Hay una dura tarea por delante

5 DIAS, Opinión

Tras el preacuerdo entre Unidas Podemos y PSOE se abre toda una serie de grandes interrogantes sobre el impacto que tendrá en la economía, porque de hecho tanto la Bolsa como la renta fija han cotizado en números rojos tras el anuncio. Veamos los aspectos más interesantes:

El preacuerdo incorpora la idea de fomentar algunos nuevos derechos, el apoyo a la España vaciada y las más que previsibles medidas sociales, desde la indexación de pensiones al IPC hasta el mantenimiento o subida de algunas ayudas y subsidios existentes, o la creación de nuevos. Por tanto, es más que previsible que sean necesarias medidas para compensar este incremento en el gasto, esto es, nuevos impuestos. Seguramente las transacciones financieras, las rentas altas y los impuestos digitales, anunciados ya, serán las grandes líneas que cabría esperar de subida de ingresos. La gran duda es si este incremento en el gasto no devendrá en un incremento de la deuda pública y el déficit, especialmente teniendo en cuenta el más que previsible deterioro económico que parece estar a la vuelta de la esquina. Hay poco margen para políticas fiscales con una deuda pública cercana al 100%.

A todo esto, hay que sumarle que no habrá Presupuestos en 2019 y que, más que probablemente, aunque haya Gobierno a principios de 2020 la negociación va a ser más que difícil y cada uno de los partidos que previsiblemente puedan votar a favor (regionalistas, nacionalistas además de los miembros del Gobierno) van a exigir algunas medidas en contraprestación por el voto. Por tanto, la gran incógnita no es el acuerdo de investidura, que es viable incluso con menos de 176 escaños siempre que se produzcan abstenciones, sino los sucesivos Presupuestos que necesitarán de mayoría para ser aprobados, y con el agravante de que el PSOE ha perdido esa mayoría en el Senado, lo que implicará una tramitación más larga. Una estimación realista para los Presupuestos de 2020, si todo va bien, nos sitúa en la primavera de ese año, en verano si hay retrasos. Y es más que probable que la elaboración de Presupuestos y regla de gasto sea monitorizada de manera muy exigente por Bruselas para evitar desviaciones.

Otro de los efectos reside en el previsible incremento del salario mínimo, tal y como ha sido demandado por ambos partidos durante la campaña electoral. Esto tendrá un efecto en el sector privado, pero también en el público, pudiendo contribuir a la desviación del déficit. Con todo esto por delante, la vicepresidenta económica (si es que finalmente Calviño ocupa ese cargo) tendrá por delante una tarea bien difícil: conjugar las demandas y pretensiones de las distintas sensibilidades de los dos miembros del Gobierno y de los partidos que lo soporten vía apoyo directo o abstención.

En resumen, cualquier Gobierno que sea capaz de sacar adelante unos Presupuestos y trate de combatir una ralentización, bienvenido sea, aunque las dudas que plantea el futuro Ejecutivo y sus apoyos son muchas.

Javier Rivas es Profesor de EAE Business School

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