Septiembre: la última oportunidad para no ir a elecciones

Economia, EXPANSION

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no logran acercar posiciones para cerrar un acuerdo de investidura.

El PSOE no quiere dar entrada a Podemos en el Gobierno para no convertirse en su rehén. Y no habrá investidura si Iglesias no da su apoyo a Pedro Sánchez. Si nadie cede habrá elecciones.

Pedro Sánchez se encuentra ahora en una encrucijada: convertirse en socio-rehén de Pablo Iglesias o ir a unas nuevas elecciones. Ámbas opciones tienen sus riesgos, aunque, en estos momentos, si el presidente en funciones tiene que elegir está dispuesto a optar por la segunda como mal menor. De hecho, ya le ha trasladado a Podemos que la oferta de junio de una vicepresidencia con tres ministerios ha caducado. En los cuarteles del PSOE saben que el gran pacto de izquierda con el que sueña Pablo Iglesias, y que luce tan bonito como eslogan, se puede convertir en una bomba de relojería que, con toda probabilidad, le explotaría a Pedro Sánchez en las manos antes de acabar el año, si estalla el problema catalán, tras la sentencia del procés, o si el nuevo Gobierno es incapaz de sacar unos Presupuestos por la imposibilidad de cuadrar la ortodoxia que exige Bruselas con las pretensiones de un socio que se mueve en los márgenes del sistema.

En los próximos días Pedro Sánchez jugará la carta de presentar un programa al gusto de Podemos como única oferta a la formación morada. Eso o las elecciones. Si a Iglesias la oferta de una vicepresidencia y tres ministerios (Sanidad, Igualdad y Vivienda), le resultaba casi una ofensa, no parece que una lista de buenas intenciones le vaya a satisfacer. El debate sobre inmigración de esta semana en el Congreso ha puesto de manifiesto el malestar que se está larvando entre el PSOE y Podemos. La cuestiones que se plantean ahora son claras: ¿Renunciará Iglesias a colocar a sus peones en el Consejo de Ministros para evitar ir a unas nuevas elecciones en las que las expectativas de Podemos son malas? ¿Cederá Sánchez en el último momento y reactivará la oferta que le hizo a Podemos el pasado junio?

Quedan menos de tres semanas para encontrar una respuesta que, de no darse, abocaría a unas nuevas elecciones el próximo 10 de noviembre.

Socio incómodo

En el PSOE temen compartir el Gobierno con Unidas Podemos. La formación de Pedro Sánchez, más alla de coincidir en el espectro político de la izquierda, compartir algunas consignas y la definición de algunas políticas sociales, no tiene nada en común con un partido que vive en los márgenes del sistema como es Podemos. No comparte los mínimos principios económicos, ya que el PSOE pretende moverse en la ortodoxia que dicta pertenecer a la UE, algo que no encaja con los planes de la formación de Pablo Iglesias. En estas condiciones, ¿es posible hacer unos Prespuestos viables con un socio de esta naturaleza? Probablemente, no. No comparte la huida hacia adelante que Unidas Podemos propone en temas como salario mínimo (el propio responsable del servicio de estudios de CCOO ha advertido del riesgo de seguir elevando este parámetro), pensiones (las propuestas dela formación morada aceleran la quiebra del sistema), vivienda (ideas como topar los alquileres, intervenir en el mercado o penalizar la inversión aterran a los responsables económicos socialistas por los efectos negativos que pueden trasladar) o rigor prepuestario. Asumir propuestas de Podemos en este sentido, cuando se atisba una desaceleración económica, es para los socialistas una bomba de relojería que, de momento, no están dispuestos a aceptar.

La política territorial es otro de los caballos de Troya que el PSOE no quiere poner en riesgo con la entrada de Unidas Podemos en el Gobierno. En unas semanas se hará pública la sentencia del procés, que, presumiblemente, puede ser condenatoria, y el Ejecutivo quiere mantener una posición coherente que no penalice su posición en todo el territorio nacional. Sánchez teme que Podemos le traicione y avale la posición de los separatistas y de los políticos presos y que le haga una pinza con ERC.

La confianza en el día a día es otro de los elementos que juega en contra de la formación morada. El PSOE no se fía de la lealtad de Unidas Podemos en el Gobierno. Si ya de por sí es complicado mantener la disciplina y la necesaria discrección dentro de un Ejecutivo formado por personas del mismo partido, la cuestión se vuelve imposible con la entrada de miembros de Podemos. Un partido que, además, ha hecho de la puesta en escena una de sus marcas de actuación. La cuestión es por qué entonces Sánchez ofreció el pasado mes de junio una vicepresidencia y los ministerios de Sanidad, Igualdad y Vivienda a Podemos a cambio de su apoyo a la investidura. La respuesta es que se trató de un error de cálculo en las negociaciones. El PSOE argumentó que el único inconveniente para que Podemos estuviera en el Gobierno era su líder. Los dirigentes socialistas creían que Pablo Iglesias nunca aceptaría esta condición, pero se equivocaron. Ferraz tuvo entonces que seguir adelante con su farol para no escenificar ante los votantes de izquierda una ruptura provocada por ellos mismos.

La baza de Cs

Pablo Casado y Albert Rivera podrían unir fuerzas para que PP y Ciudadanos concurran juntos al Senado si se repiten elecciones.Pablo Casado y Albert Rivera podrían unir fuerzas para que PP y Ciudadanos concurran juntos al Senado si se repiten elecciones. Bernardo Díaz

En principio a Pedro Sánchez le ofrece mejores expectativas ir a unas nuevas elecciones que dar entrada a Podemos en el Gobierno. Aunque una nueva cita con las urnas siempre entraña incertidumbre, la actual división de la derecha, la tendencia a la baja de Podemos y el momento de estabilidad que vive la economía española le son propicios de cara a unos nuevos comicios. La amenaza que podría representar una hipotética unión de Ciudadanos, Partido Popular y Vox para concurrir a unas nuevas elecciones se percibe en estos momentos como remota. Como mucho se contempla que Vox y el PP puedan compartir candidatura en una veintena de circunscripciones de menos de cinco escaños para reducir el impacto que la división del voto supuso en algunos territorios. Si el PSOE sale bien parado reputacionalmente del pulso que mantiene ahora con Podemos puede ir a unas elecciones con esperanza cierta de consolidar y mejorar los resultados, como le ocurrió a Rajoy en 2015, aunque el panorama político no variaría sustancialmente.

Si la mejora no va a ser determinante y el panorama político no va a cambiar gran cosa, ¿cuál es la razón que puede animar al PSOE a afrontar una nueva cita con las urnas? La respuesta es la posibilidad de cerrar a la segunda un acuerdo con Ciudadanos para constituir una mayoría absoluta. Durante los últimos meses ha habido presiones por parte de los mercados y buena parte de la opinión pública para que Albert Rivera apoyase la investidura de Sánchez. La negativa en redondo del líder de la formación naranja ha impedido ese acuerdo que daría lugar a un Gobierno más estable, que es el que demanda ahora una situación en la que convergen importantes amenazas como el desafío separatista, la desaceleración económica o el Brexit. Un Gobierno que le daría aire al PSOE para el futuro.

Sería muy difícil para Rivera negarle la investidura a Sánchez si se dan las condiciones después de unas elecciones en noviembre.

Riesgos

Existen algunos riesgos ante esta estrategia que plantean dudas en las filas socialistas. Los meses de parálisis política propiciados por la falta de acuerdos para formar Gobierno están pesando en la opinión pública que empieza a dar muestras ya de un cierto hartazgo. La posibilidad de que buena parte de los ciudadanos se abstengan en unos próximos comicios también es una posibilidad que los analistas de los partidos deben valorar.

Las encuestas de intención de voto siguen dando al PSOE un amplio margen, pero son sólo encuestas. También son muchos lo que vaticinan que en una segunda vuelta se puede dar un retorno de votos de Vox hacia el PP, que buscarían sumar de forma útil para desplazar al sanchismo. Y por último está la posibilidad, más cierta, de que Ciudadanos y Partido Popular se unan para concurrir sólo al Senado, lo que podría hacer que el PSOE perdiera la mayoría que ahora tiene en la Cámara Alta.

Existe un tercer riesgo para los socialistas. La convocatoria de unas nuevas elecciones puede resultar nociva tanto para Podemos como para los nacionalistas, que no van a perdonar a Sánchez que les deje en la estacada. Iglesias ya advirtió (o amenazó) a Sánchez con que si no llegaba a un acuerdo con Podemos no sería presidente. Tanto desde las filas moradas como desde el ámbito nacionalista están lanzando el mensaje de que si se repiten las elecciones la izquierda puede perder, para trasladar al PSOE la presión sobre una nueva convocatoria. Pero en las filas socialistas siguen convencidos de que es mejor correr el riesgo, convencidos de que la coyuntura les es favorable y que tienen mucho que ganar y poco que perder. También es posible que, en estos momentos, y con los retos que tiene ahora mismo España, lo menos que le preocupe a Sánchez es que Iglesias y los nacionalistas le den la espalda. Podría ser la oportunidad de recuperar parte del electorado de centro que les arrebató Ciudadanos.

Bipartidismo

La posible recuperación del PSOE a costa de Podemos y la del PP a costa de Vox puede resucitar un bipartidismo tradicional que, en estos momentos, sobrevivía en bloques de partidos que, como se ha demostrado, debido a los liderazgos multiplicados, dificultan sobremanera la formación de cualquier gobierno. En pocas semanas se resolverá este complejo puzle. Investidura o urnas.

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