España necesita un Gobierno de unidad PP-PSOE

5 DIAS, Opinión

Pedro Sánchez ha pactado una coalición de gobierno con Unidas Podemos inmediatamente después de que ambos partidos perdieran diputados en las elecciones. Es un grave error político que augura dificultades económicas para nuestro país. Desde un punto de vista político, a la suma (158) de diputados del PSOE (120), Unidas Podemos (35) y Más País (3) le faltan 18 para alcanzar una mayoría absoluta. Desde junio de 2018 dos gobiernos de Sánchez han sido incapaces de aprobar unos presupuestos generales debido a la naturaleza heterogénea de los siete partidos que apoyaron su moción de censura. Sánchez ha sido presidente en funciones más tiempo que presidente investido. En el nuevo Congreso tendrán grupo parlamentario ocho partidos. El grupo mixto estará formado por 21 diputados de nueve formaciones. La Constitución española no preveía que en muchas comunidades autónomas no históricas aparecerían tantos partidos con reivindicaciones regionales.

Las condiciones de los diputados de ERC (13) y JxCAT (8) para apoyar la investidura (o abstención) son inasumibles porque piden un referéndum de autodeterminación y la liberación de los condenados por el referéndum ilegal. ERC y JxCAT tampoco son aliados naturales de UP, que rechaza la independencia de Cataluña. Los múltiples partidos nacionalistas y regionalistas defienden intereses de comunidades autónomas específicas. Sánchez necesitará como mínimo el apoyo del PNV (6 diputados), Unión del Pueblo Navarro (2), Partido Regionalista de Cantabria (1), Coalición Canaria (1), Nueva Canarias (1), Bloque Nacionalista Galego (1) y Teruel Existe (1) para ser investido presidente en una segunda votación. Suponiendo que dichos siete partidos voten a favor y ERC, JxCAT, EH Bildu (5) y CUP (2) se abstengan, Sánchez sería investido con 171 votos. Pero dicha construcción parlamentaria duraría poco, como sucedió con su primer Gobierno. Complica dicho escenario que algunos partidos nacionalistas o regionalistas (PNV especialmente) ya rechazaron después del 28-A las medidas económicas y sociales radicales de UP. Aunque Sánchez otorgue las concesiones que le demandarán dichos partidos, los últimos quince meses han puesto en evidencia que sus artilugios parlamentarios no funcionan. El descenso de la participación al 69% y el hartazgo de la población ante la parálisis política lo demuestran. España lamentablemente desde la transición no ha adquirido una cultura de coaliciones.

El sectarismo evita lo que sucedería en la mayoría de países de la UE. Desde la recuperación de la democracia ningún Gobierno de centroderecha (Alianza Popular, PP) ha recibido ni tan siquiera apoyo parlamentario duradero del centroizquierda (PSOE) y viceversa. Por mucho que no le guste a su base, si Sánchez fuera un estadista intentaría recabar el aval del PP, ya que PSOE y PP (que ha logrado 22 escaños más) suman un 48% del voto. No hay ningún gobierno en la UE –y quizás en el mundo– que necesite el voto favorable de siete partidos además de tres en coalición. En la UE, coaliciones de centroderecha y centroizquierda son habituales. Actualmente, únicamente Italia cuenta con un Gobierno homologable al que intenta Sánchez, al existir una coalición entre el Partido Democrático de centroizquierda y la izquierda radical del Movimiento 5 Estrellas. Pero son cuatro y no diez los partidos que sustentan el Gobierno de Giuseppe Conte. Las cuartas elecciones generales en cuatro años y la balcanización del Congreso de los Diputados ponen de manifiesto la necesidad de reformar la Ley Orgánica del Régimen Electoral General. La ley utiliza el sistema d’Hondt, que en cada circunscripción excluye primero a las candidaturas que no hayan alcanzado el 3% de los votos válidos. Se debería incrementar dicho mínimo hasta el 6%. Se considera modélico el sistema electoral alemán. Exige un mínimo del 5% del voto para participar en la distribución de escaños a la cámara baja.

En su previsión de octubre, el FMI pronostica a la baja (al 3%) el crecimiento de la economía internacional este año, el más reducido desde la crisis financiera de 2008-09. Además calcula que a partir de 2021 la expansión de las que denomina economías sistémicas (EEUU, Eurozona, China, Japón) se moderará. Dichas cuatro potencias generan el 50% del PIB mundial. El FMI sí proyecta un crecimiento del 3,4% para 2020, pero depende de muchos factores: que la desaceleración en China y EEUU sea suave, que no se agudicen las guerras comerciales, un Brexit pactado y la recuperación de numerosas economías emergentes como India, Brasil, México, Rusia, Turquía y Arabia Saudita.

Los últimos datos del INE muestran que en España el consumo interior y la inversión privada disminuyen. Unicamente las exportaciones y la construcción evitaron una desaceleración mayor. Entre agosto y septiembre aumentó el paro en 68.278 personas. La destrucción de empleo en agosto fue la peor desde 2010. El incremento salarial del 2,1% en el segundo trimestre fue el mayor desde 2013. El ascenso de los costes laborales del 2,4% en el segundo trimestre fue la mayor subida interanual en casi una década y dicho indicador ha crecido los últimos ocho trimestres.

Necesitamos profundizar en reformas estructurales para crecer generando empleo e impulsar una productividad que disminuye. Hay que eliminar los festivos locales y las diputaciones, restablecer la unidad de mercado, armonizar la fiscalidad entre las comunidades autónomas y luchar contra la economía sumergida. Hay que fomentar fiscalmente el mecenazgo y la meritocracia. Con una inflación del 1%, únicamente deben ascender las pensiones más reducidas. Una mayor inversión en formación e I+D+I apremia para que podamos competir en sectores como la biotecnología, nanotecnología, TI y robótica.

Un gobierno PSOE-PP que reclaman incluso ex ministros socialistas quizás adoptaría alguna de estas medidas. Una coalición PSOE-UP-MP necesitada del apoyo parlamentario de siete partidos no tiene futuro.

Alexandre Muns es Profesor de EAE Business School

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