El Brexit amenaza con dejar en casa a las mascotas

Empresas, EXPANSION

Si se produce un divorcio británico sin acuerdo, a los animales de compañía procedentes de este país se les exigirá un test serológico frente a la rabia y sólo entrarán en España a través de ciertos puntos.

A los británicos les preocupa que su país dé un portazo de mala manera a la aventura europea por múltiples razones. Porque encarecerá su nivel de vida de la noche a la mañana, porque les podría privar de medicamentos y productos cosméticos y, sobre todo, porque restringirá sus movimientos fuera de la isla. Por ejemplo, a destinos de cabecera como España. Pero el Brexit no sólo condicionará sus viajes. También sus mascotas pagarán caro un divorcio británico sin acuerdo si la Unión Europea no concede una tercera prórroga y se cumple el deseo de Boris Johnson de ejecutar un adiós a las bravas el próximo jueves.

Quizás sus dueños sean ya conscientes, o no, de las consecuencias de un Brexit duro. Pero quien se está encargando de hacer partícipe a las aerolíneas que operan en España del cambio drástico que se avecina si no hay pacto es el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

El departamento dirigido por Luis Planas lanzó el primer aviso en abril y, hace unas semanas, envió un nuevo recordatorio a las compañías aéreas. Si Reino Unido deja la UE sin sellar un acuerdo, pasará a ser considerado un tercer país. Ni sus ciudadanos tendrán la consideración de comunitarios ni tampoco sus animales de compañía, que serán sometidos a más controles a su entrada a España.

En la práctica, la nueva realidad se traduce en que las mascotas procedentes de Reino Unido sólo podrán entrar al territorio nacional a través de los puertos o aeródromos autorizados como Puntos de Entrada de Viaje ros Autorizado (ver gráfico adjunto).

El propietario de un perro, un gato o un hurón deberá presentar ante el resguardo fiscal (Guardia Civil) la siguiente documentación del animal: un certificado zoosanitario firmado por un veterinario oficial de Reino Unido -como mínimo, en castellano- y una declaración, ambos siguiendo los modelos que estipula la Unión Europea. Y, además, una copia certificada de los datos de identificación y vacunación del animal -el máximo que se permite son cinco para que no se considere que el desplazamiento tiene un fin comercial-. No es todo. Perros, gatos y hurones deberán llevar, asimismo, su microchip de identificación y estar vacunados frente a la rabia -los requisitos para moverse a nivel comunitario- y, he aquí el gran cambio, haber sido sometidos a un test serológico frente a la rabia en un laboratorio autorizado por la Unión Europea.

Sólo se autorizará su entrada si se han cumplido tres meses de la fecha de extracción de la muestra de sangre, lo que obligará a los dueños de perros y gatos -las mascotas preferidas por los británicos- a planificar sus viajes con mucha más antelación o a dejarlos en casa si improvisan unas vacaciones en España. De hecho, entre las indicaciones a sus ciudadanos en torno al Brexit, el Gobierno británico alerta de que, si no hay acuerdo antes del 31 de octubre, quienes quieran desplazarse a suelo europeo con sus mascotas tendrán que iniciar el proceso al menos cuatro meses antes del viaje.

La advertencia a las aerolíneas sobre el nuevo contexto tiene como objetivo impedir embarcar con destino a España a cualquier animal que no vaya a un aeropuerto autorizado o que no cumpla los requisitos sanitarios.

Pero, ¿y qué sucedería si, pese al filtro previo al embarque, un británico aterriza en un aeródromo español sin que su mascota se adecúe a la normativa? Dos son los escenarios posibles: enviar al animal a Reino Unido en el siguiente vuelo o ferri, o tenerlo en cuarentena el tiempo que sea necesario hasta que reúna las condiciones sanitarias para hacerlo. En uno u otro caso, será el contribuyente británico el que asumirá la factura correspondiente.

Los avisos no acaban aquí. Toby, el perro de su vecino, bien podría verse en una situación comprometida si su dueño no está atento, ya que, si por poner el caso, ha viajado con su propietario a pasar el fin de semana a Londres, a su vuelta deberá cumplir los mismos requisitos que su pariente británico: entrar por un Punto de Entrada de Viajeros Autorizado, llevar el pasaporte europeo de animales de compañía y un informe de un laboratorio autorizado con el resultado del test serológico frente a la rabia. O bien, la misma documentación que se le exige a los animales originarios de Reino Unido. ¿La ventaja? Que al perro español no se le reclamará que, si el test se ha hecho en España, se haya realizado con tres meses de antelación. Fuentes de la Dirección General de Sanidad de la Producción Agraria de Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación apuntan que, «aunque el riesgo sanitario no es elevado en Reino Unido, este tipo de cuestiones son los inconvenientes propios inherentes al Brexit».

En virtud de lo establecido por el Reglamento UE 577/2013, hay dos listas de terceros países a partir de los que no es obligatorio someter a perros, gatos y hurones que se desplacen a un Estado miembro a una prueba de valoración de anticuerpos de la rabia. Una distingue a aquellos países con normas similares a las vigentes en Europa -Suiza, Noruega o Croacia, entre otros- y, la otra, a aquéllos que hayan demostrado cumplir los criterios que fija Bruselas -Argentina, Emiratos Árabes Unidos, Canadá o Japón-. Hasta que Reino Unido no pase a formar parte de una de ellas, España quiere que cualquier contratiempo relacionado con los animales domésticos se produzca en terreno británico. De ahí la urgencia a las aerolíneas y a compañías de ferries como Brittany Ferries para que informen de los requisitos a los propietarios y denieguen el embarque a quienes viajen con mascotas a aeropuertos no incluidos en el listado o que no dispongan de la documentación adecuada.

La petición, no obstante, tiene sentido en un reducido número de casos, ya que no todas las compañías aéreas transportan mascotas – como las de bajo coste- y muchas de las que sí lo hacen no ofrecen este servicio a Reino Unido. Fuentes del sector explican que la restricción responde al intento de sortear incidentes en ese país, donde las mascotas pueden verse en peligro si no cumplen las condiciones de entrada.

El 40% de los hogares británicos tiene mascotas, según la Asociación de Fabricantes de Comida para Animales Domésticos (PFMA, por sus siglas en inglés).

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