Los tipos extremadamente bajos han llegado para quedarse

EXPANSION, Mercados

El presidente de la Fed Jerome Powell.

La semana pasada fue incómoda para la economía global. No porque la Reserva Federal decidiera recortar los tipos. Más bien por el nivel significativamente bajo de los tipos del que partirá la Fed, que oscila entre el 2,25 y el 2,5%.

Después de más de una década de expansión económica, y a pesar de todo -desde los aranceles a las rebajas fiscales- , parece que este es el nivel máximo que pueden alcanzar los tipos en EEUU.

Por su parte, el BCE estudia más rebajas. Hasta este mes, era posible imaginar que los niveles anteriores a la crisis del 4 al 5% volverían algún día. Ya no.

Unos niveles de tipos tan bajos suponen un enorme cambio con respecto al pasado. Hay que recordar que en 2000 el tipo de interés real se situó en el 4%. Aunque los tipos de interés afectan prácticamente a todos los aspectos de la vida económica, el mundo desarrollado sigue negando las posibles consecuencias de estos cambios.

A vigilar

A continuación se enumeran ocho aspectos que inversores y autoridades deberían evaluar.

  • Primero, hay un estrecho vínculo entre los tipos y el crecimiento económico a largo plazo. Si los tipos se mantienen en unos niveles tan bajos se está enviando una señal de alarma sobre las perspectivas de crecimiento económico.
  • Segundo, la política monetaria está fracturada. Entre 2008 y 2009, los recortes de tipos de la Fed de cinco puntos porcentuales fueron insuficientes. Hoy en día, hay mucho menos margen para responder a una recesión. El Banco de Japón, que decidió no cambiar nada el martes pasado, sigue intentando alcanzar su objetivo de inflación del 2%. El BCE corre peligro de seguir el mismo camino. El mundo no está preparado para una crisis: dos de los bancos centrales más influyentes del mundo podrían comenzar la próxima recesión con una política de tipos por debajo de cero.
  • Tercero, si la política monetaria está acabada, la política fiscal deberá intervenir. Eso significa que, o los gobiernos aumentan el gasto y rebajan impuestos en respuesta a una recesión o se concede al banco central una herramienta fiscal con la que se pueda imprimir dinero para gastarlo o repartirlo. Los gobiernos podrían aumentar sus objetivos de inflación, lo que daría a los bancos centrales más margen para aplicar recortes cuando lo necesiten.
  • Cuarto, unos tipos más bajos hacen que la deuda sea más sostenible. Eso ocurre sobre todo en el caso de la deuda pública. Para muchos países, tiene sentido aumentar su endeudamiento para poder invertir.
  • Quinto, las reservas de capital deberían aumentar en relación a la producción. Las inversiones que en su día no fueron rentables ahora tienen sentido: mejoras en las carreteras para ahorrar unos minutos en los desplazamientos, carísimos medicamentos para tratar enfermedades raras. Aunque estos proyectos parezcan irracionales, no lo son.
  • Sexto, cualquier activo de suministro fijo tiene ahora más valor porque sus futuros flujos de caja se podrán descontar a un tipo más bajo. Es el caso del valor de activos como los monopolios de agua o electricidad.
  • Séptimo, la demanda de viviendas aumentará. Después de todo, es el principal activo de capital que utilizan los ciudadanos. Hay dos posibles resultados. Donde sea posible mantener bajos tipos de interés habrá un aumento de viviendas disponibles. Si no es posible, las viviendas se comportarán como activos de suministro fijo y su precio aumentará. Por tanto, la caída de los tipos hace que las normas sean un asunto económico fundamental.
  • Octavo, los bajos tipos de interés hacen que ahorrar sea más difícil. Resulta más difícil destinar los ahorros a un plan de pensiones y obtener rentabilidad por el dinero.

Es posible que este periodo de bajos tipos llegue a su fin. Cabe la posibilidad de que la Fed se equivoque y tenga que subir los tipos en el futuro. También cabe la posibilidad de que el sector tecnológico impulse el crecimiento y la demanda de capital. Pero este resultado no se puede forzar.

La tendencia hacia los bajos tipos ha durado décadas y podría prolongarse o producirse un giro. Ahora que los bancos centrales relajan su política, es hora de dejar de esperar que los tipos se recuperen y aceptar la realidad como es.

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