El BEI cortará el grifo a los proyectos de energías fósiles en 2021

COTIZALIA, Economia

15/11/2019 13:13Actualizado: 15/11/2019 13:21

El Banco Europeo de Inversiones (BEI) aprobó este jueves por la noche por una mayoría amplia una nueva estrategia que evitará que proyectos de combustibles fósiles a partir de 2021 reciban financiación. El Gobierno español estaba a favor de la implantación de esta medida, que convierte al BEI en una referencia en este campo.

El camino no ha sido sencillo. Como con el debate del objetivo de la neutralidad de carbono en 2050, la UE se dividió sobre esta decisión del BEI, que se vio obligado a retrasar un año la puesta en marcha del veto a las energías fósiles, de finales de 2020 a finales de 2021. El Gobierno español, junto al núcleo duro de los más ambiciosos en materia climática, empujó porque el objetivo fuera el de la propuesta original.

Los proyecto de energía que quieran financiación del BEI tendrán que emitir menos de 250 gramos de dióxido de carbono por kilovatio/hora de energía producida. Y eso deja fuera a las centrales eléctricas tradicionales de gas natural.

Es el primer paso de una institución que Ursula von der Leyen, presidenta electa de la Comisión Europea, quiere convertir en un “banco climático” dentro de sus promesas hechas a Los Verdes para lograr su elección el pasado julio, entre las que también se encuentra un “Green New Deal” para facilitar la transición ecológica.

El BEI, que en el último lustro ha regado con 9.000 millones de euros distintos proyectos de construcción de gaseoductos e infraestructuras de distribución, tiene el objetivo de que en 2025 la mitad de su financiación vaya a parar a manos de proyectos relacionados con la sostenibilidad y el cumplimiento de los objetivos climáticos.

“La financiación futura acelerará la innovación en energía limpia, la eficiencia energética y las energías renovables”, señalaba el BEI este jueves en un comunicado. La institución, que “alineará todas las actividades financieras con los objetivos del Acuerdo de París desde finales de 2020”, desbloqueará en la próxima dé asa 1 billón de euros en financiación para la acción climática y la inversión ambiental sostenible.

Visiones enfrentadas

Polonia, Rumanía y Hungría, con economías más dependientes de las energías fósiles, han tratado de retrasar las fechas en un ejercicio similar a con el que intentan reducir las ambiciones de los Estados miembros que quieren la neutralidad de carbono para 2050: necesitan más tiempo, y si se les obliga a hacer un cambio radical sus economías van a sufrir mucho.

España ha estado justo al otro lado del debate, junto a los sospechosos habituales en estos pulsos: Países Bajos, Dinamarca y otros países que buscan una mayor ambición climática. Alemania y Francia se han situado en el centro y han acabado por llevar el debate al compromiso aceptado este jueves que, en cualquier caso, ha seguido contando con la oposición de algunas capitales del este.

La Comisión Europea, que técnicamente tiene un papel secundario en el órgano de gobierno del BEI, ha evitado pronunciarse públicamente mientras se producía el debate, pero ha presionado activamente por un compromiso intermedio.

“La transición de la energía limpia debe ser gradual, socialmente justa, basada en una amplia gama de fuentes y tecnologías de energía y realizada de manera que ninguna región se quede atrás”, señaló este jueves en un comunicado.

El objetivo fundamental de Bruselas era que la transición fue gradual para salvar una serie de proyectos relacionados con gas natural que el Ejecutivo comunitario considera de vital importancia para garantizar el suministro a Europa.

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