El producto financiero que remató a Abengoa y a Carillion, hirió a Dia y amenaza a Aldesa

Empresas, EXPANSION

Central termosolar de Abengoa.

Moody’s alerta del uso del ‘confirming’ como deuda encubierta. Telefónica cambia la forma de contabilizar el ‘factoring’ inverso para dar transparencia.

Una herramienta financiera concebida para dar liquidez a las empresas se ha convertido en un arma capaz de llevar a esas mismas compañías muy cerca de la tumba corporativa cuando llegan a situaciones de estrés financiero. La española Abengoa y la británica Carillion han sufrido sus consecuencias, al igual que Dia, aunque con resultados menos dramáticos. Ahora es la constructora Aldesa la que lidia con sus efectos.

El producto en cuestión es el confirming o factoring inverso, una modalidad que permite a las compañías acordar con un banco o con un financiador el adelanto del pago a los proveedores y dilatar en el tiempo el repago de esa obligación a quien haya concedido el adelanto del dinero. En la práctica, este producto permite que los proveedores cobren muy pronto y las empresas paguen muy tarde, pero tiene un lado oscuro que Moody’s ha decidido denunciar.

«El factoring inverso está desarrollando una muy poco envidiable reputación de hacer peores las malas situaciones», señala la agencia. «El confirming contribuyó a impagos importantes como los de Abengoa o Carillion. También eleva el estrés en Dia, cuya capacidad para atender sus vencimientos de deuda en julio estuvo en duda hasta que la compañía recibió una significativa inyección de capital», explica el informe de Moody’s sobre esta herramienta financiera.

Pero los problemas para las empresas españolas por el confirming no terminan ahí. Moody’s acaba de rebajar el ráting de Aldesa hasta Caa1, una calificación que implica «riesgo sustancial» de impago. Y una de las principales incertidumbres de la constructora es que «la liquidez sigue limitada por el peligro de que los bancos no renueven sus líneas de confirming», afirma la agencia. «Cualquier cancelación de tales líneas, que Moody’s considera improbable en el corto plazo, causaría una presión inmediata sobre la liquidez de Aldesa», advierte.

La diferencia con el factoring tradicional es que no es el proveedor el que vende su factura, sino la empresa y que eso crea una obligación financiera que no está recogida como deuda bancaria, así que los inversores y el mercado no sabe nada de ella. Mientras que esta fórmula debería contribuir a elevar la liquidez de una compañía, cuando llegan los problemas lo que hace es mermarla, porque supone un riesgo adicional para las empresas si los bancos deciden cortar el grifo. «La dependencia excesiva de las líneas de confirming puede crear una vulnerabilidad crítica si la empresa no puede gestionar adecuadamente la cancelación de estas líneas», explica la agencia de ráting.

Dinero a plazos más largos

Otro problema añadido es que en muchos casos las empresas estiran esta financiación puente entre el proveedor y el banco más allá de los plazos tradicionales y la llevan a periodos más largos. La obligación financiera se incrementa en volumen, pero sigue sin aparecer como deuda. «A pesar de que se trata de una obligación de pago a un banco con una fecha fija, las prácticas contables actuales parecen permitir que este pasivo sea contabilizado como de acreedores comerciales y no como una deuda bancaria», destaca el informe.

El problema aparece cuando una compañía empieza a tener problemas y se descubre que sus obligaciones financieras son mucho mayores de lo que se pensaba. Moody’s hace una comparación entre los CoCos de la banca y el confirming de las empresas. Los primeros son deuda que se convierte en capital cuando el banco tiene problemas y lo ayudan a sobrevivir. El segundo es un producto financiero que se convierte en deuda cuando llegan las turbulencias y empeora la situación.

«El confirming no fue la causa principal de los problemas de Dia, pero los exacerbó en un momento crítico. La escala y la velocidad de la contracción en la disponibilidad de las líneas de factoring inverso contribuyeron de manera importante a la crisis de liquidez de la empresa», sentencia Moody’s.

La agencia insiste en que el principal problema es la opacidad: «Sin una transparencia adecuada, las líneas de confirming pueden permanecer ocultas en la estructura de capital hasta que llega una crisis en la que se desata la tensión, en cuyo caso caen dejando un gran agujero de liquidez que aumenta e intensifica el problema subyacente».

Moody’s ha desatado la batalla para que este riesgo oculto deje de serlo. «Dado que el proveedor recibe el pago el día 10, la empresa realiza el pago el día 120 y un banco (o parte similar) adelanta fondos para cubrir la diferencia, existe una justificación clara para que se incluyan ajustes para aumentar la deuda», reclama.

Algunas empresas han comenzado a ser conscientes de esta falta de transparencia y han dado un paso al frente para informar de manera más precisa a los inversores. Telefónica es una de ellas, según destaca Moody’s. La operadora española de telecomunicaciones reclasifica como deuda las obligaciones con acreedores comerciales cuando las cantidades exceden determinados volúmenes. Lo mismo hace Deutsche Telekom. Y hay quien va más allá. La holandesa Telenet desglosa al milímetro los acuerdos que tiene con los bancos para que sus proveedores sean pagados al instante mientras que ella solo repaga al banco a los 360 días e incluye todo eso en la deuda financiera, no en los acreedores comerciales.

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