Aferrarse al pasado sale caro

5 DIAS, Opinión

La noticia del verano en los mercados ha sido que la Fed estadounidense ha cambiado su tendencia y por primera vez desde 2008 ha recortado los tipos, dejándolos en un nivel de entre el 2% y el 2,25%. Lo que ya no es noticia es que, desde hace más de tres años, en concreto desde marzo de 2016, los tipos del Banco Central Europeo están al 0%. Es una realidad con la que llevamos años conviviendo, pero una a la que no todo el mundo se ha adaptado.

Prueba de ello es que, según datos de Inverco, más de 887.000 millones de euros de las familias españolas están invertidos en liquidez y depósitos, una forma de ahorro que un año tras otro les hace perder dinero; no solo por los bajos tipos de interés, sino por la inflación misma, que sigue existiendo y continúa haciendo perder valor a ese ahorro. Esta situación se agrava a medida que pasan los años.

El dinero, por tanto, sigue aparcado en los vehículos que tradicionalmente se han percibido como la forma más sencilla y segura de ahorrar. Pero hoy en día, en un entorno de tipos cero, lo que antes era seguro ya no lo es; las reglas del juego han cambiado y seguir actuando conforme a los patrones del pasado puede acabar poniendo en riesgo la preservación de nuestro patrimonio.

Por ello, en el contexto actual, para conservar o tratar de aumentar el valor de nuestro ahorro no queda otra que invertir. El cómo, el dónde y el cuándo dependerá de cada caso, de las circunstancias de cada persona y su perfil como inversor. Pero en este proceso de adaptación a la nueva realidad tendrán que cambiar algunos hábitos muy arraigados en el ahorrador español.

Uno de ellos es la costumbre de invertir todo el ahorro en el mismo vehículo, sin distinguir entre los diferentes objetivos o plazos, mientras que solo si tenemos claro para qué o para cuándo estamos ahorrando podremos decidir dónde o cómo invertir.

Así, lo que seguramente descubriremos es que, si bien tenemos nuestro dinero en instrumentos de cortísimo plazo (depósitos, cuentas corrientes…) muchos de nuestros objetivos son a largo plazo, por lo que serían más adecuadas otras soluciones.

Otro hábito es el de concentrarse únicamente en el producto de inversión y no tener en cuenta que lo más importante no es el producto, sino cómo se usa; es decir, qué estrategia o método de inversión es el que más nos conviene.

Asimismo, el inversor español tiende a concentrar las inversiones en lo que está más cerca, lo que nos suena más familiar o lo que está de moda, cuando puede que ninguna de esas opciones sea la que más nos conviene.

Otra confusión habitual es pensar que invertir es hacer lo que vemos en las películas: comprar y vender acciones de forma frenética buscando el pelotazo.

Cuando hablo de invertir, me refiero a ligar nuestro ahorro de forma continuada a la evolución y el crecimiento de la economía mundial, algo que por ejemplo se puede hacer, a largo plazo, mediante la inversión en fondos de renta variable global.

Queda patente que ahorrar en el contexto actual es algo completamente distinto a lo que era hace unos años. Muchos ahorradores pueden sentirse abrumados por esta nueva realidad, por eso el sector financiero, y especialmente los profesionales y las entidades que nos dedicamos al asesoramiento financiero, tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que nuestros clientes sean conscientes de cómo ha cambiado el escenario para que actúen en consonancia.

En este sentido, tenemos que explicarles cuál es el contexto y apoyarles en la gestión y la planificación de sus ahorros a lo largo del tiempo, con propuestas adecuadas a este nuevo marco, en el que aferrarse al pasado puede salir caro, comprometer nuestro patrimonio y, por tanto, nuestro futuro.

Ígor Garzesi es consejero delegado de Banco Mediolanum

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