Brexit: todos los caminos conducen a Irlanda

5 DIAS, Opinión

Cuando el Reino Unido firmó la Ley de Comunidades Europeas en 1972 adoptó el Tratado de Roma, por lo que la innumerable legislación de la CEE (Comunidad Económica Europea) se convirtió en ley allí. Todo parecía listo para que la Gran Bretaña finalmente “se sintiera europea”. Sin embargo, en pocos años comenzaron las dudas y pocos recuerdan que ya hubo un referéndum en el Reino Unido convocado para abandonar la CEE allá por 1975.

Con la llegada de Margaret Thatcher al poder, la década de 1980 se instaló en una especie de guerra de palabras de negociación entre Bruselas y la dama inamovible en cualquier ronda presupuestaria de la UE. El Reino Unido obtuvo a menudo ventajas en los compromisos presupuestarios, los cuales dejaron a Francia y Alemania sintiéndose en dificultades para cumplirlos.

En Irlanda, durante la década de 1980, Margaret Thatcher imponía un trato cada vez más severo a los republicanos irlandeses, lo que condujo a una serie de huelgas de hambre en prisión en las que murieron diez personas (episodios recordados en 2008 en la oscura, pero excelente, película de Steve McQueen Hunger, que les recomiendo).

Durante esos días oscuros, 64 personas también murieron fuera de la prisión, en tiroteos y bombardeos en las calles de Irlanda del Norte. Todavía recuerdo esos años con un escalofrío de miedo. Este periodo se hizo cada vez más severo en medio de una sombría perspectiva económica, hasta que el legendario político John Hume (SDLP) recurrió a dos políticos estadounidenses de ascendencia irlandesa, el presidente Ronald Reagan y el presidente de la Cámara de Representantes Tip O’Neill. En primer lugar, los unió en una causa común: internacionalizar el problema del norte de Irlanda. Uno era republicano, otro demócrata. Posteriormente, Hume instó a estos poderosos políticos a explicar y utilizar la relación cada vez más estrecha de Irlanda y Gran Bretaña dentro de la UE para ayudar a unir a los Gobiernos irlandés y británico de una manera nunca antes vista. Una vez que los estadounidenses comenzaron a darse cuenta de cómo la UE podría ayudar a resolver el problema irlandés, con un aflojamiento de las restricciones fronterizas y un impulso hacia un mercado único, el proceso de paz en Irlanda tomó una forma embrionaria.

En la década de 1990 este paradigma se intensificó de la mano de Bertie Ahern y Tony Blair (primeros ministros de un nuevo y confiado tigre celta irlandés y el Cool Britannia de Reino Unido) cuando ambos utilizaron el truco de la internacionalización del problema irlandés. A partir de entonces, Bill Clinton se atribuye gran parte del mérito, pero la UE debe tener su propia y justa parte. El final absoluto de los controles fronterizos en Irlanda se produjo gracias a la UE, no por Estados Unidos. Y como el político nacionalista irlandés John Hume a menudo decía a sus contrapartes unionistas: “Miren, me siento irlandés primero y europeo segundo. Usted se siente británico primero y europeo segundo. Estupendo, entonces ambos somos europeos. Vamos a usar eso”.

En 2005 y 2006 trabajé para el Gobierno irlandés y el británico en una serie de misiones comerciales económicas en Estados Unidos. Asistí a la primera misión comercial conjunta de dos enemigos históricamente opuestos. Ver a los diplomáticos irlandeses y británicos trabajando juntos de esa manera para la mejora económica de la isla de Irlanda es simplemente imposible de imaginar ahora, después del Brexit.

Espero que este breve paseo por la historia anterior le recuerde, querido lector, por qué el Brexit es tan perjudicial para Irlanda. Significa que ya no somos europeos en el sentido en que Hume lo quiso decir. Si todas las reglas comerciales cambian, la frontera irlandesa, ahora invisible, volverá a ser visible. De eso no hay duda. Ya hay unos 142 sectores de intereses compartidos que surgieron del acuerdo de paz, pero, sin duda, algunos de los que viven en la frontera que se sienten irlandeses atacarán y desarmarán las estructuras fronterizas que se pongan allí. Las autoridades pondrán protección. Aquellos que ofrecen protección fronteriza tendrán armas. Y las necesitarán.

Cuando escribí sobre la frontera irlandesa por primera vez, en julio de 2018, nadie de fuera de Irlanda estaba considerando la frontera como el obstáculo del Brexit. Ahora que se ha acordado el backstop, el Gobierno conservador británico lo describe con frecuencia como el backstop odiado, aunque es aceptado por la gran mayoría de las personas en Irlanda, norte y sur, protestantes y católicos, unionistas y nacionalistas. Y, además, fue una idea británica tal como está planteada; no olvidemos eso. La idea de la UE era solo una salvaguarda a Irlanda. Eso fue neutralizado por el DUP (el Partido Unionista Democrático, socio del Gobierno británico) cuando fueron necesarios sus votos para mantener una mayoría. Ahora que Johnson ha terminado con la necesidad de confiar en el DUP, debería regresar al único backstop irlandés: mantener la alineación dentro de Irlanda y dejar al resto del Reino Unido divergir en asuntos aduaneros y comerciales.

La hipocresía de la posición británica actual realmente necesita ser resaltada aquí. La idea original del backstop de la UE era que se aplicaría solo a la isla de Irlanda (para garantizar un comercio sin fricciones). No era, repito, la idea de la UE incluir a todo el territorio del Reino Unido en el mercado único y la unión aduanera, solo a los seis condados de Irlanda del Norte. Pero entonces surgió un problema: Theresa May ya había destrozado su mayoría y necesitaba votos adicionales para formar un Gobierno. May se dirigió al Partido Unionista Democrático, un partido tan anticuado y duro que hace que Vox se parezca a Podemos. ¿Y qué querían ellos? Que no hubiera diferencia de trato en Irlanda del Norte respecto del resto del Reino Unido en lo que respecta al Brexit, a pesar de que habían exigido hipócritamente un tratamiento diferente cuando les convenía, en temas sociales. Theresa May cedió, y fue ella, obligada por el DUP, quien dijo a Bruselas que el backstop debería ampliarse e incluir a todo el Reino Unido. ¡Qué estupidez! Y cuán conveniente es que los conservadores hayan olvidado todo esto y los medios británicos y europeos parecen no mencionarlo nunca. Bueno: aquí lo acabamos de hacer.

Gavin Bonnar es Abogado y empresario irlandés, experto en derecho internacional

Leave a Reply

Sé el primero en comentar...

Notificación
avatar
wpDiscuz

Back to Top