El Brexit y la guerra comercial entre EEUU y China eclipsan la agenda oficial del G-7

COTIZALIA, Economia

25/08/2019 11:00Actualizado: 25/08/2019 13:55

“Let’s work!” (¡vamos a trabajar!). Con estas palabras. Emmanuel Macron daba el pistoletazo de salida a la primera reunión de trabajo de la cumbre del G-7, celebrada este fin de semana en la ciudad costera de Biarritz. En la agenda: la seguridad internacional y la economía mundial. De lo abstracto a lo concreto: la crisis entre Estados Unidos e Irán, la guerra comercial entre Washington y Pekín, y la salida de Reino Unido de la Unión Europea, protagonizaron el encuentro inaugural. La lucha contra las desigualdades o la construcción de un capitalismo más justo, objetivos inscritos en la agenda oficial de este G-7 parecen relegados, a golpe de actualidad, a un desafortunado segundo plano.

Mientras la trascendencia del G-7 es cuestionada, ningún comunicado común ni oficial sellará la cumbre, prueba de su falta de repercusión, esta cita internacional se ha convertido en el escenario perfecto para escenificar la fragilidad del multilateralismo y la flaqueza de la economía mundial.

La mañana de este domingo, Donald Trump y su homólogo británico Boris Johnson se convirtieron en protagonistas indiscutibles del G-7. Ambos mandatarios se dieron cita en torno a un informal desayuno, un primer encuentro marcado por un interés común: la negociación de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Reino Unido. “Claramente hay enormes oportunidades para Reino Unido de penetrar en el mercado estadounidense de una forma que ahora no se nos permite”, declaró el primer ministro británico tras el encuentro. Oportunidades que aún no han sido negociadas, pero que podrían concretarse “bastante rápido”, dado que “no anticipamos ningún problema”, aseguró Donald Trump que no dudó en deshacerse en halagos con su homólogo: “él no necesita consejos [de cara al Brexit], es el hombre adecuado para hacer el trabajo”.

Donald Trump y Boris Johnson. (Reuters)

Donald Trump y Boris Johnson. (Reuters)Donald Trump y Boris Johnson. (Reuters)

A pesar de la química indiscutible entre Trump y Johnson, una discrepancia se interpone entre ambos: la guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuyas consecuencias amenazan la estabilidad de la economía a nivel mundial. “Como todo el mundo, nuestra opinión en la guerra comercial: estamos a favor de una paz comercial en general -afirmó el líder británico-. Reino Unido se ha beneficiado enormemente en los últimos 200 años del libre comercio […] No nos gustan los aranceles en general”.

Las tensiones comerciales entre Washington y Pekín, no solo se colaron en el encuentro entre Trump y Johnson, sino que acaparan el grueso de la atención política y mediática. Decidido a marcar el ritmo de la cita internacional, Donald Trump apostó por atizar el fuego de la guerra comercial que mantiene con China. Horas antes de aterrizar en territorio francés, el presidente estadounidense amenazó, a través de su cuenta de Twitter, con aumentar los aranceles sobre los 550.000 millones de dólares de productos chinos importados a Estados Unidos.

“Tenemos que reequilibrar esta relación comercial tan injusta”, y para ello, a partir de octubre, 250.000 millones de dólares de mercancías importadas estarán sujetas a un gravamen punitivo del 30% frente al 25% actual; los 300.000 millones de dólares del resto de importaciones chinas serán gravados al 15%, en lugar del 10%, a partir del próximo mes de septiembre, si bien dicha tasa será aplazada hasta diciembre sobre ciertos productos electrónicos como ordenadores portátiles, móviles o juguetes, para evitar que el nuevo arancel repercuta en las ventas de fechas clave como Acción de Gracias o Navidad.

Con esta declaración de intenciones, Donald Trump avivó el último episodio del rifirrafe que mantiene desde hace meses con China. El viernes 23 de agosto, Pekín anunció su intención de imponer aranceles adicionales (del 5% o 10%) a los 75.000 millones de dólares de importaciones estadounidenses. Lejos de ser ignoradas, las repercusiones de esta contienda comercial se ha convertido en una cuestión ineludible de la cita internacional

Preguntado sobre la cuestión, el presidente estadounidense negó cualquier presión por parte de sus socios del G-7 [Francia, Italia, Reino Unido, Alemania, Japón, Canadá]: “De vez en cuando discutimos, solo un poco […] nos llevamos muy bien”, aseguró Trump con una media sonrisa a la prensa. Desmintiendo la contracción de la economía estadounidense y refutando las divisiones en el seno del G-7, Trump puntualizó: “[…] estamos teniendo reuniones muy buenas, los líderes se llevan muy bien y nuestro país va, económicamente, estupendo”.

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