Sánchez, acorralado por la crisis en Cataluña y la desaceleración económica

Economia, EXPANSION

Se esperaba un todos contra Sánchez y finalmente fue un cada uno a su aire. Rivera volvió a ejercer de ‘Mary Poppins’ del debate con una panoplia de objetos e imágenes, adoquín de Barcelona incluido. Casado acorraló a Sánchez a cuenta de si pactaría con Bildu o si sabía cuántas naciones hay en España. Y se hizo el silencio. Se rompió con un «esto no va de nuestra relación» de Iglesias a Sánchez, cuando abordaron por enésima vez quién tuvo la culpa de la repetición electoral. Abascal buscaba a alguien con quien fajarse, hasta que se enzarzó con el líder de Podemos a cuenta de hechos muy pretéritos. Y Sánchez, ante las palpables alertas de desaceleración económica, planteó un ‘antídoto’ universal: Nadia Calviño será vicepresidenta económica.

Casado, Rivera e Iglesias exigen a Sánchez que aclare sus intenciones de pacto, pero el presidente elude pronunciarse y no reniega de los secesionistas. Tampoco responde a la insistente pregunta de cuántas nacionalidades hay en España.

Todos contra Sánchez. Y todos contra todos. En el único debate televisado antes de las elecciones del 10-N y el primero a cinco de la Democracia, Pablo Casado, Albert Rivera, Santiago Abascal (que ayer se estrenaba) y, en menor medida, Pablo Iglesias, cargaron contra el candidato socialista porque es el enemigo a batir, quien ocupa el sillón de La Moncloa, aunque sea en funciones, quien ganó los comicios del 28-A y encabeza las encuestas para la cita del próximo domingo. Pero sin perder de vista al resto de rivales, peleando el voto dentro del propio bloque ideológico y recurriendo al cruce de acusaciones ante lo mucho que hay en juego en un arco parlamentario cada vez más fragmentado tanto por la izquierda como por la derecha.

La inacción del Gobierno socialista ante el renovado desafío independentista en Cataluña y la desaceleración económica, que Sánchez se obceca en minimizar porque las malas noticias no arrastran votos, condensaron ayer las arremetidas contra el líder socialista, que se vio arrinconado en el debate sobre el modelo territorial.

Marcaje de distancias

Aunque Sánchez se afanó en marcar de nuevo distancias con el líder de Podemos sobre la respuesta a la crisis secesionista -«Iglesias defiende un referéndum y que hay políticos presos y yo no puedo aceptar eso»- e intentó ganar por la mano a Pablo Casado planteando medidas con el marchamo del PP, como la promesa de volver a tipificar el referéndum ilegal delito en el Código Penal, no logró armar una respuesta satisfactoria a la aparente contradicción de prometer mano dura por un lado y perseverar en la receta del diálogo por el otro.

Casado, que ayer se embutió en el traje de candidato presidenciable y que, de hecho, se postuló como la verdadera alternativa a Sánchez, acorraló al candidato del PSOE al preguntarle hasta en en cinco ocasiones si cree que Cataluña es una nación, interpelación para la que no obtuvo respuesta, más allá del recordatorio de Sánchez de que el PP ha respaldado varios estatutos de autonomía que definen a sus respectivas comunidades como «nacionalidades». El secretario general del PSOE tampoco aclaró si, llegado el caso, estaría dispuesto a pactar como los partidos de Otegi, Torra y Junqueras para revalidar su mandato en la Moncloa. Eludió pronunciarse, pero tampoco renegó de los separatistas.

«No puede presidir el Gobierno de España quien no cree en la nación española», espetó a Sánchez el líder de los populares, que ayer asumió mayores cotas de protagonismo frente a un Albert Rivera desdibujado que, adoquín en mano en singular protesta por los disturbios que sufre Barcelona, reiteró su petición de volver a aplicar el 155 en Cataluña y advirtió al candidato del PSOE de que debe garantizar una «elecciones limpias y en libertad» en Cataluña, porque de no ser así, la responsabilidad será suya.

El líder de Vox, Santiago Abascal, que se mantuvo fiel a su discurso durante su debut como candidato en un debate televisado, repartió a izquierda y derecha asegurando que «se ha producido un golpe de Estado permanente» y los partidos nacionales «han regalado impunidad a los golpistas».

Enfriamiento económico

A pocos días de la nueva cita con las urnas, Sánchez optó ayer por perseverar en su estrategia de minusvalorar el alcance del enfriamiento económico, que sigue atribuyendo al difícil contexto internacional y sin ofrecer una sola receta para combatir una desaceleración que solo admite con la boca chica, más allá de anunciar que la actual ministra de Economía en funciones sería la vicepresidenta del área económica en un futuro Gobierno socialista. «Nuestra economía es vulnerable pero tenemos pilares sólidos. Hemos subido el salario mínimo y el PIB y hemos creado empleo. Si salgo elegido el 10-N crearemos una vicepresidencia económica con Nadia Calviño a su cabeza». Ante los anuncios grandilocuentes de Sánchez, presentando a Calviño poco menos que como el antídoto contra el frenazo económico, el presidente del PP defendió sus recetas, mucho más concretas que las del PSOE y que pasan por bajar impuestos para impulsar la generación de riqueza y la creación de empleo, banderas de una gestión económica que se encuentra en las antípodas de la de los socialistas y que Casado siempre ha reivindicado. «Si votan al PP la rebaja será de 700 euros al año: vamos a bajar el IRPF, el de Sociedades, vamos a suprimir por ley el de Donaciones, Sucesiones y Patrimonio y vamos a hacer que los autónomos paguen 3.000 euros menos de impuestos al año», prometió ayer Casado, que contrapuso estas medidas al coste de las medida anunciadas por el PSOE y que el presidente de los populares cuantificó ayer en 30.000 millones de euros más de gasto

A pesar de que Casado y Rivera protagonizaron ayer algunos de los rifirrafes más tensos del debate a cuenta de los casos de corrupción sufrido en el PP en el pasado, sus planteamientos están en línea en el ámbito de la fiscalidad, donde tanto PP como Cs defienden además la supresión de tributos como Patrimonio y Donaciones y Sucesiones. El partido naranja es más moderado que los populares en el alcance de los recortes impositivos.

Cruce de reproches

En el fuego cruzado de reproches, el líder de Vox, Santiago Abascal, afeó tanto a Casado como a Rivera su promesa de rebajas fiscales. «Hay dos señores que dicen que van a bajar impuestos pero no dicen de donde van a recortar ese gasto. Nosotros planteamos una bajada de impuestos a todos los trabajadores y una rebaja de tipos, además de la eliminación de impuestos injustos. Esto lo haremos recortando el gasto que suponen las autonomías y la seguridad social de los inmigrantes ilegales».

Abascal, cuyas expectivas electorales han crecido como la espuma en los sondeos electorales tras el agravamiento de la crisis independentista en Cataluña, también recibió los dardos de sus rivales del centroderecha y en concreto de Casado, que reprochó al líder del partido ultraconservador haber trabajado en un «chiringuito» del que cobraba 80.000 euros «por no hacer nada».

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