Los empresarios temen que la violencia arruine Cataluña

Economia, EXPANSION

Varios manifestantes lanzan botellas de cristal durante los disturbios en la Plaza de Urquinaona, en Barcelona, el pasado 18 de octubre.

Los principales empresarios catalanes temen que la violencia desatada por el procés arruine décadas de esfuerzo de toda una sociedad para situarse en la vanguardia. Las principales patronales critican abiertamente la dinámica que impulsa el separatismo encabezado por el Govern y el president Torra, mientras la empresa local y clientelar se pliega al mensaje nacionalista por intereses cortoplacistas y miedo al fundamentalismo que se está apoderando de las calles de Cataluña.

Los empresarios catalanes se mueven entre la esperanza, el desasosiego y el activismo. Esperanza en que la violencia desatada en Cataluña tras la sentencia del procés, e impulsada desde el propio Govern de la Generalitat, empiece a remitir en algún momento y se abra algún cauce para recuperar una cierta normalidad. Desasosiego porque el soberanismo, con Carles Puigdemont desde Bélgica y Quim Torra desde la Generalitat, ha iniciado un camino de no retorno que conduce hacia el precipicio y el suicidio colectivo de Cataluña. En el entorno de Torra no se atisba ningún gesto. Y hay también un pequeño empresariado, bastante numeroso, local y en buena medida clientelar que, por convicción o por temor a discrepar, se ha sumado a la causa política del independentismo.

Salvo algunas excepciones, la gran empresa catalana no aprueba la deriva que ha tomado el nacionalismo. Hay claros intereses en ello. Cataluña tiene alrededor de 18.000 empresas exportadoras que venden unos 65.000 millones en mercados exteriores. Y de esos, más de 40.000 millones en la Unión Europea. La independencia de España provocaría la pérdida del mercado europeo, lo que obligaría a muchas empresas, fundamentalmente las más grandes, a deslocalizarse para no quedar fuera de juego. Ya no se trataría sólo de traslado de sedes sino de centros productivos, con lo que eso supone en términos de empleo. Pero es que, además, el principal mercado de las empresas catalanas es el resto de España, donde venden alrededor de otros 40.000 millones de euros. Una vez más, una gran parte del tejido industrial y de servicios de Cataluña quedaría seriamente dañado y sin capacidad de respuesta. En ambos casos, la deriva independentista tiene un coste social para Cataluña de gran magnitud. De ahí que las grandes patronales como CEOE, el Instituto de la Empresa Familiar, Fomento del Trabajo o Empresaris de Catalunya hayan sido tan críticos con la deriva independentista y el desafío del procés. Aunque en ocasiones se han dado situaciones paradójicas que sólo se explican por el clima de presión que la Generalitat ha implantado sobre el discrepante. La imagen se pudo ver hace sólo unos días en la asamblea de la patronal Cecot, donde gran parte de los mil asistentes gritaron libertad puestos en pie y en presencia del president Torra durante varios minutos, en clara referencia a los políticos ya condenados por el Supremo. Bien es cierto que buena parte de las empresas asociadas a Cecot tienen un perfil muy local y están situadas en zonas donde el separatismo se ha hecho con la calle, lo que las deja muy expuestas. Otro buen número de empresas forma parte de la red clientelar que el nacionalismo ha ido creando en Cataluña. A pesar de todo, menos de la mitad de los empresas asociadas a Cecot secundaron la huelga general de la pasada semana.

Los líderes independentistas son conscientes de que a través de los medios de comunicación y del sistema educativo han conseguido adoctinar y movilizar a una buena parte de la sociedad, pero que aún no cuentan con el apoyo de otro importante grupo de la sociedad civil representado en los empresarios. La fuga de empresas de Cataluña -más de 5.000 empresas han trasladado su sede- ante la fallida declaración de independencia fue un fallo estratégico de los impulsores del procés y sus instrumentos, la ANC y Omniúm Cultural, que ahora intentan corregir. La toma de control de la Cámara de Barcelona es una clara expresión de este movimiento. Con sólo el 3% del censo, los nacionalistas con Joan Canadell a la cabeza y con la ayuda de la ANC, se han hecho con el control de la Cámara, gracias al apoyo de la Generalitat, que permitió el voto electrónico para dilucidar los nuevos órganos de gobierno. Por esta razón buena parte del empresariado catalán valora positivamente el anuncio de Sánchez de un decreto para combatir la república digital catalana.

La movilización digital de los independentistas, unido a la escasa participación de la mayor parte de las empresas, que tampoco querían significarse ante los separatistas, fue lo que hizo posible la llegada de Joan Canadell a la Cámara. Canadell es definido por algunos empresarios catalanes como un político disfrazado de empresario. Con poco más de media docena de gasolineras en régimen de autoservicio no tiene mucho que perder y no parece el líder adecuado para representar a los emprendedores catalanes. Lo demuestra el hecho palpable de que todas sus declaraciones al frente del organismo económico son de orientación puramente política y para nada alineada con intereses económicos de la sociedad catalana. Muchos consideran que, por el contrario, Canadell es uno de los tapados que tarde o temprano aparecerá en la primera línea política, porque es ahí donde se sitúa su principal expectativa de futuro.

El mantra del diálogo

Muchos empresarios catalanes, contrarios en privado a la deriva separatista que impulsa la Generalitat, han optado sin embargo por mantener un discurso más moderado, parapetándose detrás del mantra del «diálogo», una calle sin salida dada la vehemencia con la que el nacionalismo ha emprendido el camino de no retorno.

La mayor parte suscribe en silencio las propuestas de Fomento del Trabajo y del Círculo de Economía, pero evitan cualquier posicionamiento público, al tiempo que consideran que la solución al problema que tiene ahora Cataluña tiene que articularse dentro de Cataluña y no como pretende Torra de una negociación de Cataluña con España. Es entre este empresariado, que apuesta peligrosamente por mantener una cierta equidistancia, donde está intentando colocarse Miquel Iceta, con un PSC que quiere recuperar protagonismo con un discurso de centralidad. La esperanza de este empresariado pasa porque Torra y el independentismo más radical sea desplazado en unas nuevas elecciones y todo vuelva a la posición de partida. No parece que con el nacionalismo enfrente vaya a servir para algo.

Mientras todo esto ocurre Cataluña sigue desangrándose en una dinámica que, de no frenarse pronto, frustrará los esfuerzos de varias generaciones de catalanes por situar a aquel territorio al frente de España.

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