Europa en su laberinto tecnológico

5 DIAS, Opinión

Una de las medidas estrella que planea implementar la presidenta electa de la Comisión Europea, Ursula Von Leyden, es impulsar la “soberanía tecnológica” de Europa. La imperiosa necesidad de fomentar la “autonomía digital” de Europa toma fuerza como prioridad en las instituciones europeas. Los líderes europeos y los burócratas de su Administración parecen haber descubierto llenos de pánico que nuestra dependencia digital de EE. UU. y China puede cronificarse. Europa corre el riesgo de convertirse en el medio plazo en una colonia económica y política de los países del G2.

La constitución del Colegio de Comisarios comunitario está dilatándose en el tiempo. Consecuentemente, no existen señales fiables sobre las medidas operativas que la nueva Comisión Europea desplegará con el fin de alcanzar el nuevo Eldorado tecnológico en que parece haberse convertido la “autonomía digital”. De acuerdo a alguna filtración publicada por medios de comunicación con base en Bruselas, las propuestas preparadas por los funcionarios de la Comisión Europea apuntan en la dirección de seleccionar un conjunto de tecnologías clave dentro de los cuales promover la acción coordinada de la Unión Europea, Estados miembros e Industria.

Los dos grandes países de la UE, Francia y Alemania, actúan como alumnos aplicados, adelantándose a la existencia de una estrategia claramente delineada por la Comisión. En septiembre, los ministros de economía de ambas potencias acordaron en la reunión Consejo Económico y Financiero Franco-Alemán incluir entre sus proyectos de colaboración industrial el desarrollo de una infraestructura de procesamiento y almacenamiento de datos europeos segura y soberana. La materialización de la iniciativa se presentó en sociedad un mes más tarde por el ministro alemán bajo el nombre de Gaia-X, un proyecto orientado a construir una nube europea. Abiertamente se incluye entre los objetivos del acuerdo alcanzar la independencia digital de los Estados Unidos en este ámbito.

Los hay que señalan una contradicción entre el objetivo de autonomía digital y la ideología tradicional de apertura de la economía europea en todo sector económico. No ha dejado de sorprender que la vicepresidenta designada para asuntos digitales, Margrethe Vestager, también haya apostado por la soberanía digital digital de Europa durante las audiencias para su elección ante el Parlamento Europeo. Entre sus respuestas escritas a los eurodiputados, ha hablado sobre la necesidad de que Europa apoye el desarrollo de las cadenas de valor clave que contribuyen al desarrollo tecnológico, situándose lejos de las tesis contrarias a favorecer campeones europeos que hasta ahora han marcado su actuación al frente de la cartera de competencia.

A pesar de las acusaciones que a veces se realizan desde Estados Unidos, el alejamiento de cualquier tipo o grado de proteccionismo tecnológico ha orientado los últimos años las políticas y regulaciones de la Unión en el ámbito digital. Es el caso de la normativa europea sobre plataformas o protección personal de datos, donde no se establece ningún tipo de ventaja para los actores europeos por razón de su origen. De modo más cercano en el tiempo, la evaluación coordinada del riesgo de la seguridad de las redes 5G por parte de la UE no valora menor amenaza en los fabricantes europeos que en los de otras laitudes, sino que adopta una visión de la seguridad cibernética estrictamente fundamentada en un análisis exhaustivo de evidencias. El camino europeo hacia la transformación digital ha estado guiado hasta hoy por lo que podemos llamar “ingenuidad digital”, definido por reglas iguales para todos los jugadores, independientemente de su origen.

La política de “ingenuidad digital” europea se ha visto reforzada con el resto de normas estructurales de carácter transversal de la Unión. Por ejemplo, no ha tenido encaje legal hasta la fecha aplicar en los procesos de compra pública o en la concesión de ayudas a proyectos de innovación ningún tipo de preferencia a la tecnología de origen europeo. Algo parece estar cambiando también en este ámbito. Dentro del programa Europa Digital, destinado a impulsar la digitalización de Europa en los próximos cinco años, se han incluido algunas limitaciones a la participación de entidades no comunitarias en los ámbitos de computación de alto rendimiento, inteligencia artificial y ciberseguridad. Igualmente, se ha dotado a la Unión y Estados miembros de un nuevo reglamento para control de las inversiones extranjeras directas.

La carencia de campeones digitales en el continente europeo da coherencia discursiva a la apuesta estratégica de la Unión por su “autonomía digital”. El camino desde su actual “ingenuidad digital” hasta la meta anhelada de la “soberanía digital” se asemeja a los complejos laberintos en los que se internaban los héroes griegos y donde aguardaban minotauros acechantes. En el papel de Teseo, el desarrollo de una Europa digital soberana se enfrenta a hábitos arraigados de reguladores contrarios a cualquier tipo de proteccionismo y normativas destinadas a eliminar barreras a la entrada de empresas no europeas. Encontrar lo antes posible el hilo de Ariadna que permita encontrar la salida es una cuestión de supervivencia económica y política.

Emilio García García es Ex Presidente de ASTIC

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