Las tres herramientas que Bankia baraja para premiar a su accionista

Empresas, EXPANSION

El consejero delegado de Bankia, José Sevilla.

El banco contempla recomprar acciones y un dividendo extraordinario. La entidad nacionalizada acelerará la limpieza de su balance del ladrillo que aún mantiene.

El nuevo entorno de tipos aún más negativos promovido por el Banco Central Europeo (BCE) ha trastocado los planes de Bankia de alcanzar un beneficio neto de 1.300 millones en 2020. Sin embargo, los responsables de la entidad nacionalizada reiteraron ayer, durante la presentación de resultados correspondientes al tercer trimestre del año, su promesa de repartir 2.500 millones de euros entre sus accionistas antes de que finalice el próximo ejercicio.

El banco presidido por José Ignacio Goirigolzarri avanzó su intención de cumplir su compromiso de premiar al accionista con todo el capital que exceda el 12% de la ratio de máxima calidad (CET1 fully loaded). Hasta el momento, Bankia ya tiene identificada una partida que asciende a 1.280 millones de euros: suma tanto los 354 millones de dividendo pagado con cargo a los resultados de 2018 como los 292 millones de dividendo ya prometidos y derivados de los beneficios de 2019. Además, contabiliza otros 634 millones a los que podría recurrir y que corresponden al exceso de capital regulatorio por encima del 12%, el umbral estándar del sector.

Es decir, que Bankia, a falta de un año y tres meses, considera que puede alcanzar sin problemas un 51,2% de su compromiso. Los tipos de interés aún más negativos impedirán a la entidad lograr los objetivos de beneficios esperados, por lo que la generación orgánica de capital se verá mermada durante lo que queda de plan estratégico. Para sortear esta dificultad, la entidad considera que podrá jugar con hasta tres herramientas distintas y complementarias para premiar a sus accionistas sin rebajar las ratios regulatorias más allá de lo previsto.

Las dos primeras son la aprobación de futuras entregas de dividendos, ordinarios o extraordinarios, que se sumen a los 646 millones ya pagados o comprometidos entre enero de 2018 y septiembre de 2019.

La tercera opción es un potencial buyback aprobado por el consejo de administración. Con esta posibilidad, la entidad nacionalizada recompraría una determinada cantidad de acciones, que posteriormente amortizaría. De esta manera, las acciones de Bankia en circulación se reducirían, así como su capital, si bien contaría con un potencial de revalorización mayor al disponer de una compañía con un mismo valor total a repartir en un menor número de participaciones.

Esta posibilidad obtuvo recientemente el visto bueno implícito del BCE, según dejó entrever el consejero delegado de Bankia, José Sevilla, durante la presentación de resultados. El pasado 18 de octubre, el supervisor bancario único, hasta ahora reticente a este tipo de operaciones, autorizó un buyback de 400 millones de euros por parte del banco austriaco Bawag Group.

Aunque el banco español no ha debatido específicamente el tema de un posible buyback con los equipos supervisores del BCE, los responsables de la entidad ven un cambio en el criterio en las autoridades y consideran que el hecho de que el Mecanismo Único de Supervisión haya aprobado una operación de esta naturaleza para el sector bancario austriaco abre la puerta a que Bankia se plantee hacer lo mismo.

Saneamiento acelerado

Mientras se deciden las opciones para la devolución de parte del exceso de capital a los accionistas, Bankia ha seguido dando pasos para sanear su balance y limpiar los últimos restos de su legado inmobiliario improductivo. La entidad nacionalizada incrementó un 14,5% las provisiones durante los nueve primeros meses del año respecto al mismo periodo de 2018 con la intención de elevar los niveles de cobertura de la cartera inmobiliaria y acelerar la desinversión de la misma. Al aumentar la cantidad provisionada, el banco podrá realizar ventas al por mayor aplicando mayores descuentos sin que por ello se registren pérdidas contables significativas.

Sevilla calificó esta medida como un ejercicio de «autoexigencia» destinado a acelerar la limpieza de su balance y despejar el horizonte del banco lo antes posible. El objetivo de Bankia es desaguar la práctica totalidad de su legado improductivo para 2021, de forma que si se produjera un potencial cambio de escenario en el sector del ladrillo, éste no causara ningún efecto en la entidad.

A falta de que las nuevas provisiones permitan acelerar las ventas, hasta el momento, Bankia ha logrado reducir su cartera de activos tóxicos (NPA, por sus siglas en inglés) en 7.300 millones de euros, de forma que solo le restarían otros 1.600 millones para cumplir con el objetivo fijado en el plan actual plan estratégico, que dejaría la ratio de NPA netos por debajo del 3%.

A la vez que se suelta lastre inmobiliario, el banco ha continuado elevando su inversión en el segmento hipotecario, que ya supera los 107.000 millones de euros. En opinión de Sevilla, la nueva cartera tiene una calidad muy superior a la del pasado: las nuevas operaciones, de las que cerca de la mitad se firman a tipo fijo, se formalizan con una financiación que de media solo alcanza al 65% del valor de la vivienda (el límite aconsejable del loan to value en el sector está fijado en el 80%).

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