¿Estará la economía argentina a salvo en manos de los peronistas?

Economia, EXPANSION

Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández, los candidatos del peronismo, durante un mitin el pasado jueves en Mar del Plata (Argentina).

Todas las encuestas otorgan la victoria al duo peronista Alberto Fernández/Cristina Fernández de Kirchner en los comicios de mañana. El peronismo podría volver al poder en un contexto económico crítico para el país.

El ganador en las elecciones que se celebrarán mañana en Argentina heredará una de las situaciones económicas más inviables del mundo.

La inflación asciende al 55% anual, la economía está sumida en una profunda recesión, la pobreza aumenta, miles de millones de dólares han abandonado el país, el peso se ha desplomado y Argentina no puede pagar sus 100.000 millones de dólares (90.000 millones de euros) de deuda exterior. Parece una historia demasiado familiar en un país que a principios del siglo XX aspiraba a alcanzar los niveles de prosperidad europeos, pero que no ha dejado de decepcionar desde entonces.

Esta vez se suponía que la situación iba a ser distinta: Mauricio Macri, descendiente de una de las familias más ricas del país, llegó al poder hace cuatro años prometiendo que sus políticas favorables al mercado y sus conocimientos empresariales enderezarían finalmente la economía argentina.

Pero, tras una serie de errores que derivaron en otro rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI) el año pasado, Macri ha conseguido lo que pocos creían posible, según un alto ejecutivo de un banco internacional de Buenos Aires: entregará la economía de Argentina en una situación peor a la que heredó en 2015 de Cristina Fernández de Kirchner, una política de izquierdas criticada por los inversores internacionales por los constantes episodios de intervencionismo estatal.

Macri se presenta para un segundo mandato, pero pocos esperan que gane, ni siquiera en su propio equipo. Las elecciones primarias nacionales celebradas el once de agosto, consideradas un barómetro del sentimiento electoral, las ganó cómodamente el principal candidato de la oposición, el peronista de centro-izquierda Alberto Fernández, compañero de Fernández de Kirchner, y rival de Macri.

El aún presidente argentino ha intentado relanzar su campaña desde entonces bajo el lema #Sí se puede. Pero recientes encuestas de opinión -no siempre fiables- sugieren que la ventaja de Fernández puede haberse ampliado.

Un último sondeo publicado por el periódico Clarín prevé que los peronistas ganarán por un margen aplastante de entre 16 y 22 puntos porcentuales, más que suficiente para evitar una segunda vuelta.

Críticas a Macri

Macri ha sufrido críticas desde ambos bandos: los liberales se lamentan de que no actuase más deprisa al comienzo de su mandato para recortar el presupuesto hinchado de Argentina y por depender en exceso de los tipos de interés para rebajar la inflación en un país adicto a las subidas regulares de los precios. La izquierda se queja, principalmente, de que Macri ha gobernado para los ricos.

La confianza del mercado se hundió tras el resultado de las primarias de agosto, ya que los inversores temen que el regreso del peronismo al poder traiga de nuevo las políticas de Estado intervencionistas aplicadas por primera vez por el general populista Juan Perón en la década de 1950.

Las fuertes caídas del peso y de la Bolsa obligaron a Macri a reimponer los controles de divisas que eliminó al comienzo de su mandato. Pero 12.000 millones de dólares habían abandonado ya el país desde las primarias, y los economistas advierten que el mercado argentino puede hundirse a menos que el ganador actúe con rapidez.

«La agenda es la misma, gane quien gane», asegura el consejero delegado de una importante empresa argentina. «Los controles de divisas tendrán que mantenerse, la deuda debe renegociarse y el mercado seguirá cerrado por el momento para Argentina y sus empresas… luego está el alto gasto público, el déficit presupuestario y la inflación desbocada: cualquier programa económico tiene que reducir la inflación».

La necesidad más urgente es renegociar la deuda del país, que se disparó bajo la administración Macri, debido principalmente al programa de rescate récord por 57.000 millones de dólares del FMI que solicitó en plena crisis de la divisa el año pasado.

El problema, según señala Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella de Buenos Aires, es que Argentina necesita cerrar un acuerdo sobre la deuda rápido para no quedarse sin dinero, y es poco probable que los acreedores lo acepten a menos que se les ofrezcan unas condiciones generosas.

El fondo, no obstante, todavía sufre las consecuencias del mayor préstamo de su historia y es probable que presione a los bonistas para que asuman pérdidas cuantiosas y asegurarse que no se le acuse de prestar dinero público para rescatar a inversores privados.

El FMI no ha llevado a cabo más desembolsos del crédito a Argentina desde el hundimiento del mercado en agosto. Su nueva directora gerente Kristalina Georgieva aseguró la semana pasada que el fondo mantenía su «pleno compromiso para trabajar con Argentina» y que estaba «muy interesado en ver qué marco político se aplicaría».

Pero, con Fernández como probable ganador, el fondo se prepara para mantener unas negociaciones incómodas. El candidato peronista ha sido muy crítico con el FMI durante su campaña, alegando que debería compartir la responsabilidad de los apuros del país con Macri, y acusándolo de facilitar las salidas de capital con su préstamo récord. «Pero nada de lo que [Fernández] ha dicho hasta la fecha indica que no sea posible llegar a un acuerdo», explica un financiero internacional cercano a las discusiones. Algo que preocupa más a la comunidad empresarial de Buenos Aires son las políticas que puede seguir Fernández para revivir la enferma economía.

Como jefe de Gabinete durante la presidencia peronista de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007, actuó con moderación y pragmatismo. Siguió en el cargo cuando la mujer de Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, se convirtió en presidenta, pero dimitió cuando ésta decidió aplicar fuertes impuestos a las exportaciones de los agricultores del país.

Desde entonces, Fernández se ha mantenido fuera del primer plano, ejerciendo como consultor político, abogado y profesor de universidad hasta que Fernández de Kirchner anunció en mayo que se presentaría como vicepresidenta a su lado. El movimiento se consideró un golpe maestro, ya que permitía a Fernández de Kirchner volver de forma parcial al poder pese a los altos índices de desaprobación de los votantes tras presidir un periodo de mala gestión económica y corrupción pública descontrolada. La estrategia ha funcionado hasta el momento. Fernández de Kirchner ha hecho campaña por todo el país mientras que su candidato a la presidencia ha realizado pocas apariciones.

Cambio de dinámica

Pero los analistas políticos sostienen que esta dinámica podría cambiar una vez que la pareja ascienda al poder. «Alberto Fernández es un caballo de Troya transparente», asegura Luis Tonelli, presidente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires. «Se puede ver a través de él: en su vientre está Cristina Fernández de Kirchner».

Tonelli explica que uno de los primeros retos de Fernández tras una victoria será definir su relación con su socia. «Los dos se odiaban [cuando dimitió] y siguen odiándose», asegura. «Pero ella cuenta con la mayoría de la estructura política del kirchnerismo y de los votos, y Alberto no tiene nada… Será muy difícil para él. Está atrapado entre la espada del FMI y la pared del kirchnerismo».

Existe un consenso generalizado en que Fernández de Kirchner intentará librarse de nueve investigaciones distintas por corrupción que se remontan a su época en el poder. «Su prioridad es que tanto ella como su familia escapen a los problemas legales», explica Walter Stoeppelwerth, director de inversiones de Portfolio Personal Inversiones. «Y la prioridad de Alberto Fernández es hacer que los problemas de ella desaparezcan. Es muchas cosas, pero no es tonto. Es muy inteligente, aunque no se rodea de las personas más inteligentes».

Además de las tensiones potenciales con su antigua jefa, los analistas temen que Fernández tenga problemas para mantener unida una coalición dispar que comprende desde economistas ortodoxos a activistas sociales radicales que tienen poco en común aparte del deseo de acabar con el Gobierno de Macri.

«Esta coalición no durará mucho», afirma Jimena Blanco, responsable de análisis sobre el continente americano de la consultora Verisk Maplecroft. «Terminará rompiéndose debido a las políticas e ideologías chocantes dentro de ella. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo».

Fernández ha evitado casi por completo las entrevistas o las ruedas de prensa con los medios de comunicación internacionales durante su campaña, y sólo ha dado vagas pinceladas sobre su política económica, que gira en torno a la renegociación de la deuda, un pacto nacional para controlar la inflación y la reactivación del crecimiento estimulando el consumo interno. Puede que su decisión más importante, asumiendo que gane, sea la elección de un ministro de Economía. El elegido encabezará las complejas renegociaciones de la deuda con el FMI y los bonistas privados, y asumirá la tarea de revivir la economía.

Los dos nombres de su círculo interno que más se mencionan son sus asesores económicos Matías Kulfas y Cecilia Todesca, que ocuparon puestos de responsabilidad en el Banco Central durante la presidencia de Fernández de Kirchner, pero que se considera que carecen de experiencia.

En cambio, Martín Redrado, Guillermo Nielsen y Emmanuel Álvarez Agis, todos ellos destacados funcionarios económicos durante los años de Kirchner, serían candidatos más «favorables al mercado».

Otra decisión será el grado de apertura de Argentina al comercio y la inversión del resto del mundo. «Estar abierto al exterior no significa ser estúpido», advierte una fuente próxima a Fernández. «Macri se rindió ante el mundo sin contraprestaciones. Queremos una relación con el resto del mundo que beneficie a Argentina».

Hay poco optimismo sobre la capacidad de un nuevo gobierno para abordar unos problemas económicos profundamente arraigados. «El estado de la economía de Argentina es un síntoma de nuestra cultura», explica Eduardo Costantini, un promotor inmobiliario y coleccionista de arte multimillonario. «No es una cuestión de errores técnicos».

El problema de Argentina es su negativa a vivir dentro de sus medios, sostiene, señalando que el peso ha perdido el 98% de su valor frente al dólar en las sucesivas devaluaciones desde 1991. «Aquí no aceptamos los sacrificios necesarios para reducir la inflación», dice, bromeando fríamente con que la austeridad es «palabra prohibida».

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