¿Qué es el riesgo? La volatilidad, no

5 DIAS, Opinión

En estos días de agosto, por cortesía de Donald Trump, estamos viviendo jornadas bastante movidas en los mercados. Hasta la fecha, hemos visto caídas entre el 5% y el 10% en las principales Bolsas mundiales (de casi un 15% en el caso de China) y eso ha hecho que muchos inversores vuelvan a mirar de reojo los periódicos con cierta inquietud.

Los inversores toleramos mal las pérdidas, eso es una realidad, pero en los tiempos que vivimos hemos de convivir con la posibilidad de alguna pérdida en el corto plazo para poder aspirar a algo de rentabilidad en el medio y largo plazo. Esto nos lleva a reflexionar, en estos días de verano, sobre qué es el riesgo y cómo deberíamos afrontarlo.

Aunque las definiciones han de hacerse en positivo, permítanme que empiece diciendo lo que no es: el riesgo no es la volatilidad, a pesar de que la volatilidad nos ponga nerviosos. La volatilidad, o sea, las fluctuaciones en los precios, es algo absolutamente normal, incluso es cosustancial a la inversión en acciones. Si me apuran, lo que es raro es un mercado demasiado tranquilo.

Tal vez los números, que no están contaminados por las emociones, nos puedan ayudar a entender cómo (o cuánto) de normales son las caídas del mercado. En mayo de 2018, la gestora Capital Group publicó un estudio en el que mostraba la frecuencia con la que se producen las caídas en Bolsa, de diferentes magnitudes, a partir de datos del mercado americano entre 1900 y 2018. Ese estudio se actualizó con los datos de cierre de diciembre de 2018 y las conclusiones son interesantes: cuando invertimos en Bolsa deberíamos esperar como “normal” al menos tres caídas del 5% en un año, una caída de un 10% al año, una caída del 15% cada dos años y una caída del 20% cada 3 años y medio o cuatro. Eso es lo que ha pasado, de media, en los últimos 118 años. Es decir, que los mercados caigan no es algo infrecuente. Y a pesar de ello, la realidad de la rentabilidad a largo plazo de la Bolsa se cumple.

La volatilidad es, por tanto, algo completamente normal, y por esta razón, no es un riesgo, sino algo con lo que tenemos que convivir y también saber aprovechar en nuestro favor para comprar a mejores precios. Y si no es la volatilidad, ¿entonces qué es el riesgo?

En nuestra opinión hay tres tipos de riesgos. El primero y más letal es el de la pérdida permanente de capital. Se da cuando una inversión pierde todo (o gran parte de) su valor y las posibilidades de recuperarlo son nulas o casi nulas. Seguro que se nos ocurren varios ejemplos: Enron, Parmalat, Pescanova, Popular, Lehman… En estos casos el menoscabo en el patrimonio es total.

El segundo es sobrepagar por algo. A diferencia del anterior, normalmente en estos casos los activos son de buena calidad pero el precio que se paga por ellos es tan alto que lo acaba convirtiendo en una mala inversión. Un ejemplo claro es lo que le ha ocurrido a un inversor que adquirió acciones de Microsoft en 2000, en plena burbuja tecnológica. Microsoft es una excelente empresa cuyos beneficios no han dejado de crecer en todo este tiempo; sin embargo, al inversor que compró muy caro le ha costado más de 15 años recuperar el valor de su inversión (y sin contar la inflación). Normalmente, es difícil ganar dinero cuando el precio que se paga es extraordinariamente alto, pero nuestro cerebro no está preparado para frenar el instinto de comprar algo que no para de subir…

El tercero y último es una excesiva concentración en una sola estrategia o gestor. Todos sabemos que tanto las estrategias como los gestores no son infalibles, ni lo hacen bien en todos los entornos de mercado, lo que a veces lleva a los inversores a abandonar en el peor momento y caer en el error de ir siempre con el pie cambiado. Para que un gestor logre retornos extraordinarios a veces tiene que pasar por duros (y largos) momentos de underperformance, pero a veces la paciencia del inversor no aguanta tanto.

Todos estos riesgos son los que pueden dar al traste con la rentabilidad de una inversión u obligar a extender demasiado los tiempos, pero hay maneras de evitarlos o, al menos, paliarlos, y las recetas son sencillas: La más básica es ocuparse de tener una correcta diversificación, por mercados, por sectores, por estrategias y por gestores. De esta forma, no eliminaremos la volatilidad, pero sí las probabilidades de cometer errores de tal calado que arruinen nuestra rentabilidad.

Y aún más importante que la anterior es definir rigurosamente nuestro perfil de riesgo y nuestro horizonte temporal y una vez definidos, ser coherentes con ambos y seguir la estrategia marcada.

Lo que acabe pasando este verano lo sabremos en unas semanas. De momento, el episodio que estamos viviendo no es nada más que algo habitual, incluso esperable, que pasa con cierta frecuencia en los mercados, aunque al culpable podamos ponerle cara.

Marta Campello es socia y gestora de fondos en Abante Asesores

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