La familia Sackler y el imperio de los opiáceos

Empresas, EXPANSION

Los hermanos Sackler.

Los dueños de Purdue Pharma apuntalaron su fortuna gracias al superventas ‘OxyContin’. Hoy, la compañía está en bancarrota.

La exquisitez y la reputación de la familia Sackler se encuentran hoy tan por los suelos como las más de 130 personas que morirán un día cualquiera en Estados Unidos por sobredosis de opiáceos.

Detrás de esta lacra, que supone de lejos la mayor causa de muerte en el país por razones no naturales y que está reduciendo la esperanza de vida de los americanos, emerge como una sombra negra y gigantesca Purdue Pharme, el laboratorio situado en el epicentro del desastre. Esta compañía altamente rentable y que nunca ha cotizado se encuentra en manos de la familia Sackler, la decimonovena saga más rica de Estados Unidos y dueña de una fortuna de 12.000 millones de dólares (10.800 millones de euros), según la revista Forbes.

De Polonia a Brooklyn

Los Sackler, una familia judía cuyos patriarcas, Isaac y Sophie, emigraron de Ucrania y Polonia para instalarse en Brooklyn (Nueva York), eran suficientemente ricos, pero se convirtieron en multimillonarios gracias a OxyContin, el medicamento estrella de Purdue. Este analgésico basado en la oxicodona se lanzó en 1996 limitado inicialmente a enfermos terminales o a tratamientos postquirúrgicos. Poco después, aupado por una enorme campaña, el uso de los opiáceos, con el OxyContin a la cabeza, comenzó a recetarse de manera habitual para el dolor crónico. Se estima que el analgésico ha aportado unas ganancias de 35.000 millones de dólares a Purdue y, por ende, a los Sackler.

Los hermanos psiquiatras Arthur, Mortimer y Raymond Sackler habían comprado Purdue en 1952. Además de hombres de ciencia y empresarios, eran expertos en técnicas de ventas. Según consta en las decenas de denuncias que se agolpan en los tribunales federales de Estados Unidos, los gestores de Purdue Pharma convencieron durante años a los médicos de la eficacia del OxyCondin, del que aseguraron que no tenía efectos adictivos. La realidad, no obstante, no siguió la receta prescrita. El OxyContiny otros analgésicos de la familia de los opiáceos han sido los responsables de una pandemia que se ha cobrado la vida de más de 200.000 personas en Estados Unidos por sobredosis de medicamentos con receta entre 1997 y 2017, con un coste económico que las cifras más conservadoras estiman en cerca de 80.000 millones de dólares al año, pero que algunos estudios disparan hasta los 600.000 millones de dólares anuales.

A los Sackler, sin embargo, les costará mucho menos. Purdue Pharma tuvo que pagar en 2007 una multa de 600 millones de dólares, entonces considerada histórica, por no advertir de los efectos adictivos del Oxycontin.

Pero el analgésico continuó en el mercado y la pandemia siguió creciendo. El desastre, que afecta sobre todo a las zonas más pobres del país, se tradujo en más de 2.500 denuncias por parte de ciudades, condados, estados, hospitales, instituciones y hasta tribus indígenas, muchas de las cuales colocaba en el medio de la diana a Purdue Pharma y a varios miembros de la familia Suckler, que renunciaron en bloque a formar parte del consejo de la compañía a comienzos de año.

Acorralados por una acción judicial masiva sin apenas precedentes, los Sackler han llegado a un acuerdo preliminar que se estima en 12.000 millones de dólares y que, a falta de que lo ratifique un juez, les liberaría al menos de momento de los tribunales. Por un lado, Purdue Pharma se declara en suspensión de pagos y se crea una nueva sociedad que dedicará los ingresos derivados del OxyContin y de otros medicamentos a paliar los efectos de la crisis. Por otro, los Sackler ceden el control del laboratorio y acuerdan pagar 3.000 millones de su fortuna y el importe derivado de la venta de su filial internacional Mundipharma, estimada en unos 1.500 millones.

No culpables

El acuerdo no incluye que la saga asuma su culpabilidad. El pacto tampoco supone que el camino haya quedado despejado para la familia Sackler. Hasta 24 estados, entre los que se incluyen California y Nueva York, se han desvinculado de la propuesta y todavía hay denuncias pendientes, algunas de las cuales apuntan al patrimonio que los Sackler podrían haber transferido a Suiza.

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