Cisma alemán en el seno del BCE

EXPANSION, Mercados

Mario Draghi y Sabine Lautenschläger.

Las dimisiones de los miembros alemanes del Comité Ejecutivo a lo largo de los 21 años de historia del banco central ponen en jaque su estabilidad futura.

Las compras de deuda. Siempre lo mismo. El programa más atrevido de la política monetaria levantaba ampollas en el ala dura (hawks) del Banco Central Europeo (BCE) en los albores de la crisis de deuda europea, cuando todavía era sólo un plan, y levanta ampollas ahora, cuando se ha anunciado su reinicio para combatir la baja inflación.

Sabine Lautenschläger, una de las más críticas con la expansión monetaria, presentó el miércoles su dimisión y ayer, en una carta a los empleados de la institución, señaló que «se encontraba en una situación en la que es la mejor decisión que podía tomar». Porque los alemanes concilian mal que la institución compre deuda pública y corporativa y favorezca el endeudamiento en detrimento del ahorro conservador.

Mario Draghi abandonará la presidencia del BCE el próximo 31 de octubre entre la dimisión de Lautenschläger y la protesta pública de Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia y otros pesos pesados. Dejará un regalo envenenado de bienvenida a Christine Lagarde. La francesa hereda un BCE que no sólo tiene diversidad de opiniones, algo que podría ser enriquecedor para la autoridad monetaria, sino que se lleva la contraria de forma estruendosa y en público. Ahora, además, abierto el melón de las dimisiones, podría tomar un cariz casi de motín.

Es una situación con la que ya se tuvo que lidiar en 2011 y que también motivó la dimisión del representante alemán, el entonces economista jefe Jürgen Stark. Si a ello le sumamos la renuncia de Jörg Asmussen -aunque en su caso fue para enrolarse en el Gobierno alemán- ascienden a tres los miembros del Comité Ejecutivo con nacionalidad germana que han abandonado su puesto antes del fin de su mandato.

Pero, más allá de la sensación de falta de unidad que puede transmitir el organismo en un momento delicado para la economía, el impacto de las dimisiones a lo largo de los 21 años de historia del BCE se dejará sentir en las próxima renovación de la cúpula. En su origen, los banqueros centrales fueron nombrados con mandatos de distinta duración para provocar un escalonamiento en las renovaciones. Pero con varios miembros acortando su periodo en la institución esto ha saltado por los aires y, en 2027, deberán renovarse cuatro de los seis miembros del Comité Ejecutivo.

Esto provocará un cambio significativo en una institución que se caracteriza por la estabilidad y la continuidad y puede dificultar las tareas ordinarias, más allá de que los más de 3.600 empleados del banco seguirán en sus puestos. Además, el hecho de que el 66% de las renovaciones vayan a negociarse de golpe podría provocar una mayor injerencia por parte del poder político en los asuntos monetarios. La protesta alemana trasciende la simbólica oposición a las compras de deuda y podría crear un cisma en el futuro del BCE.

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