La República de China en su 70º aniversario: El choque de dos relatos

Economia, EXPANSION

Xi, ayer, en la gala previa al aniversario de la República popular.

La tradición democrática occidental y el autoritarismo chino luchan por la primacía en Hong Kong.

Aunque hoy se celebra el 70 aniversario de la fundación de la República Popular China, la fecha podía ser recordada por el choque de dos grandes relatos.

El presidente de China, Xi Jinping, prepara el mayor desfile militar de la historia de su país, con un impresionante despliegue por las calles de Pekín de tanques, aviones y misiles capaces de alcanzar EEUU en 30 minutos. Con esto, el gigante asiático intenta enviar un mensaje a los ciudadanos y al mundo de que el poder de China no puede ni debe subestimarse.

Mientras, en Hong Kong, que está bajo el control de China desde 1997, los manifestantes se preparan para otra de las manifestaciones en favor de la democracia que comenzaron hace casi cuatro meses. Como ha ocurrido en las últimas revueltas, algunos de los manifestantes, debidamente encapuchados, se afanan en pegar con cola en el suelo retratos del presidente para poder pisotearlos en su marcha.

Aunque el contraste simbólico no puede ser mayor, las disputas van aún más lejos. Parece como si los dos grandes frentes que conforman el clima actual -la tradición demócrata de Occidente y el poder autoritario de China- estuvieran a punto de retarse en duelo para defender sus posiciones de cara al Aniversario de hoy martes.

«Hong Kong y China Continental son totalmente diferentes, como dos mundos paralelos», sostiene Geoff Wong, un trabajador social que el sábado fue uno más de los miles de manifestantes que salieron a protestar por las calles del centro de Hong Kong.

Mientras Wong hablaba, un enorme cartel de neón situado en la fachada de CITIC Tower, donde está ubicado el cuartel general de una gran empresa estatal china, anunciaba la conmemoración del 70 Aniversario de la República Popular. Las pancartas improvisadas por los manifestantes expresan justamente el sentimiento contrario. «Cuando la tiranía es un hecho, la revolución es un deber», rezaba una.

La sombra

En cierto sentido, las protestas de Hong Kong son la sombra de China, una forma de resistencia a los poderosos impulsos que el estado chino ha prometido suprimir. Los líderes chinos califican las revueltas de violentas y caóticas y cualquier noticia sobre lo que ocurre en Hong Kong está totalmente censurada en la China continental.

Esta tensión se debe en parte al hecho de que la revolución de los paraguas de Hong Kong supone una afronta directa a la insistente narrativa del Gobierno Central de la República Popular China y a la justificación del partido Comunista para mantenerse en el poder.

Según los preceptos oficiales de Pekín, la celebración de los aniversarios de su régimen no son más que hitos en el camino hacia la fecha gloriosa de 2049 -cuando se celebrará un siglo de la ascensión del Partido Comunista al poder-. Para ese año se alcanzará la Gran Renovación de la Nación China, lo que significa que el país habrá alcanzado su esplendor económico y su reunificación territorial.

Xi manifestó en enero de este año lo que significa esto para Taiwán, la próspera isla en la que habitan veinticuatro millones de personas y que se independizó de China coincidiendo con la revolución Comunista, en 1949. La reunificación con Taiwán, manifestó el presidente Xi, «es un requisito inevitable para la gran renovación de la nación china».

Sin embargo, las protestas de Hong Kong ponen de manifiesto que la fórmula de «un país, dos sistemas», que Pekín aplicó a la ex colonia británica en 1997 -y propone para Taiwán- no goza de ninguna popularidad. Eso se debe en parte a la idea tan extendida de que Pekín ha coartado la libertad que prometió a Hong Kong con esa misma fórmula.

«La intervención política sin precedentes en Hong Kong y Taiwán ha inclinado drásticamente la balanza de la opinión pública en contra de Pekín y de su plan a largo plazo de asimilación territorial», opina Jude Blanchette, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, un think tank de Washington.

Por tanto, a pesar del impresionante despliegue militar de Pekín en la celebración de su aniversario, las protestas de Hong Kong presentan una historia alternativa a la doctrina que China pretende imponer en 2049.

Las cinco demandas de los manifestantes, que incluyen unas elecciones directas para el consejo legislativo y del jefe ejecutivo de su territorio, muestran una clara aspiración a conseguir la autodeterminación.

Sin embargo, Pekín no parece mostrar indicios de querer flexibilizar su autoritaria postura. «Sin un liderazgo firme y centralizado, China habría caminado hacia su división y desintegración», afirmaba Pekín en un documento hecho público la semana pasada.

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