Libra: ¿nonata o resurgente?

5 DIAS, Opinión

En una economía mundial desacelerada, se prodigan ahora los esfuerzos por eliminar riesgos de naturaleza geopolítica, como la guerra comercial y el Brexit. Si la tramoya se activa y cambia el escenario, seguirá habiendo un ciclo económico en su tramo descendente, pero el telón puede abrirse para que los actores del teatro geopolítico se entreguen a la escena de la trama más relevante: qué sistema financiero necesitamos en el siglo XXI.

Hay dos componentes fundamentales que están cambiando el mundo financiero. El primero, una política monetaria no convencional que se está prolongando más de lo que se esperaba y que tiene un gran debe –sacarnos de la crisis– y un gran haber –incapacidad para desactivarse y volver a la normalidad–. El segundo, una aceleración de la transformación digital inyectada en la sangre de los mercados y la banca.

La moneda digital de Facebook es un caso de estudio esencial de estos cambios en el sistema financiero. Libra ofrece, potencialmente, la posibilidad de una banca sin apenas intermediación, un sistema monetario alternativo y también, muchas dudas sobre la protección de la privacidad y las implicaciones para la estabilidad financiera. Criptomonedas hay desde hace tiempo con varias realidades innegables pasados unos años desde su incepción. Se trata de instrumentos financieros digitales que han logrado tener cierta relevancia como dispositivos de acumulación de valor. En muchos casos, fuera del alcance regulatorio.

Sin embargo, no han logrado ser una alternativa como sistemas de pago, no han acabado de resolver los problemas de volatilidad que les afectan y no puede ocultarse la proliferación de su uso para fines poco edificantes.

Cuando llegó Libra, todo ese mundo de dudas y de objetivos a medio alcanzar parecía tener un nuevo referente. Pero se quedó en el filtro más importante, el regulatorio. Todo lo que tenga un apellido como bancario acaba siendo objetivo de una abrumadora carga legal. Es la herencia de la crisis, la necesidad de preservar la estabilidad financiera.

Conscientes de ello, los padres del proyecto mantuvieron y mantienen reuniones con los reguladores para tratar de delimitar qué requerimientos normativos les serán de aplicación. Primero, delimitando qué es exactamente Libra. Las posibles adscripciones han variado desde su consideración como un derivado –puesto que trata de hacer cobertura del valor de su divisa con apoyo financiero de terceros– hasta entidad de pago, empresa de dinero electrónico o, más ampliamente, de banco minorista. Las conversaciones han continuado, sin que hayan faltado algunas muestras de claro desdén desde algunos ministerios de finanzas y bancos centrales, asegurando que Libra nunca operaría en sus jurisdicciones.

En todo caso, se han producido dos acontecimientos que han sido determinantes para dejar a Libra a un paso de ser un mega-proyecto nonato. El primero, la comparecencia de los dirigentes de Facebook ante el Congreso de los Estados Unidos para responder a las acusaciones de filtraciones de privacidad de sus usuarios. Una imagen y una realidad de fallos de seguridad que son mal precedente para actuar en el mundo financiero. El segundo, el temor entre varios de los principales socios de su consorcio a que el recelo regulatorio acabara volviéndose contra ellos y permeara desde su inversión en Libra hasta el núcleo de sus propios negocios, aumentado la presión normativa y reduciendo su capacidad operativa y, en sentido último, sus márgenes. Por eso, han abandonado el barco de Libra empresas como Visa, MasterCard, Ebay o Paypal.

Las dos primeras no quieren estar fuera de juego en el avance tecnológico, pero tampoco estropear su cómoda posición de operadores de pago a los que poco afectan los niveles de tipos de interés y las regulaciones bancarias. Ya han tenido problemas con autoridades de competencia en el pasado por el nivel de sus comisiones y no quieren volver por la senda del litigio. A Ebay o Paypal probablemente les preocupa más los problemas de seguridad que serían muy dañinos para el comercio electrónico o los pagos remotos que son su principal negocio. Ante el miedo, han saltado por la borda.

No sería aventurado pensar que Libra está muy tocado, con su posible salida al mercado extraordinariamente comprometida. Pero no se rinden. Aseguran que cuentan con más de 1.500 candidatos a engrosar su consorcio. Y que, entre ellos, al menos 180 cuentan con todos los requisitos para acabar entrando. Y señalan también que, entre esos posibles nuevos socios puede haber algún banco de tamaño considerable. Lo que puede reflejar un astuto cambio de estrategia. Es posible que Facebook esté planteándose establecer de forma muy clara, primero, cuál es su perfil regulatorio y cerrar con los reguladores un tratamiento que estos consideren adecuado. Si lo consigue, podría reducir incertidumbres y atraer a socios a los que la mochila regulatoria no les sea extraña: los bancos. Al fin y al cabo, estos están caminando por el otro lado del camino (de una enorme infraestructura física a otra digital) y pueden encontrarse en algún punto.

Podría ser conveniente para ambos, aunque ya no tengan algunas de las esencias megalómanas del proyecto original. En el peor de los casos para Facebook, el sistema financiero podría estar ahora siendo un banco de pruebas, un sandbox regulatorio para comprobar sus límites tecnológicos. Pero si no es Libra, otro será. La regulación es esencial, debe ser un mecanismo equilibrador pero también puede servir de sistema de prueba que calibre hasta dónde puede llegar la tecnología.

Francisco Rodríguez Fernández es catedrático de Economía de la Universidad de Granada y economista sénior de Funcas

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