia y modere sus dividendos en un entorno de crecientes riesgos económicos y de importantes retos regulatorios aún pendientes. El sector se resiste a estos planteamientos alegando la fuerte mejora de la solvencia experimentada desde el estallido de la crisis. La ratio de capital de máxima calidad de la banca española está ahora en el 12,2% de media frente al 7,5% de 2009.

La penalización también perjudica la consecución de los nuevos objetivos de capital de los bancos en un ejercicio que ya de por sí será complejo para la solvencia. El sector tiene que absorber este año fuertes impactos regulatorios (entre ellos, la nueva norma contable de arrendamientos y la revisión de los modelos internos de capital) que están obligando a los bancos a afinar la planificación de capital y a poner en marcha distintas estrategias para lograr arañar algún punto básico de fondos propios a lo largo de 2019.

Todas las fuentes consultadas prevén que la medida impuesta por el BCE no tendrá un impacto relevante en las entidades, ya que los rangos de pay-out ya suelen ser muy ajustados, por lo que pasar de una media a la parte más alta de la banda no supondrá grandes cambios. Uno de los efectos buscados por las autoridades es que si en una entidad las diferencias entre las previsiones y el dividendo efectivamente pagado son grandes, el mercado actuará para disciplinar a este banco, de forma que en futuros ejercicios avanzará horquillas más prudentes para no sufrir un castigo en Bolsa.

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