Así es el ideario económico de Errejón

Economia, EXPANSION

Íñigo Errejón ha revolucionado el escenario político al anunciar que su plataforma concurrirá a las elecciones del 10N.

El ideario económico de Íñigo Errejón es prácticamente un calco del que defiende Podemos, aunque pasado por el tamiz de la moderación: alzas fiscales generalizadas y subida del gasto para financiar una España utópica.

El resquebrajado tablero político se ha fragmentado aún más, en este caso por la izquierda, tras la decisión de Íñigo Errejón de dar el salto a la política nacional y concurrir a las elecciones del 10N, en las que competirá a brazo partido con Podemos, el sueño político -hoy hecho jirones- del que fue miembro fundador y alma máter junto a Pablo Iglesias. Tras su sonoro divorcio político, consumado definitivamente a principios de año, la brecha entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se ha ido haciendo cada vez más grande, hasta convertirse en abismo. Sin embargo, las discrepancias entre los otrora amigos y socios y hoy adversarios aparentemente irreconciliables, son más personales que ideológicas, más tácticas que estratégicas, porque los objetivos políticos que persiguen ambos son muy similares: una España social y utópica, presuntamente más justa e igualitaria, pero de inequívocos aromas bolivarianos.

Lo que les diferencia (y les distancia) es el talante y el camino que defiende cada uno para llegar a la misma meta. Frente al tono duro, beligerante y batallador de Iglesias, Errejón exhibe mayor moderación, así como una cara más amable de la política, con el fin de retener a los que están, atraer a los que faltan y no espantar a las instituciones.

Modelo económico

Pero, ¿en qué se diferencian los modelos económicos que defienden Pablo Iglesias e Íñigo Errejón? A falta de conocer su programa electoral para la cita con las urnas del próximo 10 de noviembre, Errejón dejó claras sus pautas en el ideario con el que Más Madrid, la plataforma lanzada junto a Manuela Carmena, concurrió a los comicios autonómicos en Madrid. Y su planteamiento económico y el de Podemos se semejan como dos gotas de agua.

Hachazo fiscal

Toda utopía requiere ingentes cantidades de recursos para financiarse. Y tanto en el caso de Iglesias como en el de Errejón, la receta es la misma: subidas masivas y generalizadas de impuestos. En su propuesta para Madrid, Errejón prometió reducir «los privilegios» de los ciudadanos con mayor renta y patrimonio reduciendo las bonificaciones en los Impuestos sobre Patrimonio y Sucesiones y Donaciones (actualmente bonificados prácticamente al 100% en Madrid); elevando del 21% al 23% el tipo máximo del IRPF en el tramo autonómico (a cambio, prometía rebajar del 9,5% al 9% el tipo más bajo), o subiendo del 2% al 6% el tipo autonómico del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales para las inmobiliarias.

En el ideario de Errejón figuran también impuestos de nueva creación, como una tasa turística, otra por el uso de plásticos y un gravamen al juego. Sus propuestas se alinean con las de Podemos en el ámbito estatal, donde la formación morada defendía en su programa para el 28A un alza de dos puntos en el tipo máximo del IRPF, del 45% al 47% para rentas de 100.000 euros, y hasta el 55% en el caso de ingresos superiores a 300.000 euros.

El partido que lidera Iglesias preconizaba también un impuesto sobre grandes patrimonios para recaudar un 1% del PIB (alrededor de 12.000 millones de euros). En concreto, prometía fijar un gravamen de entre el 2% para los patrimonios de más de un millón euros y el 3,5% para los que rebasaran los 100 millones. A expensas de conocer su programa para la cita nacional, Errejón coincidía en sus postulados en Madrid con la necesidad de una distribución «más equitativa» de la renta, subiendo los impuestos a «los más ricos».

Batería de gastos

El rosario de subidas impositivas es una de las grandes patas del credo económico de Errejón. La otra es utilizar esos recursos para disparar el gasto público. A falta de saber cómo plasma esa doctrina en su salto a la política nacional, en un momento de creciente enfriamiento de la economía, en Madrid el errejonismo defendía elevar el gasto en Sanidad, en Educación, en servicios públicos, en I+D…

Renta básica

Otro denominador común en la hoja de ruta económica de Podemos y del escindido Errejón es su defensa de una renta básica. Mientras que la formación de Pablo Iglesias prometía en abril una renta básica de 600 euros mensuales para todos los españoles, garantizada por ley y actualizada periódicamente con el valor más alto entre el IPC y el alza del salario medio, el Más Madrid de Errejón, mucho más limitado en el ámbito regional a la hora de hacer promesas, ponía encima de la mesa una propuesta para «desarrollar una renta garantizada», destinada a relevar a medio plazo la renta mínima de inserción, y con la meta de ampliar «progresivamente» su cobertura «a todas las familias pobres, empezando por las familias con mayor vulnerabilidad». Un anticipo de por dónde pueden ir los tiros en su planteamiento nacional.

Intervencionismo en vivienda

También en sintonía discurren sus propuestas sobre vivienda. En el ideario de Errejón figura facilitar el acceso a la vivienda «equilibrando el mercado del alquiler», eufemismo con el que se refiere al establecimiento de topes a la subida del precio de los alquileres. Un enunciado menos vehemente que el de Podemos, que promete directamente «intervenir el mercado del alquiler para impedir subidas abusivas mediante el control de precios», pero con el que comparte el mismo espíritu, el de un dirigismo económico exacerbado so pretexto de facilitar el derecho al acceso a una vivienda digna.

En este contexto, el errejonismo plantea perlas intervencionistas como recuperar la cesión obligatoria de suelo para vivienda social en los nuevos desarrollos urbanísticos; fijar un sistema de incentivos pero también de «penalizaciones» a los pequeños propietarios «para generar una bolsa de alquiler a precios asequibles y recapitalizar el parque inmobiliario»; medidas para que el sector público «incentive» al privado a cambiar sus prioridades de inversión, o la prohibición por ley de vender vivienda pública protegida a fondos privados, convirtiendo «en perpetua la calificación de la vivienda protegida para evitar la especulación con ella al extinguirse la protección», citando como ejemplo el modelo vasco.

Empleo

Errejón, para quien la palabra desaceleración no parece existir de momento, al igual que para el resto de la izquierda populista, soñaba en la Comunidad de Madrid con una jornada laboral de 32 horas para los empleados públicos(frente a las 34 que plantea Iglesias en el ámbito nacional); volver a elevar las plantillas de funcionarios; mantener el poder adquisitivo de los salarios; recuperar derechos laborales, o propiciar la creación de miles de «empleos verdes». Con estos mimbres, mellizos de los que defendía en su antigua casa, da Errejón el salto a la política nacional.

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