Los cinco retos del BCE de Lagarde

EXPANSION, Mercados

Christine Lagarde llega el 1 de enero al Banco Central Europeo (BCE). Suya será la responsabilidad de articular la política monetaria de la región desde la presidencia de la institución, un sillón que ha ido cogiendo cada vez más lustre hasta el punto de pasar de ser considerado un puesto exclusivamente técnico a ser uno de los más mediáticos y con mayor poder de la zona euro.

Recoge el testigo dejado por Mario Draghi, conocido como el salvador del euro, y se pone un traje que no cualquiera podría llenar. Tendrá ocho años para demostrar su valía y muchos retos en un camino que ni mucho menos será de rosas.

  • Un BCE dividido. Draghi, caracterizado por sacar adelante sus ideas y estrategias con escasa negociación y sin buscar amplios consensos, deja el BCE convertido en un polvorín, donde los debates internos y normales del organismo han dado lugar a sonadas críticas y manifestaciones públicas de disconformidad. La banquera francesa deberá emplear una parte importante de su tiempo y sus recursos en reconstruir esa estabilidad si no quiere que sus ocho años de mandato se hagan muy largos. La presión es máxima.
  • Una política monetaria agotada: De nuevo, la sombra del banquero italiano. Draghi hizo lo que fue necesario para sostener el euro, pero lo necesario fue más de lo que habría imaginado inicialmente. Con los tipos en el -0,5% y un programa de deuda que chocará en apenas un año contra los límites que el propio BCE se impuso en su creación, las armas en materia de política monetaria que le quedan a Lagarde son más bien escasas. Como el italiano, deberá buscar nuevas formas de estimular la economía, si es que todavía existen. La creatividad de nuevo al servicio de los creadores de dinero.
  • Una política fiscal que no aparece: Se dice de Lagarde que su carácter político hace de ella una excelente negociadora. A falta de un perfil técnico, jugará fuera de Fráncfort las partidas más importantes. La francesa deberá susurrar al oído de Emmanuel Macron, presidente de Francia y, sobre todo, de Angela Merkel, canciller de Alemania, para lograr esa política fiscal expansiva que se le ha negado a su predecesor durante años. El consejo de Gobierno ha reconocido de forma unánime que es lo que necesita la zona euro para que la inflación se dirija al objetivo de cerca, pero por debajo del 2% en un entorno de desaceleración económica y medidas monetarias exhaustas.
  • Una nueva estrategia: Durante la presidencia de Lagarde, además, el BCE deberá revisar sus objetivos. Esta patata caliente que hereda de Draghi supone replantear completamente la estrategia fundacional del organismo al volver a definir el concepto de estabilidad de precios que marca su mandato. Si se define de forma distinta, o se cambia la cifra objetivo al 3% o al 1%, las implicaciones para la política monetaria a desarrollar serán enormes. Lagarde estará asesorada, eso sí, por figuras de talla mundial como Philip Lane, su economista jefe, que velará por ella -inexperta en lo que a bancos centrales se refiere por su perfil más político- durante casi la totalidad de su mandato.
  • Estabilidad financiera en jaque: Todavía no se conocen los efectos a largo plazo de las herramientas no convencionales de política monetaria. La valoración de algunos activos, especialmente de la renta fija, se ha elevado hasta proporciones que muchos catalogan ya de burbuja. Lagarde será con toda seguridad la que tenga que lidiar con las consecuencias de la arriesgada apuesta de Draghi por devolver a la zona euro a la senda del crecimiento tras el impacto de la crisis.

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