La gran oportunidad perdida de Ciudadanos

5 DIAS, Opinión

Albert Rivera anunció ayer su dimisión como presidente de Ciudadanos y su abandono de la política tras el descalabro electoral sufrido por su partido en las elecciones generales de este domingo. Ha sido la decisión correcta después de que la formación naranja haya perdido 8 de cada 10 de los diputados que tenía en la anterior legislatura, hasta quedarse en solo diez escaños. Sobre todo, porque ese desplome no ha sido casual, sino consecuencia de la deriva de un partido que había perdido su esencia hasta el punto de que algunos de sus impulsores originales habían desertado al no reconocerse en su mensaje.

Ciudadanos creció y triunfó mientras ocupó un espacio de centro reformista y moderno, mayoritariamente urbano, desligado del clientelismo de los grandes partidos y de sus lastres de corrupción, con postulados liberales y firmeza contra el nacionalismo. Por primera vez parecía que podía asentarse en España un partido que hiciese de bisagra, con capacidad para pactar tanto con socialistas como con populares y de impulsar desde ahí sus postulados de regeneración y modernización. Demoscópicamente vivió su momento dulce justo antes de la moción de censura de Pedro Sánchez contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Ahí cometió su primer error de cálculo, pues probablemente habría estado en disposición de negociar su apoyo a esa moción a cambio de una convocatoria electoral rápida.

Pero su gran oportunidad perdida llegó tras las elecciones generales del 28A. Ciudadanos podía garantizar ahí la gobernabilidad y haber negociado su entrada en el Gobierno y la adopción de puntos clave de su programa. En lugar de ello se enrocó en postulados cada vez más derechistas con la aspiración de sustituir al PP en el Gobierno, y la propia formación se fue volviendo nacionalista a su manera. Además, entregó al PP, junto a los votos de Vox, Gobiernos autonómicos y ayuntamientos tras las elecciones territoriales sin contrapartidas de peso. Ahuyentó con ello a buena parte de los suyos y terminó por desdibujar su mensaje y perder centralidad. Puestos a votar nacionalismo español exacerbado, los electores han preferido a Vox.

El desplome de Ciudadanos es tal que no le será fácil recuperarse. La salida de Rivera, eso sí, puede facilitar el apoyo del partido a una solución de Gobierno tras el puzle que han dejado las elecciones del 10N. Sus 10 escaños tienen poco peso, pero en algunas combinaciones teóricas (y ahora mismo todas lo son) pueden llegar a resultar decisivos. En ese caso, debería facilitar la gobernabilidad.

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