La silla vacía de Huarte

Economia, EXPANSION, Opinión

El cabeza de lista de EH Bildu en la localidad de Huarte, AlfredoArruiz, revalidó el cargo como alcalde.

La autora analiza las raíces de la decisión del PSOE de Pedro Sánchez de facilitar la reelección de un alcalde de Bildu en Huarte (Navarra).

La imagen de la silla que el PSOE dejó vacía en el Pleno del Ayuntamiento de Huarte refleja con toda nitidez que el mes de agosto de 2019 pasará a la historia como el momento en que el PSOE traspasó todas las líneas rojas y perdió públicamente la dignidad.

La fórmula elegida por Pedro Sánchez para cumplir con el compromiso reclamado por Bildu en el Pleno de investidura de Chivite (pagar así ya la primera letra de la abstención) merece en sí misma una reflexión. Porque lo que define el sanchismo no es sólo el fondo, sino la forma: dejar la silla vacía no permitiendo que ninguno de los socialistas (el último de la lista es Fabricio Potestad, el presidente del PSN en Navarra) que componían la candidatura de concejales sustituyera a la alcaldesa dimisionaria -nombrada directora general del Gobierno de Chivite precisamente para que dejara de ser alcaldesa y dar paso al alcalde bildu-etarra- es tan bochornoso e indigno que produce vergüenza ajena a cualquier persona decente.

Qué decir de la sobreactuación y el victimismo posterior. Lo de la portavoz de Sánchez en el Congreso, la Sra. Adriana Lastra, es patético por no decir miserable. ¿Cómo puede ella llamar miserables a quienes denuncian lo que está ocurriendo en Navarra, lo que ha ocurrido en Huarte, cómo puede apelar a la «sangre socialista derramada» sin que se le caiga la cara de vergüenza? Dejar la silla vacía, no dar la cara, hacer dejación de funciones, apelar al periodo de vacaciones como explicación (¿?), es una burla al conjunto de la sociedad y un escarnio para todos los inocentes a los que convirtieron en víctimas esos tipos a los que hoy se han entregado los socialistas, esos que tienen la llave en Navarra porque la ambición de poder del PSOE de Sánchez (el único verdaderamente existente) no tiene límites.

Sí, la cita a la sangre socialista que hizo Lastra, la portavoz de Sánchez en el Congreso, es una bofetada en la memoria de todas las víctimas de ETA. Porque, aunque ella ni lo sepa ni le importe, tenemos la obligación de recordar que si los guardias civiles, los policías, los periodistas, los jueces, los concejales y cargos públicos constitucionalistas, los funcionarios de prisiones, los empresarios que se negaron a someterse al chantaje, todos los demócratas que no quisieron someterse al nacionalismo obligatorio ni a los dictados de ETA hubieran dejado la silla vacía, hoy no habría democracia en España.

Tenemos la obligación de recordar que si hoy vivimos en democracia es gracias a que miles de ciudadanos, muchos de ellos de uniforme, no dejaron su puesto vacante y arriesgaron su vida para defender la libertad y las libertades de todos en toda España, y particularmente en el País Vasco y en Navarra. Vivimos en democracia gracias a que miles de personas se enfrentaron durante años muy duros a esos profetas de la muerte que aún hoy siguen homenajeando a los asesinos y que en Navarra y en Euskadi comparten mesa y mantel con los dirigentes del Partido Socialista. Vivimos en democracia gracias a que muchos miles de jóvenes dejaron su tierra en la otra punta de España, se pusieron un uniforme y vinieron a estas tierras vascas y navarras para ser nuestros escudos, para defender la democracia. Hoy vivimos en democracia gracias a que centenares de esos jóvenes no dejaron su silla vacía cuando tuvieron que jugarse la vida para defender la vida de alguno de los que hoy elige como socios a los profetas de la muerte.

Recordar es un deber

Por todo esto, porque tenemos memoria -porque recordar es un deber-, porque hay más de trescientos crímenes de ETA sin resolver y el portavoz de los proetarras, Arnaldo Otegi, compañero de mesa y mantel de los dirigentes socialistas, afirma que habrá homenajes a todos y cada uno de los terroristas cuando salgan de la cárcel, resulta tan escandalosa la sobreactuación de los socialistas, su traición, sus mentiras… Sí, porque lo peor es la mentira. Para Sánchez, la mentira no es un instrumento para mejorar su reputación ni una fórmula para atenuar su vergüenza, pues él carece de empatía y no necesita establecer vínculos con otras personas; por eso no precisa de la sinceridad. A Sánchez le va como anillo al dedo la definición de Mark Twain sobre la mentira: «Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas». Para él, sabido es, mentir es su forma natural de ser. Y cuando necesita estadísticas, pues llama a Tezanos.

Como decía antes, Navarra y lo que allí ha pasado, está pasando y pasará, es la viva imagen de lo que ha quedado del viejo PSOE, un partido antaño socialdemócrata y vertebrador de España, antaño constitucionalista, antaño luchador y defensor de la igualdad y de las libertades de todos los españoles. Aún hoy, a pesar de saber en qué ha quedado ese partido, cómo se han sectarizado sus bases -cada vez más mermadas, por cierto-, cómo el culto al jefe ha sustituido al modelo de debate y de representación, cómo el odio a «las derechas» se ha impuesto sobre el sentido de Estado y de concordia entre españoles, cuesta aceptar que no se alcen voces en el seno de esa organización que intenten parar esta indigna deriva del socialismo democrático español.

La traición a los principios constitucionales y democráticos que ha perpetrado Pedro Sánchez en Navarra traerá graves consecuencias para la democracia española. No hace falta convocar un referéndum para cambiar la disposición adicional del Estatuto e incorporar Navarra al País Vasco. Sólo necesitan unos años de gobierno con bolivarianos y nacionalistas y la llave en manos de Bildu para hacer lo que ya ha conseguido el nacionalismo en el País Vasco y/o en Cataluña: la escuela, los movimientos sociales y culturales, los medios de comunicación, la propaganda, las subvenciones a los ahormados, la falta de voces constitucionalistas con presencia pública, la cobardía… todo ello será el caldo de cultivo para quebrar la igualdad entre navarros y para romper la unidad entre navarros, y de éstos con el resto de españoles. La semilla del mal ya está plantada; sólo queda por ver si la sociedad española en su conjunto -y la sociedad navarra en particular- verá la cruda y dura realidad y se rebelará a tiempo, o dormitará bajo el cloroformo sanchista y preferirá creer sus mentiras.

Me temo que no tenemos mucho tiempo para reaccionar. De momento se me ocurre que lo más urgente es que nadie, ni un sólo constitucionalista, deje su silla vacía. Toca alzar la voz, utilizar todos los foros, todos los medios, para defender la democracia, para defender la igualdad y las libertades, para enfrentarnos a tanta mentira, tanta cobardía, tanta indignidad.

Insisto: que nadie calle, que nadie deje la silla vacía. Sabido es que el espacio que liberan los buenos es un espacio que inmediatamente ocupan los malos. «Puesto que comprender es imposible… recordar es un deber» (Primo Levi).

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